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Estambul, un lugar lleno de contrastes

Estambul, un lugar lleno de contrastes

Autor ToniEscuder - Fecha de creación 02/03/2013

En verano de 2008 visité esta bella ciudad tras haber pasado previamente por Ankara y la Capadocia, en total estuve 2 días y medio, muy pocos para ver esta inmensa ciudad pero que aproveché al máximo sin dar ni un solo minuto de tregua a mis piernas.

Tras la llegada al hotel a media tarde, uno de los peores hoteles en los que he estado hasta la fecha y de nombre Grand Tahir, decidimos ir hacia la Plaza de Sultanahmed, para ello bajamos por la avenida Ordu, una de las principales avenidas que te llevan hasta el centro turístico de la ciudad y por la que circula el tranvía. Es impresionante irte acercando poco a poco a esta plaza y contemplar la grandiosidad de la Mezquita Azul, desprende belleza desde lejos y a medida que te acercas esta belleza se realza más.

Delante de la Mezquita Azul se encuentra el Obelisco de Teodosio, un enorme obelisco egipcio perteneciente al faraón Tutmosis III al que merece la pena pararse un momento y observarlo.

Una vez llegas a la Plaza de Sultanahmed y te paras a mirar a uno y otro lado, es difícil olvidar el recuerdo de la imagen, la belleza y la grandiosidad al poder contemplar a un lado la Mezquita Azul y al otro Santa Sofía, todo rodeado entre bellos jardines que sólo hacen que realzar más el impresionante paisaje que tenemos ante nuestros ojos. La plaza se encuentra muy transitada de todo tipo de gente, desde personas (adultos o niños) intentando venderte cualquier tipo de cosa, a turistas y hasta musulmanes que van a la Mezquita Azul a realizar su rezo. Me llamo mucho la atención las fuentes que habían cerca de la mezquita donde los musulmanes varones se lavaban los pies antes de acceder a ésta.

Tras esta agradable visita rápida, decidimos callejear un poco el barrio, merece la pena adentrarse entre sus callejuelas curvadas sin saber nunca donde vas a ir a parar. Después de esto una merecida cena, una cachimba o narguile como es allí conocido (encontrarás muchas zonas de cachimbas) y a descansar al hotel.

Al día siguiente, teníamos una larga misión, pues queríamos ver y entrar en los principales puntos turísticos de la ciudad, y así lo hicimos. A primera hora volvimos a bajar de nuevo hasta la Plaza de Sultanahmed para entrar dentro de la Mezquita Azul, la cola para acceder es considerable y su acceso es gratuito, como turista solo nos es permitido entrar fuera de los horarios de oración. Una vez dentro debes de quitarte el calzado, si eres mujer debes de ir con los hombros cubiertos y rodillas tapadas (los hombres también deben de llevar el pantalón que cubra las rodillas), en caso contrario te darán un manto para que te tapes. 

La mezquita fue construida bajo el mandato del sultán Ahmet I, entre 1609 y 1616 por obra del arquitecto Sedefkar Mehmet Aga. Más de 20.000 azulejos de cerámica azules fueron traídos desde Iznik para adornar las cúpulas y la parte superior de la mezquita, de ahí recibe su nombre de Mezquita Azul. Cuenta con 6 minaretes, lo que provocó una gran polémica, pues hasta entonces, la única que poseía tal cantidad de minaretes era La Meca, el Sultán acabó solucionando ordenando que se construyera un minarete más en La Meca.  Los azulejos interiores contienen tulipanes y otros tipos de flores, en algunas zonas el color azul se ha ido perdiendo debido a que, a medida que se iba construyendo, el precio del azulejo iba subiendo, lo que llevó a que los últimos que se pusieron fueran de peor calidad.

Siguiente objetivo ver Santa Sofía. Creada en los tiempos del Imperio Bizantino, Santa Sofía es una de las grandes obras que ha podido crear el ser humano, la obra maestra del arte bizantino, usada como iglesia durante cerca de 1000 años, periodo en el cual llegó a ser la Catedral de la Iglesia Católica del imperio de Constantinopla. Posteriormente, tras la conquista del Imperio Otomano, pasó a ser reconvertida a Mezquita dotándola de cuatro minaretes.

En la actualidad Santa Sofía o Ayasofya, como también es conocida, está convertida en museo y es el símbolo de Estambul. Una de las construcciones con más belleza que podrás admirar. En su interior guarda un mestizaje cultural dotándole de un contraste único debido al cambio de utilidad que tuvo. Destacaría sus mosaicos bizantinos, sus columnas de mármol, los gigantescos medallones con inscripciones árabes y la gran luminosidad interior. Accediendo a su segunda planta podremos ver desde sus ventanas la Mezquita Azul, desde este punto también podemos ver la gran amplitud interior ya que está dotada de una superficie de 70 x 74 metros en su sala interior.

Con esto se nos echó la mañana encima, era el momento de llenar estómagos ¿y qué mejor manera que con un kebab? Me sorprendió lo simple que eran los kebabs, sin las salsas a las que estamos acostumbrados aquí... simplemente tenían carne de kebab, lechuga y tomate.

La tarde fue destinada a ver el Palacio de Topkapi. Si hay algo que represente el poder de la antigua Constantinopla es el Palacio de Topkapi. Fue construido en el año 1465 por orden de Mehmet II el Conquistador y sirvió de residencia para los sultanes que gobernaron el imperio Otomano, hasta que en 1856 se decidió trasladar esta residencia al Palacio Dolmabahçe.

Podemos pasarnos toda una mañana para poder visitar sus más de 700.000 metros cuadrados, en los cuales se encuentran el Harén, diversos museos y cuatro patios con múltiples edificios donde encontraremos el Tesoro, establos, cocinas, bibliotecas, mezquitas, etc... La entrada cuesta 10 liras, aunque para ver el Harén, de visita obligatoria, nos cobraron 15 liras más.

El Harén es el lugar donde vivía el Sultán y su familia junto a todas sus concubinas y odaliscas de las cuales se dicen que era las más bellas de todo el imperio Otonomano. En total tiene cerca de 300 habitaciones donde destaca el uso de azulejos azules.

Otra parte a destacar es el Tesoro del Palacio, se encuentra en el tercer patio y está expuesto en cuatro salas, posee alguna de las joyas más valiosas del mundo como el diamante cucharero  de 88 quilates que es el tercer diamante más grande del mundo o el puñal de Topkapi que es el puñal más caro del mundo hecha con oro, diamantes, esmeraldas y piedras.

Tras la agotadora visita de Topkapi, todavía teníamos tiempo para realizar una última visita en el día, una visita agradable y que fue de las que más me gustaron, la Cisterna Basílica. Se encuentra cercano a Topkapi. Este depósito de agua fue en su día la cisterna más grande de la ciudad y abastecía al Gran Palacio Bizantino. Posteriormente, fue reutilizada para el palacio de Topkapi con una capacidad de 80.000 metros cúbicos. El nombre es debido a que fue construido donde antiguamente se encontraba una basílica. Se dice que esta cisterna fue descubierta debido a que la gente de los alrededores tenían pequeños pozos en sus sótanos de donde obtenían agua e incluso peces.

Al entrar en la cisterna lo primero que llama la atención es la sensación de calma que se respira, el juego de luces y música ambiental juntándolo al sonido del agua produce una sensación de relax único. Dentro podemos pasear por el agua debido a unas tablitas que hay que habilitan todo un recorrido, hay que tener cuidado con el calzado pues puedes llegar a resbalarte. Vimos una gran diversidad de columnas romanas con capiteles jónicos, corintios y dóricos. Este mezcladillo es debido a que fue construido por distintos restos de antiguas estructuras romanas. Llegando al final del recorrido están las cabezas de medusa (la famosa diosa que convertía en piedra a toda persona que le miraba a los ojos) que hacen de base a dos columnas, las veremos puestas boca abajo y de lado, se dice que las pusieron así para anular sus poderes.

Ya habíamos visto los puntos más importantes, así pues, para terminar la poca tarde que nos quedaba, bajamos hasta el Bósforo, ese lugar lleno de pescadores, con aroma a pescado y agua salada que separa Estambul en dos culturas muy diferenciadas. Allí tomamos un barquito que te daba un paseo por todo el Bósforo, una bonita forma de ver la ciudad de manera relajada tras el palizón de piernas todo el día...

El siguiente y último día no fue más flojo a pesar de haber visto ya lo principal, decidimos tomar un tranvía hasta el Palacio de Dolmabahçe, la pena fue que era lunes y justo ese día de la semana no abre este palacio... así que nos tuvimos que contentar con verlo por fuera... Nos pusimos en marcha para ver la parte más moderna de la ciudad, desde el Palacio fuimos hasta la Plaza de Taksim pasando por el estadio de futbol del Besiktas, las carreteras no eran muy planas que digamos y eso juntándolo a la elevada temperatura que hacía provoco que llegáramos bastante cansados hasta allí.

La Plaza Taksim es el centro de la parte moderna de Estambul. Estar en esta zona es como estar en cualquier ciudad Europea tanto por el estilo de vida como en construcciones y eso choca mucho con el resto de la ciudad. También es conocida como el punto de manifestaciones sociales y políticas que no suelen acabar con muy buen pie. Taksim significa en turco distribución. Recibe este nombre porque antiguamente era el punto donde se centralizaba la distribución de agua de la ciudad, es por eso que existe un monumento al aguador en esta plaza a pesar de que lo que más destaca es el monumento a la república.

Desde esta plaza nace la avenida comercial más importante de la ciudad, Istiklal Caddesi o Avenida de la Independencia en castellano. Es una avenida peatonal que está llena de restaurantes, hoteles y tiendas y es recorrida por el tranvía nostálgico, un viejo tranvía que te llevará hasta el puente de Gálata.

Recorrimos Istiklal Caddesi. Paseando por toda esta zona te das cuenta del gran contraste que existe en Estambul, no tiene que ver nada con la zona de Sultanahmed donde la mayoría de las mujeres van bien tapadas y con su Hiyab. Aquí podemos ver a la gente vistiendo como en los países europeos, me sorprendió mucho todo esto pues son dos maneras muy distintas de vida que son compartidas en una misma ciudad. Además por esta zona era más común ver alguna que otra iglesia católica.

Al final de la avenida y dando ya al Bósforo se encuentra la Torre de Gálata. Esta torre tiene su origen en el siglo V, cuando en ese mismo lugar se construyó un faro. Posteriormente, fue reconstruida por los genoveses que le dieron uso de torre de vigilancia ante las tropas bizantinas y la nombraron la torre de Cristo. Finalmente, tras la conquista del imperio de Constantinopla, la torre tuvo uso primero de cárcel y posteriormente de observatorio. Recibe el nombre del barrio donde está situada y ha logrado sobrevivir a diversos terremotos. Con 61 metros de altura está dotada de una gran belleza. Situado en lo alto de una colina, se puede contemplar en lo alto de ella una de las mejores vistas de la ciudad. Su acceso cuesta 10 liras y se sube por ascensor (o si lo prefieres por escaleras). 

Cuando llegué arriba tuve un momento mágico, de ponerse los pelos como escarpias. Una vez llegué al mirador comenzó la llamada a la oración. Cerca de 3000 mezquitas sonando al mismo tiempo, escuchándolas en 360 grados, todo unido a las vistas de la ciudad. Ver la panorámica de la Mezquita Azul, plaza de Sultanahmet, Santa Sofía, el Bósforo, sonido e imagen juntas en armonía. Fue un momento único y muy especial, sin duda recomiendo subir en ese momento tan espectacular.

Cruzamos por el puente de Gálata para volver de nuevo al otro lado de la ciudad, nuestra siguiente visita fue al Gran Bazar. Es uno de los bazares más grandes del mundo. Cuenta con 20 hectáreas y más de 4000 tiendas repartidas en sus 58 calles, todas ellas bajo cubierta. Es casi misión imposible salir por la misma puerta que se entra, un auténtico laberinto que es visitado por más de 300.000 personas diariamente. Este bazar fue construido en el año 1453 cuando Mehmet II el conquistador se hizo con el poder de Constantinopla, su finalidad era potenciar el comercio.

Se encuentra dividida por varias zonas dependiendo del producto que se vende. Destaca la sección de joyería donde las calles relucen debido al oro. Los mercaderes se acercan a ti rápidamente hablándote en tu idioma (solo verte ya saben de donde eres). Lo primero que hacen es preguntarte cuanto pagarías tú por su producto, a partir de lo que tú digas comenzará el regateo. En ocasiones pueden llegar a ser algo pesados sobre todo cuando no quieres comprar. Como recomendación, cuando queráis comprar algo no lo compréis en la primera tienda, ir a todas las que podáis y preguntar el precio o regatear pero sin llegar a comprar. Una vez te hayas cansado vuelve al lugar donde más barato se te quedó el precio, esa será la mejor compra que puedas hacer seguro.

La tarde fue destinada para ir al mirador de Pierre Loti que se encuentra en lo alto de la colina Eyüp, para llegar allí cogimos el bus 99A en la plaza Eminönü que se encuentra al lado del puente de Gálata. Una vez llegamos a Eyüp subimos la colina con un teleférico que pasaba por encima del cementerio (vaya que gracia.. si el teleférico se rompe ya estás ahí...). En lo alto hay un café francés con un mirador en el que se contempla todo el Bósforo, las vistas son increíbles y recomendadas, nosotros vimos la puesta del sol desde lo alto, mientras el sol va cayendo el agua se vuelve de color dorado... de ahí que el Bósforo sea conocido como el cuerno del oro...

Para finalizar.. volvimos hasta la plaza de Taksim para cenar en alguno de sus múltiples restaurantes, entramos en uno donde la carta solo estaba en turco, tuvimos que elegir a dedo sin saber lo que nos pedíamos... alguno que otro se llevo alguna sorpresa con su cena... pero más o menos estaba todo bueno, después de llenar el buche a despedir la ciudad con una buena cachimba y a descansar al hotel hasta el día siguiente donde partíamos de regreso a España...

Me atrevería a decir que Estambul es la ciudad más bonita que he podido visitar, sus mezquitas, su cultura, sus contrastes, sus aromas, todo lo hace especial y mágico.

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