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Norte de Islandia: Troles y el Círculo de Diamante

Norte de Islandia: Troles y el Círculo de Diamante
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Autor ToniEscuder - Fecha de creación
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  • Día 3: Hvítserkur y península de Tröllaskagi
  • Día 4: Hauganes, Akureyri, Goðafoss, Mývatn, Dimmuborgir, Grjótagjá, Hverir y cráter Viti
  • Día 5: Húsavík, Detifoss, Selfoss, Cañón de Ásbyrgi y Arctic Henge

Día 3: Hvítserkur y península de Tröllaskagi

Comenzamos el día comprando provisiones en el supermercado que había delante del camping de Búðardalur. También aprovechamos para llenar el depósito de la camper a tope pues nos esperaba el día en que más kilómetros haríamos en carretera. Las gasolineras en Islandia son todas de autoservicio y el precio del diésel era más caro que en España. Aproximadamente 2.4€ el litro.

Los alrededores de Búðardalur se encuentran repletos de lupinos. La estampa que deja esta planta recuerda a la de los campos de lavanda. Esta planta, que florece entre los meses de junio y julio, está extendida por todo el país y se le considera invasora al venir de Alaska. En España es más conocida como altramuz.

Lupinos en flor
Lupinos en flor

Nos dirigíamos al norte de Islandia. En los próximos días íbamos a conocer la península de Tröllaskagi, realizaríamos el Círculo de Diamante y llegaríamos lo más al norte que hemos estado en la Tierra en nuestras vidas. 

Nuestra primera parada del día iba a ser en un de los lugares que más ilusión me hacía. Os explico por qué. Son muchos los años que llevo deseando viajar a Islandia. Un día, en mi empresa, colgaron un cartel como campaña para fomentar la imaginación, justo en la pared de enfrente. Este cartel tenía un inmenso farallón sobre el mar y mi imaginación siempre ha visto un rinoceronte bebiendo agua. Esta estampa pertenece a Islandia y era lo que íbamos a ver. Uno de los motivos que hizo que mis ganas de conocer este país aumentaran cada día.

El famoso farallón de 15 metros es Hvítserkur. Según cuenta la leyenda, era un trol que se vio sorprendido en el amanecer mientras trataba de destruir el monasterio de Þingeyrar. En las creencias islandesas, si un trol ve la luz del sol, se convierte en piedra. Se encuentra en la península de Vatnsnes sobre la bahía de Hunafloi y para llegar a él primero tuvimos que bordear el fiordo Hrútafjörður y, posteriormente, conducir durante 40 minutos por la carretera bacheada y sin asfaltar 711. Desde el parking parte un sendero hasta el mirador. También es posible bajar a la playa, aunque para ello ha de estar la marea baja.

Hvítserkur
Hvítserkur

Y después de haber cumplido este sueño, nos detuvimos en el parking del hotel Oscar que se encuentra poco antes de llegar a Hvítserkur. Cuenta con una pequeña cafetería y aseos públicos. Allí aprovechamos para hacernos unos bocatas y seguir con nuestra ruta.

Emprendíamos el camino hacia la península de Tröllaskagi, pero antes hicimos un par de paradas por el camino.

Primero nos detuvimos en el monumento al poeta islandés Stephan G Stephansson. El paisaje que se contempla desde este lugar es increíble. El grupo de montañas que se veían al fondo parecían cortadas por un ser divino ya que todas presentaban la misma altura, como si alguien hubiera pasado las tijeras por arriba para podarlas. Estas montañas pertenecen ya a la península de Tröllaskagi.

Después, nos desviamos un poco del camino para ir a ver el museo-granja de Glaumbær. No entramos dentro por no perder mucho tiempo, lo vimos solo por fuera. Se trata de una granja tradicional islandesa de los siglos XVIII y XIX con tejados de turba cuyo interior está decorado tal y como estaba en su época. El precio para acceder es de 1.700 coronas por adulto. Donde sí entramos fue en la pequeña iglesia que hay en la parte posterior que, por raro que pareciera, estaba abierta.

Glaumbær
Glaumbær

Tomamos la carretera 76 para comenzar a recorrer la costa de la montañosa península de Tröllaskagi, situada entre los fiordos de Skagafjörður y Eyjafjörður. En español su nombre sería península de los troles. ¿Será aquí donde viven estos seres mitológicos? Más del 50% de la población islandesa cree en ellos.

Llegamos a Hofsós, una pequeña aldea cuyo mayor atractivo es su piscina con vistas a Skagafjörður. El precio de la entrada es de 1.000 coronas. Aquí aprendimos las costumbres de los islandeses en las piscinas y baños termales. Tienen normas que has de seguir a rajatabla. Los vestuarios de hombres y mujeres están separados y, cuando entras, lo primero que has de hacer es descalzarte. Luego tienen un vestuario, una zona para ducharte y otra para secarte. Por lo tanto, si vas mojado, no puedes secarte con tu toalla en el vestuario, sino que has de ir a la zona de secado. Antes de entrar a la piscina es obligatorio ducharte completamente desnudo. Me costó un rato entender las instrucciones.

El agua en la piscina estaba a 32º y tenía unas vistas espectaculares. Al lado había otra piscina muy pequeñita a 38º. El contraste de la temperatura del agua con el frío exterior era curioso cuanto menos.

Piscina de Hofsós
Piscina de Hofsós

Continuamos recorriendo la costa. Las montañas que estaban en la ladera era asombrosas. Presentaban un color rojizo y muchas de ellas tenían todavía nieve. El deshielo provocado por la estación estival creaba pequeños arroyos que descendían hacía los fiordos o lagos. Nos detuvimos en un mirador que daba al lago Miklavatn. El paisaje era precioso y desprendía una sensación de tranquilidad única. El lago estaba separado del mar por un pequeño arrecife de grava, por lo que seguramente tendría una gran cantidad de agua dulce.

Miklavatn
Miklavatn

El pintoresco poblado de Siglufjörður fue nuestro siguiente alto en el camino. Situado a los pies del fiordo de nombre homónimo y con hermosas montañas a sus alrededores, está considerado el pueblo más bonito de Tröllaskagi y nosotros damos fe de ello. Es el poblado más al norte de la península. Esto sumado al carácter montañoso del lugar, hizo que no estuviera comunicado por un camino hasta 1940. En los mejores años llegó a tener 10.000 trabajadores gracias a la pesca del arenque, hasta que éste desapareció de la costa norte de Islandia. Fue tal su apogeo que fue aquí donde se fundó la primera caja de ahorros del país. Ahora cuenta con menos de 1.200 habitantes y tiene el Museo de la Era del Arenque para recordar su época dorada.

 Siglufjörður
Siglufjörður

Dos túneles que se construyeron en 2010 de 4 y 7 kilómetros, unen Siglufjörður con su vecino Ólafsfjörður que antaño se encontraba prácticamente aislado. El poblado está en medio del fiordo del mismo nombre y el lago Ólafsfjarðarvatn creando una estampa singular. La carretera continúa con un túnel de un solo carril de 3.5 kilómetros que lo conecta con Dalvik, nuestro destino final del día. El camping de Dalvik nos costó 3.000 coronas por los 2 y cuenta con zona común con cocina. Solo hay una ducha para hombres y otra para mujeres, aunque puedes usar los aseos del polideportivo que se encuentra al lado. El entorno de este camping era maravilloso, parecía de postal con las montañas nevadas de fondo.

Día 4: Hauganes, Akureyri, Goðafoss, Mývatn, Dimmuborgir, Grjótagjá, Hverir y cráter Viti

Tras abandonar Dalvik, seguimos recorriendo la costa del Eyjafjörður, el fiordo más largo del país. Nos detuvimos en el pequeño poblado pesquero, de apenas 150 habitantes, de Hauganes. Famoso por ser el primer lugar de Islandia que empezó a comercializar con tours para avistamiento de ballenas, aunque hoy en día ese reclamo turístico se lo ha arrebatado Húsavík. Nuestro motivo de parada no fueron las ballenas, sino sus bañeras de aguas termales a las orillas de la playa negra de Sandvíkurfjara. Para llegar, basta con indicar en Google Maps: "Black Beach hot tubs". El precio es de 1.000 coronas por adulto y se puede pagar en el bar Baccalá, aunque no hay nadie que esté vigilando o pidiendo tickets. Cuenta con 3 pequeñas bañeras y otra con forma de barco, todas al aire libre con vistas a la playa. La temperatura del agua está entorno a los 38º. Algunos valientes, primero se bañaban en las aguas del océano ártico de Sandvíkurfjara  y, posteriormente, se metían en las bañeras. A nosotros, en cambio, nos costaba hasta cambiar de bañera por el frío.

Hauganes Hot Tubs
Hauganes Hot Tubs

Llegamos a Akureyri, conocida como la capital del norte con una población cercana a los 20.000 habitantes. Visitamos el Lystigarðurinn, el jardín botánico más septentrional del mundo que nos sorprendió con su gran variedad de flores a pesar de su cercanía al círculo polar ártico. Posteriormente, paseamos por el centro de la ciudad entre sus alegres calles con semáforos que te paran con un corazón y la imagen de la prominente iglesia de Akureyri sobre lo alto de una colina. Aprovechamos para comer en Backpackers Restaurant una hamburguesa cada uno que nos salió por más de 6.000 coronas con sus patatas y bebidas; no estaba mal, pero cuando no te preguntan por el punto de la carne ya te puedes hacer a la idea de cómo saldrá. Al salir del restaurante, estaba lloviendo de manera considerable. Así que fuimos corriendo hacia nuestra camper para continuar con el camino.

De esta manera nos despedíamos de la maravillosa y preciosa península de Tröllaskagi y comenzábamos la ruta del Círculo de Diamante. Una ruta que engloba las grandes maravillas del norte de Islandia con impresionantes cascadas, zonas volcánicas, cañones asombrosos y avistamiento de ballenas.

Y con la lluvia todavía presente, llegamos a Goðafoss. Su nombre en español sería "la cascada de los dioses" y, aunque parezca que este nombre esté relacionado por la belleza que atesora, en realidad tiene que ver con la historia del lugar. Islandia se cristianizó en el año 1.000 tras haberse decidido así en el Alþingi de Thingvellir, que es ni más ni menos que el primer parlamento de la historia. De esta manera, Islandia abandonó el paganismo. Þorgeir Ljósvetningagoði, que era uno de los principales gobernantes y de creencias paganas, lanzó al agua de esta cascada todas sus tallas de los dioses nórdicos convirtiéndose así al cristianismo. Así surgió el nombre de Goðafoss.

Goðafoss
Goðafoss

De Akureyri a Goðafoss está el único tramo de carretera de pago que existe en Islandia. Se trata del túnel Vadlaheidargong y cuesta 1.500 coronas atravesarlo. Se puede pagar antes o después o, como en nuestro caso, se carga a la compañía de alquiler que posteriormente te lo cobra. Tienes la posibilidad de saltarte este tramo si tomas la carretera 83 y luego la 84. Una vez se llega a Goðafoss, hay dos parking para ver esta maravilla de la naturaleza. Cada uno te deja en un lado de la cascada. Nosotros comenzamos con el parking del lado oeste y posteriormente vistamos el de lado este que cuenta con cafetería y gasolinera. Con 12 metros de altura y 30 de anchura, su forma de herradura me recordó levemente a las del Niágara. En los miradores del lado este, hay un sendero que te permite contemplar Goðafoss desde abajo. A pesar de la incesante llovizna, disfrutamos muchísimo de este lugar. Para finalizar, pusimos el cuerpo en calor en la cafetería tomando unos chocolates calientes.

Sin soltar la carretera 1, se llega al lago Mývatn que significa "lago de las moscas enanas". El nombre es debido a que está repleto de pequeños mosquitos que no pican, pero que resultan bastante molestos. De hecho, había personas que iban con unas caretas que parecía de apicultor para protegerse. El lago, que es el quinto más grande del país, está repleto de islotes y de falsos cráteres ya que no emitieron lava, sino que se formaron por explosiones de vapor del contacto de la lava caliente con el agua. Toda esta zona ha estado expuesta durante miles de años a violentos ciclos de actividad volcánica siendo las últimas erupciones, provocadas por la caldera volcánica del Krafla, en 1975 que llegaron a durar 9 años.

 Mývatn
Mývatn

Con tanta actividad sísmica, en esta zona se encuentra uno de los campos de lava más curiosos de Islandia: Dimmuborgir. Traducido como Castillos Oscuros por las peculiares formas creadas. Se cree que se formó hace 2.300 años, cuando la lava se posó encima de un lago provocando de esta manera que hirviera y que se formaran inmensas columnas de vapor que, a su vez, iban enfriando la lava dando forma a las actuales grandes rocas y cuevas del parque de Dimmuborgir. Hay varias rutas para poder recorrer la zona. Nosotros hicimos una sencilla de 30 minutos. Desde una de sus formaciones se puede llegar a ver Hverfjall, un gigantesco cráter negro de 1.000 metros de diámetro.

Dimmuborgir
Dimmuborgir

Se dice que Dimmuborgir es el lugar donde habitan los 13 Yule Lads de la navidad. Estos duendes vienen a ser como nuestro Papá Noel. Desde el 12 de diciembre, cada día baja uno de ellos a las casas de los niños para dejar un regalo que tiene que ver con la personalidad del duende. El día 24 se entrega el último regalo coincidiendo así con el día de Navidad. De hecho, en algunas de las cuevas de Dimmuborgir podemos encontrar objetos personales de los Yule Lads. ¿Existirán de verdad?

Muy cerquita de este lugar está Grjótagjá, una grieta en la tierra que guarda en su interior una cueva con aguas termales. El baño era muy popular hasta que en las erupciones del Krafla de 1975 provocó un fuerte aumento de la temperatura del agua hasta los 60º. Hoy en día está entre 43 y 46º y está prohibido el baño, aunque es posible asomarse a su interior y contemplar el fabuloso color azul del agua. La serie de Juego de Tronos volvió a poner este lugar en el punto de mira de los turistas, ya que fue aquí donde Jon Snow perdió la virginidad con la salvaje Ygritte. No obstante, tuvieron que respetar la prohibición del baño y rodar las escenas dentro del agua en otro lugar.

Grjótagjá
Grjótagjá

Salimos de nuevo a la Ring Road para llegar a Hverir, también conocido como Námaskarð. Este lugar es una de las zona geotermales más activas del país y tiene una imagen de lo más sorprendente con humeantes fumarolas, pozas de lodo hirviendo, depósitos de coloridos minerales que tiñen el terreno y un intenso olor a huevo podrido provocado por el azufre. Todo a la falda de la montaña Námafjall. Hay un sendero delimitado con cuerdas para visitar la zona que se aconseja respetar ya que hay partes donde el terreno puede estar a 100º. Nos dejó boquiabiertos, como si estuviéramos en un planeta desolado en el que la tierra hervía.

Hverir
Hverir

Nuestro último destino del día se encontraba bastante cerca. Salimos de nuevo a la carretera de circunvalación y tomamos la primera salida hacia la carretera 863 destino Krafla. Nos llamó bastante la atención ver una ducha de agua caliente al aire libre en mitad de la nada, a pie de la misma carretera. Cosas de islandeses. La carretera cruza una central geotérmica y tiene un ascenso considerable hasta que llega a un parking donde finaliza. 

El Krafla es una enorme caldera volcánica que abarca 10 kilómetros de diámetro y se encuentra entre las placas tectónicas euroasiática y norteamericana. El cráter más famoso es el Viti, que significa "Infierno" ya que antiguamente se pensaba que el infierno estaba bajo los volcanes. Es en este cráter donde finaliza la carretera. El lugar que antiguamente emanaba grandes cantidades de lava, ahora alberga un lago de color azul y un sendero lo bordea. El terreno estaba con bastante barro y decidimos recorrer solo un trozo por este motivo. Estábamos solos. Viti nos impresionó bastante. Todavía había nieve en los alrededores y se podían contemplar varias fumarolas en las tierras del Krafla.

Cráter Viti
Cráter Viti

También es posible visitar la zona de Leirhnjúkur que fue donde se produjeron las erupciones de 1975. Hoy en día la zona sigue activa emanando vapor. No lo visitamos ya por cansancio. Habíamos alargando bastante el día aprovechando que nunca anochece y todavía teníamos que llegar al camping de Húsavík que se encontraba a una hora en coche.

El camping de Húsavík nos costó 3.300 coronas dos personas. Contaba con una zona común con cocina y 2 duchas para todo el camping. Debido a la lluvia que había caído durante el día estaba todo bastante sucio y embarrado. 

Día 5: Húsavík, Detifoss, Selfoss, Cañón de Ásbyrgi y Arctic Henge

Toda la noche estuvo lloviendo y el día amaneció muy gris, pero al mal tiempo buena cara. Para hoy, Rocío tenía contratada una excursión de avistamiento de ballenas. Estaba preocupada por el tiempo, ya que tenía muchísima ilusión en este día. Había que confiar en que Húsavík es uno de los mejores lugares del mundo para esto. Yo, en cambio, esperaría dando una vuelta por el pueblo. Mis problemas de mareo con los paseos en barco me hicieron ser precavido, aunque me moría de ganas por hacerlo también.

Compramos el ticket antes de viajar a Islandia con la compañía Gentle Giants. Hay varias operadoras y todas aseguran un 98% de éxito, por lo que nos fijamos más bien en las críticas de internet y en el precio para elegir. Menos mal que seleccionamos la modalidad de pagar a la llegada ya que nuestra empresa de alquiler de camper, Happy Campers, tenía un descuento de un 10% con esta compañía y así lo pudimos aplicar. El precio del ticket salió por 9.711 coronas finalmente.

La expedición comenzaba a las 8.45h. Primero había que hacer el check in en la oficina y posteriormente, estar unos 15 minutos antes en el pequeño puerto. Un barco esperaba a Rocío, le dieron un buen abrigo de esos de pescador y partió mar adentro. Pasaban los minutos y ya me había cansado de ver las 2 calles que tiene Húsavík. Pasadas unas 2 horas, recibí un whatsapp de Rocío: ¡habían encontrado ballenas! La excursión duró cerca de 3 horas y pudo ver 4 ballenas y un sinfín de delfines. Estaba muy emocionada por la experiencia. El tipo de ballena que vio es la jorobada. Cuando me enseñó los videos me arrepentí de no haber ido, el agua del mar estaba super calmada.

Ballena en Húsavík
Ballena en Húsavík

Abandonamos Húsavík para visitar la parte norte del Parque Nacional de Vatnajökull, el parque nacional más extenso de Europa. Nuestra primera parada fue en la cascada más caudalosa del continente: Dettifoss. Para llegar existen 2 miradores: uno al lado este tomando la carretera de grava 864 y otro en el lado oeste tomando la carretera asfaltada 862. Ambas se puede tomar tanto desde la Ring Road como desde la carretera 85 que es la que va por el norte y por la que nos dirigíamos nosotros. La mejor opción es decantarse por uno de los dos ya que entre ambos hay una distancia de una hora en coche y no hay manera de poder acceder de un lado a otro andando. Nosotros optamos por el lado oeste por la comodidad de estar asfaltada la carretera. Además, el parking cuenta con aseos y tiene buena accesibilidad a los miradores ya que disponen de pasarelas, pero esto hace que sea el lado más turístico. Respecto a cuál de los dos tiene las mejores vistas, no puedo saberlo pues solo conozco un lado y me pareció impresionante. En Internet encontramos opiniones divididas, por lo que estoy seguro de que si hubiéramos optado por el lado este, habríamos terminado igual de impresionados.

Dettifoss
Dettifoss

Poco más de una hora fue lo que tardamos desde Húsavík en llegar. Estaba lloviznando por lo que nos pusimos las ropas impermeables. Igualmente, es aconsejable ponérsela porque Dettifoss levanta una enorme cortina de agua que puede ser vista a un kilómetro de distancia. Mientras andábamos por el sendero de paisaje lunar, que nos llevaría cerca de 15 minutos, el sonido del agua comenzaba a hacerse más fuerte y la llovizna comenzaba a mezclarse con la cortina de agua que desprendía. Nuestros ojos no daban crédito a tal bestialidad de la naturaleza. Un caudal de agua de 200m³/s de promedio, proveniente del río glaciar Jökulsá á Fjöllum, se precipitaba de manera violenta sobre una caída de 45 metros de altura y 100 metros de anchura. Impresionaba muchísimo y todavía más cuando estábamos tan cerca que parecía que podíamos tocar el torrente de agua. Salimos completamente mojados y no por la llovizna que ya había cesado. Hay otro mirador al final del sendero en el que pudimos ver Dettifoss de frente. Dicen que los días soleados es posible ver un doble arco iris, debe de ser maravilloso.

Dettifoss
Dettifoss

Posteriormente, fuimos a ver Selfoss. Otra cascada sobre el mismo río a la que tardamos en llegar unos 20 minutos desde Dettifoss siguiendo los senderos marcados. A pesar de no ser tan impresionante, es muy bonita. Situada en el cañón Jökulsárgljúfur, el agua caía sobre columnas de basalto. Seguramente, desde el lado este se tengan mejores vistas de esta cascada ya que la mayor parte del agua caía por la parte oeste del cañón.

Selfoss
Selfoss

Deshacíamos la carretera 862 para volver a la 85 y desviarnos al Cañón de Ásbyrgi. Según cuenta la leyenda, el caballo de 8 patas de Óðinn tocó accidentalmente la tierra dejando una enorme huella. Eso explicaría la forma de herradura de 3,5km de largo y 1km de ancho que tiene, aunque hay otras explicaciones geológicas con erupciones e inundaciones glaciares menos interesantes. 

Hay varias rutas de senderismo para conocer el cañón. Para decidir cuál hacer, fuimos a la oficina de información que se encuentra a la entrada de Ásbyrgi. Nos recomendaron dos rutas sencillas, por lo que decidimos hacer las 2. Aprovechamos el inmenso parking de la oficina de turismo para ponernos a cocinar en la camper y comer antes de comenzar la marcha.

La primera comienza al final de la carretera y nos llevaba a un bonito estanque de agua llamado Botnstjörn y que se encuentra en la cabeza de la garganta del cañón. Es un kilómetro de recorrido circular y se tardan 30 minutos aproximadamente, todo depende de lo que lo quieras alargar. La segunda ruta parte desde el parking del camping de Ásbyrgi y tiene una distancia de 4.5km ida y vuelta. El sendero asciende el Eyjan, una mesa que se encuentra en el centro del cañón y desde la que se obtienen unas vistas panorámicas del lugar increíbles. Tardamos una hora y media aproximadamente.

Cañón de Ásbyrgi
Cañón de Ásbyrgi

Antes de abandonar el cañón de Ásbyrgi, cenamos en la cafetería que hay junto a la gasolinera a la entrada del cañón. 2 hamburguesas con sus patatas y bebida nos salió por cerca de 4.500 coronas. Ahora ya podíamos dirigirnos a nuestro último destino del día.

Continuamos por la carretera 85 durante una hora hasta llegar a Raufarhöfn. El camino no fue fácil por la espesa niebla que había. Raufarhöfn es el poblado más septentrional de Islandia y el lugar más al norte en el que hemos estado en la Tierra hasta la fecha. Será difícil de superar este hito.

Existe un curioso proyecto que era el motivo por el que habíamos llegado a tan recóndito lugar y al que fuimos directos nada más llegar. Se trata del Arctic Henge, al que todavía le quedan muchos años para ser terminado y que recuerda al famoso Stonehenge. Cuando se finalice, será un enorme reloj sol de 50 metros de diámetro que marcará los solsticios. Está inspirado en el mítico poema de Völuspá (la profecía de la vidente) en el que una vidente cuenta a Óðinn la creación del mundo y su inminente final. En el poema se mencionan a 72 enanos. Estos seres suelen estar relacionados con las piedras. En Arctic Henge 4 de ellos, a los que en el poema se les asignó el papel de sostener el cielo, están representados como puertas que miran hacia su punto cardinal homónimo: Este, Norte, Sur y Oeste. Junto con los sesenta y ocho enanos restantes, que estarán representados por piedras más pequeñas que formarán el círculo, crearán el calendario solar.

Arctic Henge
Arctic Henge

La niebla seguía siendo espesa y hacía muchísimo frío. Nuestra visita al Arctic Henge fue corta, pero divertida bajo un halo de misterio ante tal curioso lugar. Luego fuimos al pequeño camping de Raufarhöfn a descansar. Estábamos casi solos. El camping contaba con una ducha y unos aseos. No vimos a nadie para cobrar durante nuestra estancia ni tampoco un cartel donde nos indicara cómo hacerlo. Así que hicimos un sinpa en toda regla.

Con esto dábamos por concluida nuestra ruta por el norte de Islandia. Habían sido 3 días alucinantes por tierras volcánicas activas, fiordos de gran belleza, troles convertidos en piedra y cascadas que dejaban sin aliento.


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