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Sur de Islandia: De Höfn a Selfoss

Sur de Islandia: De Höfn a Selfoss
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Autor ToniEscuder - Fecha de creación
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  • Día 9: Vatnajökull, Jökulsárlón, Diamond Beach y Svartifoss
  • Día 10: Fjarðarárgljúfur, Vík í Mýrdal, playa de Reynisfjara, avión de Solheimasandur y Sólheimajökull 
  • Día 11: Skógafoss, Seljalandsfoss y Hjálparfoss

Día 9: Vatnajökull, Jökulsárlón, Diamond Beach y Svartifoss

Nos esperaba un gran día y, además, el tiempo acompañaba. Abandonábamos Höfn para dirigirnos a Jökulsárlon, donde debíamos estar antes de las 9.30h. La distancia se recorre aproximadamente en una hora por la Ring Road con vistas constantes a innumerables lenguas glaciares del Vatnajökull que nos dejaban sin palabras. Era un paisaje espectacular, nunca habíamos visto nada parecido. La carretera transcurre por varias casas rurales que ofrecen alojamiento y actividades relacionadas con el glaciar.

Llegamos con tiempo al lago glaciar de Jökulsárlon. Al bajar de la camper nuestras pupilas se dilataron para captar la belleza que teníamos ante nuestros ojos. Era una imagen surrealista y preciosa a partes iguales. Parecía mágico. Nos enamoramos en el momento de aquel lugar. Además, todavía no estaba concurrido y pudimos disfrutar unos minutos del lago prácticamente vacío. No podíamos perder mucho tiempo tampoco, pues nos esperaban para comenzar la aventura del día: un trekking por el Vatnajökull.

Jökulsárlón
Jökulsárlón

Habíamos contratado esta excursión con Guide to Iceland unos meses antes de viajar a Islandia por 187€ los dos. Esta empresa es una intermediaria y nuestra agencia final fue Blue IcelandNos esperaban con un autobús 4x4 en el parking de Jökulsárlon. Éramos un grupo reducido: un padre con sus 3 hijos y nosotros. La media hora de camino con el 4x4 fue bastante dura, no recuerdo haber pegado más brincos en un vehículo. El guía, que conducía el autobús mirando hacia nosotros, nos iba contando algunas anécdotas de películas rodadas en el glaciar y también alguna que otra aventura surgida a raíz de algunos de los trekkings vividos con los turistas.

Llegamos sanos y salvos al punto de partida de la ruta. Nos repartieron cascos, arnés, crampones y una piolet. El sendero comenzaba por tierra hasta llegar a los pies del glaciar. Por el camino, pasamos por un pequeño arroyo en el que aprovechamos para llenar las botellas de agua. Agua pura 100% potable procedente del glaciar. Corrían ríos de agua provocados por el deshielo. Antes de poner los pies sobre el Vatnajökull, nos colocamos los crampones y nos explicaron como debíamos andar sobre el hielo. Ahora sí, nos disponíamos a pisar el glaciar.

Trekking por el Vatnajökull
Trekking por el Vatnajökull

Cuando uno piensa en el hielo puro, visualiza un bloque de color azul cristalino. Pero, ¿qué sucede cuando estamos en la tierra del fuego y el hielo? Las erupciones volcánicas provocan que gran parte esté cubierto por partículas de ceniza. El gris predominaba sobre la basta estampa helada e inhóspita que parecía no tener fin. Mientras escuchaba el sonido de los crampones clavándose sobre el hielo, me imaginaba estar en el planeta de Mann de la película Interstellar que fue rodada en este mismo glaciar. Habían varias grietas sobre el suelo y por ellas podíamos ver un color azul intenso. Teníamos que tener cuidado con dónde pisábamos para no terminar cayendo por una de ellas, pero para eso estaba el guía. La menor de las niñas que venían con nosotros tropezó varias veces y se cortó en las palmas de las manos. Es por ello que es recomendable llevar guantes a este tipo de excursiones. Con la piolet picamos un poco de hielo y lo saboreamos. ¿A qué sabe el hielo glaciar? A lo mismo que un cubito de hielo del congelador.

Trekking por el Vatnajökull
Trekking por el Vatnajökull

Fue una gran experiencia, aunque no era mi primera vez ya que pude hacerlo también en Nueva Zelanda sobre Fox Glacier. En aquella ocasión, lo que fue la excursión en sí, me pareció mejor. Pero como glaciar, no hay ninguno como el Vatnajökull. El mayor glaciar de Europa en cuanto a volumen. Dicen que los glaciares abarcan un 10% de Islandia y que solo el Vatnajökull ocupa el 8%. Casi nada. De él nacen numerosos ríos que abastecen de agua a prácticamente todo el país. En 2008 se creó el inmenso Parque Nacional del Vatnajökull para protegerlo y está declarado Patrimonio de la Humanidad desde 2019.

Regresamos de nuevo al lugar que nos había conquistado: Jökulsárlon. Esta vez, el número de turistas había incrementado considerablemente. Logramos hacer unas cuantas fotos con muchísima paciencia sin que se nos colara nadie por el medio. Hasta ahora, habíamos visto una Islandia prácticamente vacía. Esto en el sur cambia por completo y nos teníamos que ir acostumbrando. Aunque tampoco era nada exagerado. En el parking hay varios foodtracks en los que aprovechamos para pedir y comer con vistas al lago.

Jökulsárlón
Jökulsárlón

De todos es sabido que los glaciares están en un proceso de deshielo que se ha acelerado en el último medio siglo debido al cambio climático. En ese proceso, en el que los glaciares irán dando paso a nuevos paisajes, van creando cosas tan maravillosas como Jökulsárlón. El lago está formado por icebergs que van a la deriva y que se van desprendiendo del Breiðamerkurjökull, una lengua del Vatnajökull. Algunos fragmentos pueden pasar hasta 5 años flotando sobre el lago hasta que terminan saliendo al mar por un pequeño río que conecta con el océano. Da miedo saber que Jökulsárlón tan sólo tiene 80 años y que ya es el lago más profundo de Islandia con 250 metros de profundidad. Esto te hace ser consciente del rápido proceso de deshielo de los glaciares.

Seguimos el curso de los icerbergs hacia el océano. Algunas focas se dejaban ver descansando sobre los enormes bloques de hielo. El Jökulsá es el río que conecta Jökulsárlón con el océano atlántico y, con apenas unos metros, es el río más pequeño de Islandia. Termina en una extensa playa volcánica de arena negra donde reposan las rocas de hielo que han sido arrastradas por las fuertes y frías olas del mar. Ahí quedan atrapadas, deshaciéndose lentamente y desapareciendo para siempre. Los turistas bautizaron la playa como Diamond Beach, la playa de los diamantes. No había un nombre que describiera mejor el lugar.

 Diamond Beach
Diamond Beach

Volvimos de nuevo a Jökulsárlón para dar un pequeño paseo en barco anfibio por el lago. Esta excursión también la habíamos contratado con Guide to Iceland y la agencia final era Glacier Lagoon Tours. Nos salió por 87€ los dos. La duración del paseo es de unos 35 minutos y se hizo bastante divertido gracias al guía que se iba inventando las cosas sobre la marcha. Básicamente nos explicaron lo que ya sabíamos y os hemos contado. También volvimos a probar un trozo de hielo del glaciar. El sabor no había cambiado.

Otra vez en la Ring Road. Cuando llevábamos unos pocos kilómetros recorridos nos llamó la atención una lengua glaciar muy próxima a la carretera. Tomamos el desvío que indicaba Fjallsárlon para ir a verla. Estábamos completamente solos ante un pequeño lago muy similar a Jökulsárlón creado por el desprendimiento de icebergs del Fjallsjökull. Un estruendoso sonido rompió el silencio abrumador del lugar. Era un fragmento que se desprendía del glaciar para caer al lago. El momento fue muy especial y mágico.

Fjallsárlon
Fjallsárlon

Llegamos al Parque Nacional Skaftafell que forma parte, a su vez, del Parque Nacional del Vatnajökull. El parking de Skaftafell cuesta 1.000 coronas, pero si te alojas en el camping contiguo no es necesario pagar como fue nuestro caso. Eran ya las 21h, pero nos dispusimos a realizar nuestra última ruta del día para conocer Svartifoss.

El sendero parte desde el propio camping y se tarda una media hora en llegar. En total son 3 kilómetros de ruta ida y vuelta. El camino es sencillo, pero ascendente, y en su transcurso se encuentran dos cascadas: Hundafoss y Magnúsarfoss. Al llegar, nos quedamos una vez más boquiabiertos. Habíamos visto ya varias cascadas con columnas de basalto, pero ninguna se puede asemejar en belleza a Svartifoss. Su nombre significa cascada negra y se debe a que se encuentra flanqueada, de forma simétrica, por columnas hexagonales negras de basalto. Las columnas se van desprendiendo de tal manera que las que quedan en la parte superior parece que estén levitando. Tuvimos la sensación de estar inmersos en un bosque de basalto. Otro lugar más del que pudimos disfrutar a solas.

Svartifoss
Svartifoss

Con esto regresábamos y poníamos fin al día. El camping de Skaftafell lo vimos bastante saturado. Tenía todos los servicios que se necesitan, pero no estaban en las condiciones que deberían. Por ejemplo, habían colas para fregar los platos debido a que la mitad estaban embozados o no operativos.

Día 10: Fjarðarárgljúfur, Vík í Mýrdal, playa de Reynisfjara, avión de Solheimasandur y Sólheimajökull 

De nuevo, tras un día formidable de sol, amanecimos bajo una llovizna que apenas pararía durante el resto del día. Abandonamos el camping sin pagar ya que, por una confusión, no encontramos la cabina donde teníamos que hacerlo y cuando nos dimos cuenta ya estábamos fuera de él. Nuestro segundo sinpa sin querer.

Retrocedimos un par de kilómetros por la Ring Road para detenernos en un pequeño apartadero desde el que se veían las lenguas glaciares del Skaftafellsjökull y el Svínafellsjökull. Ambos glaciares son famosos por ofrecer numerosas actividades como senderismo guiado, aunque hay que tener cuidado ya que los geólogos han alertado del peligro de derrumbamiento sobre todo en Svínafellsjökull. Por este motivo, es importantísimo que jamás se vaya a los glaciares por cuenta propia.

Svínafellsjökull
Svínafellsjökull

Los siguientes kilómetros eran todo planicie o, como se le conocería en geología, sandur. Estábamos atravesando la región de Skeiðarársandur, una vasta llanura glaciar de arena de 1.300 kilómetros cuadrados de extensión generada por el flujo de la lengua glaciar Skeiðarárjökull y alimentado por los sistemas volcánicos de Grímsvötn. En 1996 se produjo en esta región un jökulhlaup que consiste en una enorme inundación provocada por la erupción de un volcán y el flujo de un glaciar. La inundación provocó una avalancha de agua de 40.000 m³/s que arrasó la carretera 1.

Seguimos durante una hora por la carretera de circunvalación hasta tomar la carretera 206 que nos llevaba a Fjaðrárgljúfur. Un pequeño y sencillo sendero te deja al borde de esta maravilla de cañón que ha sido tallado a lo largo de los años, y con mucha paciencia, por el río Fjaðrá. Sin ser el cañón más espectacular, puedo asegurar que no he visto ninguno que se asemeje en cuanto a belleza. El color verde se apodera del paisaje entre las fantasiosas formas que adoptan las escarpadas laderas del cañón. Parece mentira que este lugar lo pusiera en el mapa Justin Bieber a raíz de rodar aquí el videoclip de la canción I'll Show You. Hay diversos miradores a lo largo del sendero. Las vistas más bonitas están un poco antes de llegar a una vertiginosa cascada que cae al cañón.

Fjaðrárgljúfur
Fjaðrárgljúfur

Siguiente punto del día, el poblado más meridional y más lluvioso del país: Vík í Mýrdal. Paramos en el centro comercial que se encuentra junto a la gasolinera N1. En el interior está la enorme tienda de recuerdos y prendas de lana de Icewear, donde compramos algunos regalos. También aprovechamos para comprar comida en el supermercado y comernos un par de hamburguesas en el Ice Cave Restaurant por 1990 coronas cada una. En esta pequeña población se encuentra Vikurkirkja, la bonita y pintoresca iglesia que es portada en la 5ª edición de la guía Lonely Planet de Islandia. Desde la iglesia se podía ver Reynisdrangur, un conjunto de farallones de basalto que emergen del océano. Según las leyendas islandesas, estos farallones son troles que se vieron sorprendidos por el sol mientras robaban un barco.

Vikurkirkja
Vikurkirkja

Recientemente hemos visto una serie donde Vík y sus alrededores tiene un gran protagonismo. La serie se llama Katla y se puede ver en Netflix.

Al poco de salir de Vík, tomamos la carretera 215 para llegar a la playa negra de Reynisfjara. Considerada una de las playas más hermosas del mundo, se encuentra resguardada entre columnas de basalto y acantilados en los que habitan frailecillos en verano. A un lado de la playa se llegan a ver los arcos Dyrhólaey y al otro se encuentra Reynisdrangur, los farallones que vimos desde Vikurkirkja.

 Dyrhólaey desde Reynisfjara
Dyrhólaey desde Reynisfjara

La llovizna nos había dado una tregua y pudimos disfrutar de este mágico lugar. Los turistas se agazapaban en las columnas de basalto que recuerdan a la famosa Calzada de los Gigantes de Irlanda del Norte. Era complejo hacer alguna sin que se colara nadie. Las olas golpeaban con fuerza los farallones y, de vez en cuando, alguna asustaba a las personas que paseaban muy cerca de la orilla. De hecho, en los últimos años, algunos visitantes han fallecido siendo arrastrados por las olas de Reynisfjara por lo que hay que tener en cuenta las mareas.

 Reynisfjara
Reynisfjara

Seguimos 20 minutos más por la carretera 1 hasta llegar al parking donde comienza la ruta para ir a ver el avión abandonado de Solheimasandur. El sendero, que es lineal y monótono, transcurre durante 4 kilómetros por la vasta llanura negra de Solheimasandur. Se tarda una hora aproximadamente en llegar al avión. También está la opción de tomar un shuttle que funciona de 10h a 17h y que cuesta 2.000 coronas o 2.900 coronas si quieres hacer ida y vuelta. Nosotros no teníamos más opciones que hacerlo andando por las horas que eran. 

Estuvimos pensándonos muchísimo si queríamos ir a verlo, pues invertir cerca de 3 horas para ver los restos de un avión puede parecer innecesario. Pero había visto tantas veces esa imagen en Internet que se me hacía imposible no realizarlo. Ahí teníamos ante nuestros ojos el avión de la marina de EEUU que tuvo que aterrizar de emergencia en 1973. Se encuentra bastante deteriorado, pero ¿y lo chulas que quedan las fotos? Porque es lo único que tiene, una bonita foto. Me recordó a la serie de Lost. Si alguien me preguntara si le recomiendo hacer esta visita, le diría claramente que no. Pero también le diría que era consciente de lo que iba a ver y también me lo desaconsejaron y fui.

Avión de Solheimasandur
Avión de Solheimasandur

A solo 6 minutos en coche se encuentra el glaciar Sólheimajökull, una lengua del Mýrdalsjökull que es el cuarto glaciar en tamaño de Islandia. Al llegar al parking, que costaba 700 coronas, estaba vacío. Supongo que entre la lluvia y las horas que eran, no apetecía mucho estar allí y eso que es uno de los lugares más solicitados por los excursionistas por su accesibilidad. Dimos un corto paseo para verlo. Llamaba la atención las manchas negruzcas sobre hielo provocadas por las partículas que desprende la continua actividad volcánica del Katla que se encuentra bajo el glaciar Mýrdalsjökull. Era como estar en una película en blanco y negro.

Sólheimajökull
Sólheimajökull

Teníamos más lugares para visitar durante este día, pero ya se nos hizo bastante tarde y nos encontrábamos cansados. Así que pusimos rumbo a Hella que tiene 2 campings y ambos sin ducha. En el que nos quedamos parecía más bien un campamento gitano. Al menos tenía numerosos aseos y una zona común para poder cocinar y fregar.

Día 11: Skógafoss, Seljalandsfoss y Hjálparfoss

Sonó una notificación en mi móvil y pensé: "¡qué raro!, tengo puesta la alarma a las 6.30h y las notificaciones no suelen sonar hasta las 7.30h". Miré rápidamente el móvil. ¡Me había equivocado con la alarma y nos habíamos quedado dormidos! Teníamos comprados los tickets del bus que partía a las 7.45h hacia Landmannalaugar donde teníamos pensado hacer una ruta de montaña muy conocida. Era imposible llegar, con mucha lástima y rabia lo dábamos por perdido.

Tocaba replanificar el día. No pasaba nada, el día anterior se nos quedó corto y nos quedaron cosas maravillosas pendientes. Algunas de ellas teníamos pensado ir a verlas a la vuelta de Landmannalaugar. Nos tomaríamos el día mucho más relajados para disfrutar. Y pensar que habíamos hecho noche en un camping sin ducha solo para no madrugar tanto... La recepción del camping estaba cerrada todavía, nos marchábamos con otro nuevo sinpa. El tercero y último del viaje.

Retrocedimos kilómetros para volver por donde lo dejamos el día anterior. Por el camino nos detuvimos en el punto de información del Eyjafjallajökull, el volcán que erupcionó en 2010 y detuvo todo el tráfico aéreo de Europa. Desde este lugar se debería poder ver, pero estaban las nubes tan bajas que se encontraba totalmente oculto entre ellas. Toda esta zona quedó inundada por lodo y cenizas provocando la evacuación de cerca de 800 personas. Hay fotografías del suceso en la caseta de información.

Llegamos a la primera parada importante del día. Si cierras los ojos y piensas en una cascada de agua, seguramente tu mente esté creando algo parecido a Skógafoss. Por algo es conocida como la cascada perfecta y considerada por muchos la más bonita de Islandia. Aunque a nosotros nos costaría muchísimo elegir ese top 1. Es increíble cómo se veía desde la propia Ring Road, cosa que con el mal tiempo del día anterior fue imposible. Con 62 metros de caída y rodeada de verdes montañas, se ubica en el tramo final del río Skógá.

Skógafoss
Skógafoss

Cuenta la leyenda, que tras la enorme cortina de agua de Skógafoss, se encuentra un preciado tesoro que fue enterrado hace muchos siglos por el vikingo Þrasi Þórólfsson. ¿Será cierto? Nosotros nos acercamos todo lo posible hasta sentir la fuerza del agua y mojarnos por completo. El único tesoro que vimos fue Skógafoss.

Un sendero con 400 escaleras lleva a la parte superior de la cascada. Vale la pena subirlas, no por las vistas de Skógafoss, sino por la ruta posterior que lleva a varias cascadas como la bonita Hestavaðsfoss. El sendero llega hasta Þórsmörk pasando entre los glaciares Mýrdalsjökull y Eyjafjallajökull, pero eso ya son 24 kilómetros. Nosotros solo hicimos unos pocos de metros.

Hestavaðsfoss
Hestavaðsfoss

Este había sido nuestro punto máximo del retroceso por la Ring Road. De nuevo volvíamos a circular dirección oeste. Nos detuvimos en un punto que estaba señalizado como Drangurinn í Drangshlíð 2. Drangurinn es una formación rocosa de toba volcánica que se encuentra solitaria en la granja Drangshlíd en las estribaciones del Eyjafjallajökull. Según un cuento popular, un hombre fuerte llamado Grettir Ásmundsson arrancó esta gigantesca roca de la montaña Hrútafell. Debajo de Drangurinn hay cuevas y pasajes a los que se han agregado edificios adicionales a lo largo de los siglos. La mayoría de ellos siguen en pie.

 Drangurinn
Drangurinn

Seljalandsfoss fue nuestra siguiente parada, también a orillas de la carretera 1. Esta espectacular fina cascada de más de 60 metros de altura nace del Eyjafjallajökull y tiene la peculiaridad de que es transitable por detrás de su cortina de agua. Con el impermeable puesto, bordeamos Seljalandsfoss y pudimos contemplarla prácticamente en 360º. El sendero que transcurre por la parte trasera está bastante resbaladizo y es casi imposible no mojarse. Nos resultó divertido y nos llevamos la ducha gratis que no pudimos pegarnos en el camping.

Seljalandsfoss desde todos sus ángulos
Seljalandsfoss desde todos sus ángulos

Siguiendo el curso del río se llega a la cascada Gljúfrabúi que se encuentra oculta en el interior de un cañón. El acceso es limitado, ya que apenas cabe gente en su interior. Eso provocaba que una larguísima cola estuviera esperando para verla y hacerse la foto de turno. Estuvimos 15 minutos esperando y aquello no avanzaba, por lo que decidimos desistir e ir al parking de Seljalandsfoss para comer en la camper. Por cierto, el parking valía 700 coronas.

Pasamos de nuevo por Hella e hicimos una pequeña parada para tomar una Coca-Cola y continuar hacia Hjálparfoss. Teníamos aproximadamente una hora de camino. Para llegar, hay que tomar la salida de la carretera 30 y, posteriormente, tomar la 32. Situado sobre los campos de lava creados por el estratovolcán Hekla, esta preciosa doble cascada es la confluencia de los ríos Fossá y Þjórsá. Este ultimo es el río más largo de Islandia. El agua cae sobre un bonito estanque de paredes basálticas que transmitía una paz absoluta. No será la cascada más alta, ni la más caudalosa, ni la más bonita; pero Hjálparfoss tenía algo especial.

Hjálparfoss
Hjálparfoss

Y con esto poníamos fin a nuestro día alternativo a Landmannalaugar. Pudimos disfrutar de cada punto de forma más pausada y habíamos descargado también el día siguiente. Nos dirigíamos ahora al camping de Selfoss que fue de los mejorcitos donde estuvimos con todo tipo de servicios incluidos y en buen estado. Nos costó 4.000 coronas para los 2. Además, por 200 coronas podías usar sus hot tubs y no dudamos en hacerlo. No había mejor manera de terminar el día que con un baño caliente al aire libre.


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