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Este de Islandia: De fiordo en fiordo

Este de Islandia: De fiordo en fiordo
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Autor ToniEscuder - Fecha de creación
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  • Día 6: Vopnafjörður, Stuðlagil Canyon, Vök Baths
  • Día 7: Borgarfjörður Eystri, Hafnarhólmi, Fardagafoss, Gufufoss, Seyðisfjörður y Hengifoss
  • Día 8: Reyðarfjörður, Fáskrúðsfjörður, Stöðvarfjörður, Breiðdalsvík y Djúpivogur

Día 6: Vopnafjörður, Stuðlagil Canyon, Vök Baths

El día comenzó muy lluvioso y con una espesa niebla en Raufarhöfn. En estas condiciones se hacía bastante pesado y difícil conducir, pero no quedaba otra que despedirse del norte y comenzar nuestra ruta por el este de Islandia. A pesar de ser una zona menos poblada, tiene muchísimo que ofrecer. Nos esperaban nuevas aventuras entre fiordos, cascadas y cañones de basalto. 

Tardamos cerca de 2 horas en llegar a Vopnafjörður siguiendo la carretera 85. Todavía seguía lloviendo. Aprovechamos para ir al único lugar que estaba abierto que era el supermercado. Al salir la lluvia había cesado al fin. Dimos un pequeño paseo, pero el pueblo parecía muerto. Ni un alma por sus calles y absolutamente todo cerrado. Incluso el Kaupvangur, que alberga un museo en recuerdo de los miles de emigrantes que abandonaron la región hacia Canadá y EEUU a raíz de la erupción del volcán Askja en 1875. Los ríos que recorren los valles del fiordo sobre el que se asienta el poblado están repletos de salmones y personas ilustres, como el Príncipe de Gales y George Bush padre, han ido a pescar allí. Dicen que este fiordo era el hogar de un temible dragón que protegía el noreste de Islandia. Igual el dragón ha asustado a sus habitantes.

Volvimos a la carretera durante algo más de hora y cuarto hasta llegar a Stuðlagil Canyon. La carretera que hay que tomar es la 923 que no está asfaltada y en algunos tramos está bastante bacheada. Stuðlagil es un impresionante cañón de columnas de basalto que se encuentra sobre el río glaciar Jökulsá á Dal. Aunque parezca mentira, el lugar se ha dado a conocer recientemente. Antes de 2007, el valle de Jökuldalur estaba totalmente dividido en 2 por la poderosa corriente del río y el cañón se encontraba oculto sumergido en su caudal. En 2004 comenzó la polémica construcción de la central hidroeléctrica Kárahnjúkavirkjun que finalizó en 2007. Con el desvío del agua por la central, el nivel del caudal descendió dejando a la luz este impresionante y maravilloso cañón que no fue visto por primera vez hasta 2016 cuando dio con él un guía local.

Stuðlagil Canyon
Stuðlagil Canyon

Llegamos al parking que nos marcaba Google Maps. Este parking se encuentra en el lado oeste del cañón y cuenta con servicios de pago, un puesto de perritos calientes y un camping. Un cartel te explica como ir al otro lado del cañón, ya que en este punto solo hay un mirador. 

Antes de ir a ver nada, aprovechamos para comernos un perrito caliente cada uno. Posteriormente, descendimos las escaleras para bajar hasta el mirador. Era impresionante ver lo que había hecho la naturaleza. Enormes columnas hexagonales de basalto se encontraban en las paredes del cañón. Normalmente suelen ser estructuras verticales, pero en este desfiladero las podíamos ver tanto verticales como horizontales. Incluso las había que parecían retorcerse sobre sí mismas. Su formación es debida a la contracción de la lava basáltica a medida que se va enfriando lentamente. 

Las vistas desde el mirador son algo limitadas. Si se decide ir, es mejor hacerlo primero ya que lo mejor está al otro lado y luego sabrá a poca cosa. Eso sí, volver a subir las incontables escaleras del mirador cansa bastante.

Stuðlagil Canyon desde el mirador del lado oeste
Stuðlagil Canyon desde el mirador del lado oeste

Seguimos las indicaciones que vimos en el cartel, al cual le hice una foto, para ir a la parte este. Había que volver a la carretera, retroceder unos 5 minutos y tomar la salida que ponía Stuðlagil hasta llegar a un puente de hierro que cruza el río y que data de 1908. Aquí se encuentra el primer parking que está a unos 5 kilómetros del cañón. El siguiente parking está cruzando el río y está ya a 2.5 kilómetros, por lo que decidimos seguir el camino. Algo no cuadraba, la carretera era inmanejable. Íbamos dando brincos de un lado a otro y temía cargarme la camper en cualquier momento. Estaba sufriendo horrores y mi cara era todo un poema, pero logramos llegar. Miré la fotografía que le hice al cartel con el mapa, fue entonces cuando vi que ponía "P2: Only 4x4 cars!!!". No tuve que ser el único en no darme cuenta, porque se veían algunos coches normales allí aparcados.

Al poco de comenzar la ruta, se encuentra una bonita cascada repleta de columnas de basalto que se llama Stuðlafoss. Estoy seguro de que si esta cascada estuviera en otro lugar, cerca de la Ring Road, sería bastante conocida. Pero se trata de una pequeña parada para llegar a lo que realmente impresiona. De hecho, no aparece ni en Google Maps.

Stuðlafoss
Stuðlafoss

El sendero, que no entraña ninguna dificultad, te lleva hasta los pies del cañón e incluso al borde del río. Las vistas son asombrosas. Hay un pequeño montículo de basalto en mitad del río al que subimos para tener mejores vistas panorámicas. Sin palabras, las columnas parecían hechas a propósito por el ser humano.

Stuðlagil Canyon
Stuðlagil Canyon

Con esto finalizaba nuestra visita a Stuðlagil Canyon. La vuelta por el camino de cabras la llevé mejor, marchando a paso de tortuga. Teníamos más de una hora para llegar a Egilsstaðir donde pondríamos fin al día. El camping estaba casi repleto, por lo que reservamos para el día siguiente ya que haríamos 2 noches. Nos costó 4.000 coronas para 2 personas y estaban muy bien todas las instalaciones. Numerosas duchas, zona común con cocina, un pequeño parque para los niños... Y todo en muy buenas condiciones.

Para rematar el día, fuimos a los baños termales Vök Baths que están a pocos minutos de Egilsstaðir al pie del lago Urriðavatn. La entrada nos costó 5.990 coronas a cada uno. Vök Baths se inauguró en julio de 2019 y está diseñado por los mismos arquitectos del famoso Blue Lagoon. Cuenta con una piscina con bar y otras dos más pequeñas que se encuentran a nivel del lago con vistas infinitas. La temperatura del agua oscila entre 36º y 42º y tiene la particularidad de que no contiene minerales como el azufre o el sílice por lo que lo hace potable. Es posible bañarse también en el lago bajo tu propia responsabilidad. Rocío lo llegó a probar. Yo no vi la necesidad de sufrir estando tan calentito dentro de la piscina, se me hacía hasta difícil salir fuera de ella estando a 5º en el exterior.

Vök Baths y Lago Urriðavatn
Vök Baths y Lago Urriðavatn

Día 7: Borgarfjörður Eystri, Hafnarhólmi, Fardagafoss, Gufufoss, Seyðisfjörður y Hengifoss

El tiempo cambió radicalmente y el sol lucía en todo su esplendor. Emprendíamos el camino por la carretera 94 para conocer Borgarfjörður Eystri. Hasta hace unos años, el camino estaba en muy mal estado, pero hoy en día está asfaltada en su parte más sinuosa que transcurre entre montañas quedando todavía sin asfaltar un tramo que es completamente recto y que se encontraba en obras. Es una de las carreteras más bellas del país por sus paisajes. Bordea la sierra de Dyrfjöll, el lugar donde según las creencias islandesas vive la reina de los elfos, y ofrece numerosas rutas de senderismo. Destaca sobre todo el paisaje la inmensa muesca de Innra-Dyrfjall, su pico más alto con 1.136 metros de altitud. Nosotros paramos en varios puntos y nos quedamos con las ganas de hacer alguna de sus rutas que no hicimos por falta de tiempo. El paisaje de esta carretera nos enamoró por completo.

Carretera 94 con la sierra Dyrfjöll
Carretera 94 con la sierra Dyrfjöll

Llegamos finalmente al bonito poblado de Borgarfjörður Eystri que se encuentra envuelto de escarpados picos de riolita. El pueblo en sí es pequeño y se ve bastante rápido. Lindarbakki es su casa más pintoresca y es imposible no fijarse en ella. Se trata de una antigua casa de color rojo de 1899 con tejado de turba. Hasta hace poco, fue el lugar de residencia de verano de Elísabet Sveinsdóttir que adquirió la casa en 1979 y realizó, junto a su marido, un gran trabajo de renovación. Por este motivo  Lindarbakki se encuentra en tan perfectas condiciones. Los propietarios donaron la casa al municipio que se ha comprometido a mantenerla exactamente igual a como la dejaron.

 Lindarbakki
Lindarbakki

Tomamos una sopa de pescado calentita en Álfacafé, sentados con vistas al fiordo. Esta sopa es la especialidad del lugar y estaba bastante buena. El menú, que consistía en sopa (que podías repetir cuantas veces quisieras), pan y café, costaba 2.500 coronas.

Volvimos a coger la carretera 94 hasta su fin. A unos pocos kilómetros del poblado se encuentra Hafnarhólmi, un pequeño puerto con un islote en el que se encuentra la colonia de frailecillos más accesible de Islandia, donde anidan todos los años desde mediados de abril hasta principios de agosto. No las teníamos todas con nosotros y no estábamos seguros de si llegaríamos a ver alguno, pero rápidamente se disiparon las dudas. Vimos cientos de frailecillos revoloteando por el islote. Nos parecieron preciosos con ese pico que los hace tan particulares.

Frailecillos en Hafnarhólmi
Frailecillos en Hafnarhólmi

Con esto dábamos por finalizado Borgarfjörður Eystri y volvíamos dirección Egilsstaðir deshaciendo la carretera 94. Hicimos un pequeño alto en el camino al ver una caseta de color verde con unas mesitas con banquitos a su alrededor todo muy bien decorado. Estaba en mitad de la nada sin ningún sentido. Dentro de la caseta había una máquina expendedora con bebidas y chocolatinas que funciona con energía solar. También había un libro de firmas donde dejamos constancia de nuestro paso.

Máquina expendedora en carretera 94
Máquina expendedora en carretera 94

Un poco antes de llegar a Egilsstaðir nos desviamos hacia la carretera 93 que finaliza en Seyðisfjörður. Si antes comenté que la carretera 94 es una de las más bellas del país, la 93 no se queda atrás. Al poco de comenzar, nos detuvimos para ir a ver la cascada de Fardagafoss. La ruta transcurre por un desfiladero y tiene unas preciosas vistas al valle. El último tramo, el cual no hicimos, desciende hasta la misma cascada. Nosotros nos quedamos un poco antes, donde ya se podía contemplar Fardagafoss. En total son 2.4 kilómetros de recorrido.

Fardagafoss
Fardagafoss

La carretera tiene una pendiente considerable y transcurre por el paso de montaña de Fjarðarheiði con una elevación de 623 metros, pero las vista que hay en ella son increíbles. De hecho, esta es la carretera por la que desciende Walter Mitty en monopatín en la película "La vida secreta de Walter Mitty". En la parte más alta está el lago Heiðarvatn y, cuando empieza el descenso, podemos ver todo el fiordo rodeado de bellas montañas que todavía tenían nieve en su cima. Un poco antes de llegar a Seyðisfjörður, y junto a la carretera, se encuentra la fotogénica cascada Gufufoss.

Gufufos
Gufufoss

Llegamos a Seyðisfjörður, un pintoresco pueblo con casitas de colores a los pies del fiordo de mismo nombre y rodeado de montañas nevadas con cascadas de agua. Por algo tiene la fama de ser el pueblo más bonito de Islandia. Además, tiene la calle más fotografiada del país con un arcoiris pintado sobre el suelo y la Iglesia Azul como telón de fondo. Antiguamente, tenía un carácter fuertemente pesquero, pero hoy en día el ambiente en este lugar es distinto con una comunidad internacional de músicos, artistas, artesanos y estudiantes.

El pueblo estaba muy animado, quizás porque los miércoles se realizan conciertos en la Iglesia Azul y los jueves por la mañana parte el ferri hacia Dinamarca. En el momento en que llegamos estaba finalizando el concierto y pudimos ver el interior de la iglesia. Dimos un agradable paseo entre las bonitas casas de Seyðisfjörður. Muchas de ellas fueron construidas por los noruegos que trajeron las piezas desmontadas desde su país natal. Finalmente, degustamos un tartar de trucha del ártico por 2.500 coronas en el restaurante del Hotel Aldan. También probamos por primera vez la cerveza islandesa, aunque no me terminó ni su sabor ni su precio que salió por 1.200 coronas la pinta.

Seyðisfjörður
Seyðisfjörður

De nuevo nos dirigíamos hacia Egilsstaðir deshaciendo los 30 kilómetros de la carretera 93. Posteriormente tomamos la 95 para terminar desviándonos por la 931 que bordea la parte sur del lago Lagarfljót, el lago más largo de Islandia. Dicen que por sus aguas vive el gusano Lagarfljótsormurinn y numerosas personas aseguran haberle visto, incluso hay algún vídeo donde lo demuestran. Quién sabe si podría tratarse de algún pariente del famoso monstruo del Lago Ness.

Según un cuento popular, una madre le regaló a su hija un anillo de oro y le indicó que la mejor manera de sacar provecho del oro era colocándolo debajo de una babosa. La niña, siguiendo las indicaciones de la madre, puso el anillo debajo de la babosa y lo colocó dentro de un baúl. Al cabo de unos días, la babosa había crecido tanto que el baúl acabó cediendo y la niña, asustada, arrojó a la babosa y el oro al lago Lagarfljót. La babosa siguió creciendo hasta convertirse en el monstruo que dicen algunos que han llegado a ver.

Llegamos sobre las 21h al parking donde comienza la ruta hacia Hengifoss, una de las cascadas más altas del país con 128 metros de altura que se encuentra en el curso del río Hengifossá. Aunque era tarde y había algo menos de una hora de camino aproximadamente para llegar hasta ella, el sol de medianoche era nuestro aliado. La ruta tiene un continuo ascenso que se pronuncia algo más en algunos tramos, pero en general es sencilla. A mitad de camino nos encontramos con Litlanesfoss, una bonita cascada con columnas de basalto que también se encuentra en el curso del río Hengifossá. El sendero es bastante agradable y transcurre por terrenos privados, por lo que cada vez que se abre una puerta hay que asegurarse de dejarla cerrada para que no se escape ninguna oveja. En el tramo final, cruzamos un pequeño arroyo. Nada complejo ya que solo mojamos las suelas de las zapatillas.

Litlanesfoss
Litlanesfoss

Y al fin llegamos a Hengifoss. Un pequeño mirador marcaba el final del camino. La cascada cae en recto por una enorme pared con capas de estratos de lava basáltica en la que destaca sus franjas rojizas provocadas por la oxidación del hierro y la arcilla. La belleza de la cascada compensaba el esfuerzo del camino, sobre todo con todo el trote que llevábamos del día completo.

Hengifoss
Hengifoss

Con esto poníamos fin a nuestro día. Tocaba volver hacia la camper. En total fueron cerca de 5 kilómetros ida y vuelta. Volvíamos de nuevo a Egilsstaðir que nos había servido como base para conocer esta parte tan maravillosa de Islandia. Fue un día perfecto tanto en tiempo como en todas las cosas sorprendentes que vimos.

Día 8: Reyðarfjörður, Fáskrúðsfjörður, Stöðvarfjörður, Breiðdalsvík y Djúpivogur

El día comenzó soleado. Abandonamos Egilsstaðir para tomar la Ring Road y recorrer el resto de fiordos del este. El primero al que nos dirigimos fue Reyðarfjörður, saltándonos Mjóifjörður porque habíamos leído que la carretera para llegar a él estaba en bastante mal estado. El tiempo comenzaba a cambiar y los primeros nubarrones se asomaban a medida que nos acercábamos a Reyðarfjörður. El poblado, que está a los pies del fiordo, no tiene mucho que ofrecer. En la década del 2000 se construyó allí una enorme fábrica de fundición de aluminio de 2km de largo que puso en alerta a los ecologistas, pero que ha significado una fuerte fuente de ingresos para Reyðarfjörður y los pueblos vecinos. Nos llamó la atención encontrarnos, tanto en éste como en otros pueblecitos aledaños, a jóvenes trabajadores españoles manteniendo las zonas ajardinadas públicas.

Nuestra siguiente parada fue en Fáskrúðsfjörður. Esta población se hizo popular a finales del siglo XVIII cuando los pesqueros franceses trabajaban allí en las duras temporadas invernales. Como gratitud, las calles están rotuladas tanto en islandés como en francés. Construyeron un hospital, un consulado y una capilla francesa. De todos ellos sigue quedando en pie el hospital que fue restaurado por completo y hoy en día alberga un hotel y un museo dedicado a los pescadores franceses que habitaron Fáskrúðsfjörður. Nos sorprendieron los numerosos arroyos que descendían de las montañas y cruzaban el pueblo por túneles grafiteados para terminar desembocando en el fiordo.

Fáskrúðsfjörður
Fáskrúðsfjörður

Continuando por la carretera 1, y llegando a la desembocadura del fiordo Fáskrúðsfjörður, hay unas casitas abandonadas donde paramos. Allí se encuentra el pequeño faro naranja de Hafnarnes desde el que pudimos contemplar todo el fiordo. La mayoría de los faros en Islandia suelen ser naranjas y de base cuadrada. No destacarán por ser los más bonitos, pero sí por los paisajes que los rodean.

Faro de Hafnarnes
Faro de Hafnarnes

Llegamos a Stöðvarfjörður, una diminuta población de menos de 200 habitantes dedicada a la industria textil y pesquera que se encuentra en la parte norte del fiordo homónimo. Dimos un pequeño paseo buscando algo abierto, pero aquello parecía un pueblo fantasma. Solo nos cruzamos con un turista que se dirigió hacia nosotros como si de un zombi se tratase y nos dijo: "no hay nadie". Al menos tenía unas bonitas vistas a los peculiares picos del Monte Sulur, situado en la parte sur del fiordo.

El actual reclamo turístico de Stöðvarfjörður es Steinasafn Petru, la colección de piedras de Petra. Lo único que estaba abierto. Petra fue una señora cuya afición era coleccionar piedras y, un un día, como su colección había crecido tanto en su jardín los turistas empezaron a llamar a su puerta para pedir permiso y verla. La mujer murió en 2012 y ahora sus hijos gestionan esta casa-museo con un precio de entrada de 1.500 coronas. Entramos a verla con mucha curiosidad, aunque el precio lo vimos excesivo. En el interior se encuentra un pequeño bar que sirven sopas por 1.300 coronas, así que aprovechamos para tomar una sabrosa sopa de pollo picante mientras comenzaba a llover de manera abundante.

Steinasafn Petru con el Monte Sulur de fondo
Steinasafn Petru con el Monte Sulur de fondo

Dimos una carrera hacia la camper para mojarnos lo menos posible y marchamos hacia Breiðdalsvík. Situado en el valle de Breiðdalur, se encuentra rodeado de majestuosas montañas que se elevan a más de 1.000 metros de altura. Seguía lloviendo bastante fuerte y estuvimos durante un rato dentro de la camper pensando qué hacer. Finalmente, decidimos ir a Beljandi Brugghús, una cervecería artesanal bastante pintoresca que cuenta con cervezas de todo tipo. El precio de la pinta oscila entre las 800 y 1.500 coronas. Pedimos IPA, ya que nuestra anterior experiencia con la cerveza rubia nos pareció muy suave de sabor. En esta ocasión acertamos y nos gustó. En la cervecería solo había personas locales viendo un partido del europeo de fútbol femenino. Jugaba Islandia contra Italia. Nos pareció curioso ver a una mujer tejiendo un jersey de lana mientras veía el partido. En Islandia, las mujeres aprovechan cualquier momento y lugar para tejer ropa. Pero más curioso resulta cuando vas a grandes tiendas de ropa en Islandia y ves que en las etiquetas de los jerseys, además de indicar su prohibitivo precio, aparece el nombre de la mujer que lo tejió, el lugar y la fecha. 

La tormenta duró lo que dura una cerveza. Al salir, un sol radiante lucía de manera espectacular. Los niños jugaban en las colchonetas hinchables sin importarles pisar charcos de agua. El edificio más destacable del poblado es el Hótel Breiddalsvik, con un arco iris pintado en su entrada. Google nos marcaba que había un paso de peatones pintado en 3D delante del hotel, pero ya no existe.

Breiðdalsvík
Breiðdalsvík

Nos volvimos a poner en ruta. Nos detuvimos varias veces antes de llegar a Djúpivogur. Con el sol, podíamos disfrutar más de los paisajes que nos ofrecía el fiordo Berufjörður, con sus playas de arenas negras y flanqueado por montañas donde destaca sobre todo Búlandstindur con su forma piramidal. ¡Hasta nos había salido un bonito arco iris!

Djúpivogur se encuentra ya en la desembocadura del Berufjörður. Su mayor actividad es la pesca, de hecho posee uno de los puertos más antiguos del país encontrándose activo desde el siglo XVI. Cuenta también con varios edificios históricos siendo el más antiguo de todos el Langabúð, un antiguo almacén de troncos que data de 1790. Además, Djúpivogur pertenece a la Red de Cittaslow (Ciudad lenta) cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida evitando la globalización y tener así una identidad propia.

Langabúð y el puerto de Djúpivogur
Langabúð y el puerto de Djúpivogur

Dimos un agradable paseo desde el puerto hasta Eggin í Gleðivík, una obra al aire libre del escultor Sigurð Guðmundsson con 34 huevos enormes de granito que representa cada uno a un ave local. Por el camino, vimos también otra casa-museo de otro coleccionista de piedras. Debe de ser deporte oficial recoger piedras en Islandia...

Nos dirigíamos ahora al camping de Höfn, la mayor población del sureste de Islandia. El coste del camping fue de 4.000 coronas para 2 personas y la ducha tenía un coste adicional de 100 coronas por 3 minutos de agua. Tiene mucha capacidad, pero tiene escasez de duchas. Aunque para variar, no tuvimos que hacer cola para usarlas.

Y con esto pusimos fin a los bonitos fiordos del este. Los más bonitos sin duda fueron Borgarfjörður Eystri y Seyðisfjörður. El último día tuvimos la sensación de que se quedó algo flojo en cuanto a ver cosas espectaculares. Quizás, si el sol hubiera lucido como al final del día, hubiéramos disfrutado más de estos fiordos. 


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