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Guías de Canadá
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Niagara: Entre cataratas y casinos. (Niagara Falls)
03/06/2012

Uno de los puntos que visité cuando viajé a Canadá allá por el año 2010 fue las impresionantes y explotadas Cataratas del Niagara, y digo explotadas porque tanto yanquis como canadienses han sabido sacarle el máximo jugo a uno de los puntos más turísticos de sus respectivos países.

Estuvimos en la ciudad de Niagara Falls (Ontario), nada más llegar nos llevaron a comer a Skylon Tower, un enorme mirador de más de 200 metros de altura que alberga arriba un restaurante con buffet libre donde puedes contemplar la gran belleza de las cataratas. Sin duda una gran experiencia además de de un buen buffet muy variado, si vais os recomiendo probar el salmón. Para rematar nos dieron unos tickets para poder visitar el mirador de la torre por la noche. Sin duda, desde Skylon Tower obtendrás las mejores vistas del Niagara.

Una vez con la barriga llena, directos a ver las cataratas desde más de cerca. Allí se ofrece pequeños viajes en barco que te acercan a los saltos de agua para sentir su presión en primera persona, a pesar de las larguísimas colas esto hay que hacerlo sí o sí, sino lo haces no puedes decir que has visto las Cataratas del Niagara.

Es increíble sentir la fuerza del agua, el barco primero te acerca a la cascada estadounidense, también llamada cataratas Velo de Novia, esta no tiene la misma belleza visual que la canadiense y tiene una menor altura, 34 metros. Verás a mucha gente con chubasqueros bajando y subiendo la catarata por los laterales. Posteriormente te acerca a la cascada canadiense, con forma de herradura y de 52 metros de altura, es una sensación única cuando se va aproximando a ella, todo empiezan a volverse de color blanco, un ruido ensordecedor, cae agua por todos lados (asegúrate de ponerte el chubasquero y sobre todo no llevar zapatillas de tela como hice yo), hay que vivirlo, ver cómo al mismo barco le cuesta incluso dar la vuelta por la presión del agua, es la fuerza de la naturaleza en estado puro.

Tras esta experiencia inolvidable, a pesar de que algunos de los que lo realizaron no les parecía para tanto tras haber visitado las cataratas de Iguazú, nos tocaba hacer marcha por el pueblo y ver lo que se nos ofrecía. Niagara Falls es un pueblo hecho por y para el turismo, verás multitud de casinos, boleras, cualquier cadena de comida americana con decorados súper llamativos (atónito me quedé con el Burguer King), atracciones de feria por mitad de la ciudad, todo iluminadísimo, unas mini Vegas se podría decir. En la parte estadounidense también existe otro pueblo de igual nombre y mismas características.

Al caer la noche era momento de volver a Skylon Tower para contemplar las vistas, pues es en este momento cuando las luces se encienden en las cataratas, realizando varios juegos con los colores, un espectáculo que merece la pena verlo. Además tuvimos la suerte de que lanzaron un castillo de fuegos artificiales justo cuando estábamos arriba por lo que el recuerdo fue todavía mejor.

Para rematar visitamos algún bar de copas para tomar algo, los precios son un poco abusivos y sus horarios no son muy amplios, tampoco queríamos alargar mucho la noche pues tocaba descansar para hacer rumbo al día siguiente a otro lugar.

Pasamos la noche en el Hotel Radisson donde tuve también un grato recuerdo, y es que la ventana del hotel daba directo a la catarata canadiense, es un placer levantarse y que tu primera visión del día sea la hermosa cascada con forma de herradura escuchando a su vez la presión del agua, todo desde la cama.

Por último comentar que si pasas allí tu luna de miel, no se te olvide de pedir tu diploma, ya que es uno de los puntos favoritos de los estadounidenses y canadienses para ir a celebrar su noche de boda y te obsequian con un diploma para recordarlo.

Autor:ToniEscuder
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Una ciudad medieval en Canadá (Quebec)
07/06/2012

Me quedé enamorado de Quebec, una ciudad preciosa que mantiene su pasado medieval intacto dotándola de un encanto especial. Allí estuve poco más de un día y medio en verano del 2010 y la verdad, que para ser Canadá, cualquiera diría que hacía más de 30º, creo que tuve la suerte de coger la semana más calurosa de sus pocas semanas de verano.

Al llegar a la ciudad nos dieron una pequeña vuelta en autobús mientras nos explicaban un poco de su historia y algunas zonas de la ciudad, la verdad que no me gustó nada la visita guiada, sobre todo porque no bajamos del autobús y eso es un poco agobiante... El único lugar donde pusimos pie fue en el Parc des Champs-de-Batalle (Parque de los campos de batalla), en este sitio tuvo lugar la batalla de las llanuras de Abraham, una guerra tan larga que apenas duró 30 minutos y sirvió para que los ingleses se apoderaran la ciudad francesa. Ahora es uno de los pocos parques urbanos de la ciudad y en ocasiones es utilizado para hacer conciertos, con la llegada de las nevadas es el lugar favorito por los ciudadanos de Quebec para esquiar y jugar con la nieve. Además posee una exposición de cañones.

Durante la ruta nos enseñaron la zona de las facultades y el Parlamento que es uno de los edificios más impresionantes, finalmente aterrizamos en Place d'Armes situado en pleno corazón del Viejo Quebec y de ahí ya nos llevaron a nuestros hoteles, el nuestro era Hotel Universel, bastante lejos del centro histórico pero que lo compensaba con sus piscinas tropicales en las que me pegué un buen chapuzón antes de ir a dormir.

Al estar bastante lejos del centro y puesto que empezó a caer una tormenta veraniega bastante considerable, decidimos cenar en un restaurante que nos había aconsejado nuestra guía, nos había dicho que allí encontraríamos las hamburguesas más buenas de toda Canadá y... no se si será de toda Canadá, pero hasta la fecha es la hamburguesa más buena que he podido saborear, además de tener un tamaño gigantesco. El restaurante se llamaba Restaurant Chez Victor y estaba localizado en un edificio con forma de triángulo a escasos metros del Hotel.

Al día siguiente hicimos una pequeña excusión por la mañana que incluía el Cañón de Santa Ana, el Santuario de Santa Ana de Beaupré y las cataratas de Cataratas de Montmorency (las más altas de Quebec de 83 metros de altura). Había ganas de ver un poco de naturaleza en Canadá y el senderismo realizado por el cañón de Santa Ana era de agradecer.

Al mediodía, de vuelta a Quebec, comimos en el edificio emblema de la ciudad, el Hotel Châteu Frontenac, construido en el año 1892 y que reemplazaba el hogar de los gobernadores. Este gigantesco castillo fue construido por la compañía de trenes Canadian Pacific Railway para promover el turismo entre las familias más ricas de Canadá, ofreciéndoles alojamiento en cada punto en el que el tren paraba, no se yo si era buena idea sabiendo que con las nevadas de allí poco tren van a poder usar...

Al salir de Châteu Frontenac, (por cierto, excelente buffet, comí de maravilla), nos dejaron la tarde libre para visitar el centro histórico, lo primero que llamaba la atención era precisamente que los habitantes de la ciudad iban disfrazados de medievales pues justamente coincidíamos en fiestas locales, por lo tanto el contraste de casco antiguo medieval junto a las personas vestidas de la época era genial. También llamaba mucho la atención que allí la gente que mendigaban no eran mendigos tal cual, si no que todos te ofrecían algún tipo de espectáculo callejero, y es que Quebec es la cuna del Cirque du Soleil, que arte que tienen, te quedabas mirando lo que hacían con mucho gusto.

La mejor manera de ver el Viejo Quebec es callejear sus calles, todas son encantadoras, el centro histórico está dividido en dos partes, La Ciudad Alta (que está amurallada) y la Ciudad Baja, que se encuentran unidas por un funicular, pero sinceramente merece la pena bajar sus numerosos escalones para pasar de un lado a otro, además, así se hace un poco de deporte.

Si queréis hacer alguna compra, su calle principal es Rue du Petit-Champlain, una calle muy pintorescas llena de tiendecitas, fijaros bien en las casas, algunas tiene unas pinturas sobre la pared impresionante... También es recomendable pasear por Terrasse Dufferin, un paseo que comienza desde Châteu Frontenac, es bastante agradable, nosotros nos sentamos un rato a descansar allí, verás puestecitos de helados (si es verano claro), músicos urbanos tocando y además es un buen lugar para ver el río San Lorenzo y tomar alguna foto de Châteu Frontenac.

Llegaba ya la noche y era ya la última oportunidad de disfrutar de Quebec, y... ¿que mejor manera que ver el Cirque du Soleil? Nos comentaron que allí, los alumnos recién salidos del circo, realizaban un espectáculo al aire libre todas las noches de forma gratuita. Fuimos allí no esperando gran cosa debido a que esperábamos ver principiantes pero... todo lo contrario, fue un espectáculo impresionante, nunca había visto el Circo del Sol pero la gente allí presente que había estado en espectáculos de pago me comentaron que no tenían nada que envidiar, que eran increíblemente muy buenos.

De esta bonita manera despedí Quebec, con un precioso espectáculo que se me quedó grabado, en medio de una ciudad medieval con la gente vestida de la época... simplemente me quedé enamorado de Quebec...

Autor:ToniEscuder
Votos2
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La ciudad cosmopolita de Montreal (Montreal)
15/06/2012

Si tuviera que elegir una ciudad para vivir en Canadá esa sería sin duda Montreal, una ciudad cosmopolita donde todo está bien visto, un cruce de estilos, razas y cultura dentro de una ciudad preparada para el duro frío invernal y dotada de edificaciones e infraestructuras modernas mezcladas con su historia.

Estuvimos en Montral dos días, los suficientes para conocer la ciudad y hacerte a ella. Empezamos realizando un minitour que organizaba la agencia con la que fui, partía de la basílica de Notre-Dame que a pesar de su fama no me pareció gran cosa, lógico si soy Europeo... dónde las catedrales e iglesias son verdaderas obras de arte... De allí marchamos al lago de los castores, se encuentra en la colina Mount-Royal donde los habitantes de la ciudad van allí a hacer picnics, pasear, practicar algo de deporte o simplemente contemplar las hermosas vistas donde se divisa toda la isla de Montreal, además allí se encuentran los cementerios de la ciudad.

Por último entramos dentro de la ciudad subterránea, una red de túneles de más de 30 kilómetros que unen los edificios más importantes de Montreal, centro comerciales y estaciones de metro. Dimos una pequeña vuelta por dentro y salimos al exterior donde se encontraba la Iglesia de Cristo, una pequeña iglesia situada en pleno distrito financiero.

Tras finalizar esta pequeña presentación de la ciudad nos llevaron a los hoteles, el nuestro era Holiday Inn Express que contaba con una habitación grandísima, cocina y un salón de estudio, se encontraba pegado al barrio chino y a escasos metros del Viejo Montreal (casco antiguo) por lo que la situación era perfecta.

Llegaba el momento de explorar la ciudad por cuenta propia, el primer destino fue Champ de Mars y Place de la Dauversiere, donde se encuentra el ayuntamiento y las cortes de justicia, también está la polémica columna de Nelson en honor al almirante británico, cabe destacar que este monumento se realizó antes que el de Londres. Bajamos por la plaza de Jacques Cartier (realizada en honor al explorador que se le considera fundador de la ciudad) hasta llegar al muelle del viejo puerto, un lugar explendido para pasear donde además se estaba realizando un festival de música reggae. A partir de aquí decidimos callejear las calles del Viejo Montreal y ver sus distintos edificios como el Centro de Historia, situado en una vieja estación de bomberos, o Marche Bonsecours que se trata de un mercado lleno de tiendas artesanas. Finalmente desembocamos a los enormes rascacielos en pleno centro de la ciudad.

Comenzaba a anochecer y tocaba cenar, decidimos probar el famoso McDonalds y comprobamos que efectivamente, existen tamaños muchos más grandes que los de aquí, normal que la gente de allí tuviera esos tamaños... a lo ancho... Para finalizar el día decidimos salir de fiesta por una zona que nos habían recomendado, tomarte un tercio de cerveza era carísimo y el ambiente era de todos los colores.

Al día siguiente lo dedicamos para hacer un largo camino... bajamos hasta el viejo puerto y nos dirigimos a pata hacia la isla Santa Elena, por el camino pasamos por el Silo nº5 y el edificio del Habitat 67, un llamativo complejo construido en la expo del 67 que pasó a ser reutilizable para vivienda. El camino era largo pero valía la pena, las vistas de Montreal eran espléndidas. Finalmente llegamos a la isla, se trata de un parque que recibe el nombre de Jean-Drapeau por el que pasa el circuito urbano de F1 del gran premio de Canadá, allí se encuentra la Biosphère, un museo dedicado al agua que también fue construido para la expo y actualmente es uno de los símbolos de la ciudad. Es gratificante darse paseo y disfrutar del parque, además fue la primera vez que vi un castor.

Era el momento de comer, salimos de la isla en metro y nos fuimos hacia el barrio latino, un lugar donde los precios son algo más bajos y se come muy bien. Allí descubrimos un restaurante que tendría más de 50 televisiones dentro retransmitiendo eventos deportivos de todos los gustos, los costillares estaban de muerte y quedabas totalmente lleno.

La tarde la destinamos para ir a ver los rascacielos de la ciudad, pasamos por Mary Queen of the world Cathedral que se trata de una réplica de la Basílica de San Pedro de la ciudad del Vaticano y que crea un gran contraste con los edificios modernos de alrededor, Windsor Station que es la estación de tren y finalizamos en Centre Bell, el estadio de Hockey de los Canadiens, uno de los equipos más laureados de todos los tiempos en este deporte (una pena no visitarlo por dentro pues se iba a realizar un concierto).

A la noche volvimos a bajar al viejo puerto, allí se celebraba una competición de fuegos artificiales por países, esa noche tocaba a Francia, como buen valenciano que soy, me pareció soso y lento. Tras finalizar fuimos a tomarnos unas cervezas al barrio latino y a descansar al hotel.

Llegaban nuestras últimas horas en Montreal, el avión salía al mediodía y teníamos que aprovechar bien la mañana de la que disponíamos. Nos marcamos una misión, volver a recorrer por última vez el Viejo Montreal, pasear por la parte moderna hasta Centre Bell y volver por la ciudad subterránea hasta el hotel, esto último era un gran reto, pues la chica que nos hizo el minitour el primer día nos contó que le costó 3 años aprender a moverse por los túneles sin perderse, desde luego exageró porque todo estaba muy bien indicado y pudimos llegar sin problemas.

Era asombroso moverse bajo tierra entre centro comerciales y túneles desérticos dignos de una película de suspense, íbamos desembocando en algunos de los edificios más importantes de la ciudad como el palacio de congresos, a destacar también Eaton Centre, uno de los centros comerciales más importantes de la ciudad con varios pisos de profundidad.

Así finalizó nuestra aventura canadiense, Montreal junto a Quebec, fueron las ciudades que más me gustaron de Canadá del Este, un lugar que si no fuera por el frío invernal... me pensaría muy seriamente irme allí a vivir.

Autor:ToniEscuder
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