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Crónicas desde Myanmar. Un viaje de 18 días por nuestra cuenta.

Autor: ToniEscuder - Fecha de creación: 06/04/2019

Era nuestro primer viaje al sudeste asiático y no, no elegimos Tailandia, elegimos Myanmar. Mi pareja y yo nos enamoramos del país antes de ir después de haber visto fotos de Bagan y pensamos que, al haberse abierto recientemente al turismo tras la dictadura más larga de la historia, sería un país más auténtico donde el turismo no estaría masificado. Para muchos, esto último sería por lo que descartarían Myanmar como primer país a visitar del sudeste asiático, para nosotros fue todo lo contrario.

Compramos los billetes de avión por 660€ i/v por persona sobre el mes de mayo con la compañía Cathay. Nuestro vuelo sería Madrid-Hong Kong-Yangon. Más de 17 horas de vuelo más las horas de escala. Ahora ya nos quedaba más de medio año para planificar nuestra ruta y reservar los distintos alojamientos para los 18 días que duraría el viaje -incluyendo el día de llegada y el de partida. 

Tras darle muchas vueltas a la ruta y ayudándonos de la Lonely Planet, finalmente decidimos ver el país de la siguiente manera: Yangón, Bagan, Mandalay, Hispaw, Lago Inle, Bago, Golden Rock y vuelta a Yangón. Intentamos meter Ngapali y Hpa-An, pero no vimos la manera de encajarlo, quizás en otra ocasión... Por otra parte, para ahorrar en tiempo, decidimos comprar 3 vuelos internos que serían Yangón - Bagan, Lashio - Heho (este sería para pasar de Hsipaw a Lago Inle) y Heho - Yangon (para ir desde aquí a Bago). Además, para el recorrido Yangón-Bago-Golden Rock-Yangon, contratamos un guía/conductor privado para aprovechar bien el tiempo y porque queríamos llegar a Yangon para celebrar allí la nochevieja. Esta persona estaba recomendada por varios foros de Internet y la verdad que es un chico muy agradable. Su nombre es Thaung Kyi y, por si algún día os interesa, su correo electrónico es thaungkyi75@gmail.com.

En cuanto a la reserva de alojamientos lo realizamos todos por Booking. Nuestra condición número uno es que tuvieran baño privado con ducha y luego ya mirábamos la puntuación, precios y los comentarios. La verdad es que creo que hicimos buenas elecciones ya que, por lo general, quedamos bastante satisfechos con todos. Los precios y nombres los iré comentando a medida que vaya hablando de ellos.

Sobre visados, hay que tener en cuenta que es necesario la tramitación de visado. Es muy sencillo y se hace todo online en la web https://evisa.moip.gov.mm/. Solo hay que rellenar un formulario con tus datos, adjuntar una fotografía y pagar 50$. La tramitación puede tardar hasta 3 días laborables, en nuestro caso lo tuvimos al día siguiente. El visado es válido durante 90 días desde el día de expedición y te da acceso para una estancia de hasta 28 días en el país. Nosotros lo solicitamos un mes y medio antes de ir.

En lo que respecta a vacunas, fuimos al centro de vacunación internacional de Valencia que se localiza en el puerto. Fueron 3 vacunas las que nos recomendaron y tomamos: hepatitis A, fiebre tifoidea y malaria. La hepatitis A es un pinchacito; la de la fiebre tifoidea es bebida y son 3 dosis que se toman durante 3 días alternos; y la de la malaria son unas pastillas que te tienes que tomar cuando entras en zona de riesgo y tienes que seguir tomándote hasta 7 días después de salir de dicha zona.

También estuvimos sumergiéndonos un poco en la historia de Myanmar, antigua Birmania. El país ha estado sometido a una dictadura de 50 años y, aunque existe un gobierno democrático liderado por la premio nobel de la paz Aung San Suu Kyi, los militares siguen teniendo gran poder en el país. Vimos la película "The Lady", la cual recomiendo, donde explica bastante bien lo sucedido durante la dictadura y como se pasó a tener un gobierno. Algo que sorprende también es la gran diversidad étnica del país, en total son 135 etnias reconocidas siendo los bamar (de donde procede el nombre de Birmania) la mayoritaria con el 68% de la población. Y no hay que pasar por alto que el 88% de la población es budista de la escuela theravada que es el budismo antiguo, y esto se ve claramente influenciado en su cultura y costumbres.

Como nos enamoró Bagan, quise hacerle un regalo a mi pareja: viaje en globo por los templos de Bagan. Hay 3 compañías de globos que son Balloons Over Bagan, Oriental Ballooning Bagan y Golden Eagle Ballooning. La temporada de vuelos es de octubre a marzo y los precios en las 3 compañías es prácticamente el mismo, oscilan entre los 300$ y 350$ por persona. Caro no, carísimo, pero queríamos hacerlo y yo quería sorprenderla. Reservé con un par de meses de antelación. Primero intenté hacer la reserva con Golden Eagle Ballooning, pero solo se podía pagar por PayPal y me dio errores a la hora de hacer el pago. Finalmente reservé con Ballooning Over Bagan que es la compañía más experimentada y famosa de las tres. En este caso pude pagar con tarjeta y no se me presentó ningún problema.

Y ahora paso ya a contar este increíble viaje día por día.

1º Día - Domingo 16 de diciembre de 2018. Yangón.

Tras una escala en Hong Kong que aprovechamos para ir a ver el Big Buddha, llegamos al Aeropuerto Internacional de Yangón sobre las 16h. Después de recoger maletas y cambiar algo de dinero (la moneda local es el Kyat y su código es MMK; el cambio estaba a 1€/1.750MMK) nos tocaba enfrentarnos a nuestro primer regateo. Los taxistas esperaban en la salida del aeropuerto para negociar con los turistas ya que los taxímetros no existen y en todo el país impera el regateo. Finalmente acordamos un precio de 12.000MMK para que nos llevara a nuestro hotel: Merchant Art Boutique Hotel.

La elección de este hotel fue por su cercanía a Shwedagon Pagoda ya que solo íbamos a pasar una noche en Yangón y queríamos aprovechar ese poco tiempo. Su precio fue de 25€ la habitación doble. El hotel estaba bastante bien, en las paredes de cada pasillo había distintos cuadros famosos pintados. La habitación era grande con ventana y baño privado (en realidad reservamos sin ventana, pero nos hicieron un upgrade de forma gratuita). Arriba tenía una agradable terraza desde la que se veía Shwedagon. Como nos entraba una consumición de bienvenida en la terraza, aprovechamos para descansar un poco mientras contemplábamos las bonitas vistas con la noche ya encima (sobre las 18h ya es de noche en estas fechas).

Tocaba visitar el templo más sagrado del país. Se dice que Shwedagon Paya (paya es como se les conoce a las pagodas en el país) tiene más de 2500 años de antigüedad y que en su interior hay reliquias de hasta 4 Budas distintos, contando con un trozo de tela y 8 hebras de cabello que pertenecieron a Buda. Su estupa o zedi de casi 100 metros de altura está cubierta de oro, exactamente 27 toneladas de oro, y su hti (parte superior del zedi) está decorada con 5448 diamantes y 2317 rubíes. Además, existen otras 64 estupas menores y una docena de templos a su alrededor, entre ellos Naungdawgyi Paya que se alza en el lugar en el que se consagraron los 8 pelos de Buda que llevaron dos hermanos mercaderes al rey Okkalapa. En el siglo XV comenzó la tradición de dorar el zedi, la reina Shinsawbu donó su propio peso en hojas de oro que se usó para cubrir la estupa. Posteriormente, su yerno Dhammazedi quiso ser mejor y ofreció cuatro veces su peso y el de su esposa.

La entrada para los turistas es de 10.000MMK y, como en todos los templos del país, no se pueden llevar tirantes, pantalones cortos o rajados, calzado ni calcetines. A Rocío le hicieron ponerse un longyi (falda tradicional que usan tanto hombres como mujeres) a pesar de llevar un vestido largo hasta el tobillo, ya que tenía una pequeña raja y no les hizo mucha gracia. Para que te prestaran el longyi tenías que abonar 3.000MMK que al devolverlo te lo reembolsaban. Tuvimos mala suerte porque el zedi principal estaba en restauración y se encontraba totalmente cubierta por andamios de bambú. Aun así, es impresionante.

Si hay algo maravilloso en Shwedagon es la vida que respira. Personas que simplemente pasean, descansan, rezan o familias enteras pasando el día que vienen incluso con su tupper para comer. El ambiente te envuelve y te hace sentir un clima de tranquilidad dentro de una ciudad tan bulliciosa como Yangón. Es una sensación única. Algo que nos hizo gracia, y que vimos que se volvió en algo habitual, es que los lugareños querían hacerse fotos con nosotros. Al principio no entendíamos el motivo, luego vimos que los turistas occidentales no eran muy habituales en Myanmar.

Y con esta primera toma de contacto nos volvimos a nuestro hotel a dormir. Había que madrugar para partir a Bagan al día siguiente.

2º Día - Lunes 17 de diciembre de 2018. Bagan.

Nuestro vuelo salía a las 7.15h. Madrugamos mucho para salir a las 5h del hotel. En recepción nos prepararon un Lunch Box con el desayuno. Pillamos el taxi por 10.000MMK y no tardamos mucho en llegar ya que apenas había tráfico a esas horas.

Hubo varias cosas que nos parecieron muy curiosas en el aeropuerto (y que se hace extensible a todos los que pisamos). Para empezar, cuando vas a recoger tu billete ves que éstos los rellenan con boli en lugar de tenerlo informatizado. Al billete le pegan un numerito para identificar el equipaje y el mismo numerito se le pone a tu maleta. Al no tener cintas transportadoras un señor coge tus maletas y las va acumulando con la del resto de pasajeros, una vez tienen bastantes se las van llevando manualmente de una en una. También te dan una pegatina para que te la pongas de forma visible para así tenerte identificado por los operarios y saber en qué vuelo vas. En los controles de seguridad no hace falta que te quites nada porque te van a cachear igualmente. Todo muy manual y nada informatizado, pero todo ordenado.

El aeropuerto de Bagan está en la localidad de Nyaung U. El vuelo duró poco más de una hora y al aterrizar tenías que ir a una salita a esperar que sacaran todo el equipaje. De golpe empezaron a entrar hombres con las maletas en las manos y preguntando de quien era cada una, verificaban que el número de tu billete correspondiera con el de la maleta. En el mismo aeropuerto tienes que comprar el acceso a la zona arqueológica de Bagan que cuesta 25.000MMK por persona y es válido para 3 días. Los taxis tenían precio fijo dependiendo al lugar al que fueras. En nuestro caso, que era New Bagan, fueron 7.000MMK.

De camino a New Bagan se nos empezó a abrir la boca contemplando el paisaje. Templos y más templos, impresionante la imagen. Llegamos a Northern Breeze Hotel, un hotel bastante apañado, moderno y con una pequeñita piscina. Nuestra habitación era bastante amplia, situada en la primera planta. La conexión wifi no era una maravilla. Nos costó 63€ la habitación doble para 3 noches.

En recepción aprovechamos para indicar varias cosas. La primera era que teníamos reservado vuelo en globo para el día siguiente y no sabíamos si tenían que venir a recogernos. Rápidamente llamaron a la compañía y nos indicaron la hora a la que vendrían a por nosotros al mismo hotel. La segunda era que queríamos hacer una excursión al Monte Popa, nos lo ofrecieron por 10.000MMK cada uno y nos pareció bien. La última fue comprar un billete de autobús para Mandalay ya que era nuestro siguiente destino. Nos lo ofrecieron por 18.000MMK los dos.

Serían las 10h y teníamos todo el día por delante. Decidimos que la mejor opción era movernos en e-bike, que es lo que nosotros conocemos como moto eléctrica. Nunca antes habíamos cogido una por lo que teníamos bastantes dudas. En el mismo hotel se alquilaban por 6.000MMK el día completo y nos dejaron probarlas previamente. Finalmente arrancamos con ellas a recorrer los templos de Bagan. Al principio parece que no puedas controlar la moto, pero poco a poco te vas haciendo con ella. Es sin duda la mejor opción para moverte en Bagan.

Al poco de salir a la carretera empezamos a ver templos. Los reyes del antiguo reino de Pagán encargaron más de 4000 templos budistas, de esta manera se produjo un frenesí constructor que duró 230 años. Algunos templos han sido restaurados sin seguir el estilo de los originales y varios terremotos han dañado seriamente centenares de templos. El gobierno de Myanmar está intentando que se declare Patrimonio Mundial de la Humandad por la UNESCO y seguramente pronto lo será.

El primer templo donde paramos fue en Manuha Paya. Manuha fue el Rey Mon que logró convertir al Rey bamar Anawrahta, fundador del reino de Pagán, al budismo theravada. Tal fue su éxito que Anawrahta se llevó todo lo que encontró de valor a Bagan incluidas 32 colecciones del Tripitaka (escrituras budistas), a los monjes y al propio rey Manuha que lo encerró en este templo. En la parte trasera hay un pasillo con un enorme buda reclinado que apenas cabe dentro. Esto simboliza la incomodidad que el rey tuvo que soportar.

Posteriormente fuimos a visitar Shwezigon Paya. Se encuentra en la zona de Nyaung U y fue en la única pagoda que nos pidieron mostrar el ticket de la zona arqueológica de Bagan. Se construyó con la finalidad de que fuera el templo más importante de todo el reino. Su zedi dorado, y con forma de campana, sirvió de modelo para todas las que se construyeron posteriormente, incluida Shwedagon Paya. El templo también es famoso por ser el lugar donde fueron reconocidos los 37 nats prebudistas. Más adelante explicaré qué son los nats.

Como estábamos en el punto más alejado de la carretera principal, nuestra intención era deshacerla en dirección New Bagan e ir parándonos en los distintos templos que fuéramos viendo, pero ahora tocaba hacer una pequeña parada para comer. Nos detuvimos en el restaurante Queen que está en la misma carretera. Pedimos algo tipo wok que llevaba arroz blanco con distintas verduras y pollo para echarle y unas gambas en tempura; para beber un lassy de fresa y dos cocacolas que nos salió por un total de 16.000MMK.

Volvimos a nuestras motos y nos fuimos parando a un lado y a otro de la carretera, en cada cosa que nos llamaba la atención. Todo eran templos y más templos. Algunos de los que visitamos fueron Thakyapone, Shwe Leik Too, Htilominlo y Khaymingha, además de varios templos en ruinas en los que no se indicaba ningún nombre. De todos estos, puede que el que más nos gustara fuera el conjunto de zedis de Khaymingha, aunque el más famoso es Htilominlo por ser el lugar donde se eligió al Rey Nantaungmya; pero pierde cierto encanto con los vendedores que andan alrededor del templo.

El sol empezaba a caer y decidimos hacer nuestra última visita del día. Llegamos a Ananda Pahto, uno de los templos más bellos y mejor conservados de Bagan. Desde fuera nos llamó la atención su hti dorado que le da a la estupa 51 metros de altura. Sus alrededores están llenos de vendedores, pero al entrar a su interior todo se convirtió en un remanso de paz. Dentro hay 4 Budas de pie de 9 metros orientados hacia los cuatro puntos cardinales. Salimos a su patio a ver el atardecer. Observamos como la pagoda, gracias a sus pórticos, tiene forma de cruz griega. En las bases había azulejos vidriados que plasmaban escenas del Jataka. Mientras el sol caía, las paredes blancas del templo empezaron a adquirir un tono rosado. Nos sentamos en el suelo para disfrutar del momento mientras un grupo de monjas hacían acto de presencia. Se volvió en un momento mágico.

Con la noche ya encima nos volvimos de nuevo hacia el hotel. La carretera tenía poca iluminación en algunos tramos para ir con la moto y nos llegamos a perder dentro de New Bagan, pero preguntando se llega a todos lados. Había sido un día maravilloso y tocaba descansar para el gran día que nos esperaba.

3º Día - Martes 18 de diciembre de 2018. Bagan. Vuelo en GLOBO!!

Llegaba el gran día. A las 5.45h vinieron a por nosotros con un autobús Chevrolet de antes de la segunda guerra mundial. Iba tan emocionado que se me olvidó coger una chaqueta, hacía fresquito por la mañana, pero se podía aguantar. La carretera era una tranquilidad a esa hora. Nos llevaron hasta el punto de partida de los globos, en mitad de la nada.

Nos ofrecieron té y café para ir entrando en calor mientras nos explicaban como nos repartiríamos en los globos y quien iba a ser nuestro piloto. Tuvimos suerte, el nuestro se llamaba Fernando, un hombre nacido en Perú que había vivido en España. Así que, si de algo no me enteraba, podía preguntárselo en castellano sin problemas. Tras recibir la información básica de cómo comportarse en el globo, procedieron a inflarlos. Todo un espectáculo. Lentamente los globos se iban hinchando hasta que encendieron los quemadores. Fue en ese momento cuando nos subimos en ellos, había dos compartimientos para 8 personas cada uno.

Y de estar en la nada pasamos a estar en un mar de globos que levantaban el vuelo lentamente. Mirabas hacia abajo y te dabas cuenta de la razón que tenía Marco Polo que en uno de sus viajes describió Bagan como "una de las mejores vistas del mundo". Pudimos contemplar la llanura de Bagan llena de templos mientras el sol comenzaba a hacer acto de presencia. Un amanecer de ensueño. Fueron 45 minutos para el recuerdo en el que recorrimos la llanura de punta a punta. Destacaban los grandes templos como Shwezigon, Htilominlo, Ananda, Thatbyinnyu, Dhammayangyi, Sulamani, Dhammayazaka; todos ellos con el río Irawadi o Ayeyarwadi como telón de fondo. Una experiencia única e inolvidable.

Aterrizamos sobre una explanada de tierra que tenía pequeños campos de cultivo alrededor. Los locales se acercaban a los globos para darnos la bienvenida e intentar vendernos algunos suvenires. Teníamos una mesa preparada con bollería en la que finalmente brindamos con champagne como indica la tradición que implantó Jean-Francois Pilatre de Roziers y el Marqués d’Arlandes tras el primer vuelo en globo de la historia.

Y con todo esto, nos volvimos a nuestro viejo autobús para que nos dejaran de nuevo en nuestro hotel. Eran las 8 de la mañana y teníamos todo el día por delante para seguir explorando Bagan.

Volvimos a alquilar dos e-bikes, esta vez optamos por recorrer la Myat lay Road que es la carretera que une New Bagan con el aeropuerto. El primer templo que visitamos fue el de Dhammayazika, caracterizado por su forma pentagonal y su zedi dorado y rojo con forma de campana. En 2016 este templo sufrió graves daños por un terremoto y estuvo cerrado al público. Por suerte estaba completamente restaurado y fue uno de los templos que más nos gustó. Cuenta la leyenda que la construcción de la estupa se empezó bajo las órdenes de un general que murió antes de que se concluyeran las obras y su alma ahora vaga por el lugar apareciéndose en algunas fotografías. Qué pena, a nosotros no se nos presentó.

Continuamos nuestro recorrido hasta llegar al solitario templo de Shwe Tha Pate y posteriormente continuamos hasta Izza Gawna, donde coincidimos con un autobús turístico y estuvimos esperando a que salieran de su visita para entrar y verlo más tranquilamente. A pesar de ser pequeñito, tenía mucho encanto y muchos detalles e incluso pinturas en su interior. Cerca se encuentra el templo de Winido en el que paramos también para hacer una visita. Ninguno de estos templos los vimos indicado en ninguna guía turística.

Entre los dos últimos templos mencionados hay una torre horrible que rompe totalmente con la harmonía del lugar, pero sus vistas son impresionantes. Nan Myint Tower es un hotel con un estupendo mirador arriba. Pagamos 5.000MMK cada uno para acceder, un poco caro pero muy aconsejable. Las vistas son en 360º y se puede contemplar toda la llanura con sus templos. Además, una vez tienes la entrada, puedes volver en cualquier otro momento del día. Pensamos volver para ver el atardecer, pero el itinerario que hicimos finalmente nos lo impidió.

Con esto ya habíamos recorrido toda la carretera asfaltada: era el momento de meterse por la tierra. ¡Ya éramos unos expertos con las motos y nos atrevíamos con todo! La verdad es que es difícil perderse porque todo está bastante bien señalizado.

Nos dejamos llevar por unos cánticos de monjes que nos llevaron hasta Tha Beik Hmauk Gu Hpaya. No había nadie allí, pero los cánticos seguían escuchándose a lo lejos. Muy cerquita se encuentra Sulamani Pahto, que fue nuestro siguiente punto. A este templo se le conoce como la "joya de la Corona" y fue construido por Narapatisithu en 1181. Tras sus muros hay unos agradables jardines y el interior del templo es realmente bonito con grandes frescos pintados en los pasillos y tallas de estuco sobre molduras. 

El hambre apretaba, pero con otro templo topábamos, uno de esos que no paras de ver a lo lejos y ahora por fin lo teníamos enfrente. Dhammayangyi Pahto es de los pocos templos que no ha sido restaurado y se conserva en un buen estado. Fue construido por orden del rey Narathu para expiar sus pecados ya que había asfixiado a su padre y su hermano y ejecutado a sus esposas. Tras su muerte, el interior quedó sellado con cascotes como venganza. Es el único templo que exhibe dos Budas adyacentes siendo uno Gautama y otro Maitreya (futuro Buda). Esta anomalía se encuentra en el santuario oeste.

Pasadas las 15h continuamos con las motos hasta llegar a la Main Road: buscábamos un lugar para comer. Nos metimos en el restaurante Sarahba, muy cerquita de Ananda Pahto. Pedimos cada uno un plato de noodles fritos con pollo y para beber un total de 4 cocacolas, nos salió por 10.000MMK.

Aunque ya habíamos pasado un par de veces por allí, nos paramos a ver la Puerta de Tharabar, la antigua entrada de la ciudad amurallada de Bagan que data del siglo IX y está custodiada por dos nats, uno a cada lado. Los supersticiosos no suelen pasar por la puerta en moto o coche sin antes rendir una ofrenda a los nats para protegerse contra accidentes de tráfico. Nosotros tentamos a la suerte, somos así de valientes.

Empezaba a atardecer, fuimos a visitar Thatbyinnyu, el templo más alto de todo Bagan con 63 metros de altura. Todavía conserva su color blanco y su fachada es impresionante. Al lado está Shwegugyi que ofrece unas hermosas vistas sobre el templo anterior. El sol empezaba a caer y decidimos quedarnos en su terraza, desde la que se podía contemplar un mar de templos que iban cambiando de color a medida que el sol desaparecía.

Antes de que desapareciera la luz del día decidimos ir a ver Bu Paya. Fue divertido llegar, sobre todo por una conversación que tuvimos con una señora que al vernos dio por hecho que íbamos a este templo y señalando hacia una carretera nos dijo "Paya paya" y a lo que Rocío preguntó literalmente "¿Bu Paya pa'allá?" y la mujer volvió a contestar lo mismo riéndose. Fue bastante cómico. Al llegar había bastante ambiente. La pequeña estupa cilíndrica dorada está a orillas del río Ayeyarwadi y su origen es de la misma época que las murallas, aunque lo que vemos hoy en día es una réplica ya que quedó destruida tras el terremoto de 1975.

Ya era de noche, de nuevo nos tocaba hacer camino al hotel a oscuras. Tras pegarnos una ducha para quitarnos toda la tierra de encima, fuimos a cenar al restaurante La Pizza, que tras varios días de comida birmana apetecía tomar algo más conocido para nuestros estómagos. Una pizza bacon y una botella de cerveza Myanmar nos costaron 15.000MMK. En Myanmar cuando se pide cerveza suele haber dos marcas: Mandalay y Myanmar. Ambas son rubias y su sabor no está nada mal, es suave. Tienes la opción de pedirla en lata que son de 33 cl o pedir botella que son de 64cl.

4º Día - Miércoles 19 de diciembre de 2018. Monte Popa.

El día salió muy nuboso y la lluvia amenazaba. Sobre las 9h vinieron a por nosotros con un minibús para ir al Monte Popa. Éramos los últimos en recoger ya que solo quedaban dos asientos que, además, estaban separados. El trayecto duró dos horas e hicimos dos paradas. La primera fue en una vía de servicio bastante curiosa y la segunda fue para ver las vistas al Monte Popa. Llovía y había bastante niebla, pero aun así se podía ver perfectamente el monte con la silueta del templo. Parecía sacado de un cuento.

El monte Popa es un volcán extinguido de 1518 metros de altura que hizo erupción por última vez hace 250.000 años. En su cima se encuentra el pintoresco monasterio Taung Kalat. Se trata del hogar de los 37 nats, pero ¿qué son los nats? Antes de la llegada del budismo a Birmania, existían creencias animistas. Los nats son espíritus y fue el rey Anawratha quien los integró al budismo estableciendo 37 nats oficiales. A ellos se les pide ayuda para resolver los problemas terrenales. Por todo esto, el Monte Popa es uno de los lugares más sagrados del país.

El minibús nos dejó en la puerta y nos dijo que volverían en dos horas para recogernos y llevarnos de vuelta. Son 777 escaleras las que hay que subir para llegar hasta arriba del templo. Se ha de hacer descalzo, sin calcetines y acompañado de monos que andan a sus anchas dejando excrementos por todos lados. Y a todo esto hay que añadirle la dificultad de que, al estar lloviendo, las escaleras estaban mojadas y resbaladizas. Al menos los 777 peldaños están cubiertos bajo un techo de uralita. El acceso al templo cuesta 5.000MMK y durante toda la subida nos encontramos con personas que iban pidiendo una limosna por limpiar las escaleras. No sé si las limpiaban o restregaban las cacas de mono de un lado para otro. Hay trozos donde hay bastantes de estos animalitos y para que no molesten hay personas tirándoles conos de papel con comida en el interior, así se distraen y puedes seguir subiendo. Algo que llama la atención bastante son las personas mayores que suben hasta arriba, es de admirar.

Aproximadamente nos costó 30 minutos llegar al templo. Seguía lloviendo, aunque se podía ir sin paraguas. Todo el templo estaba resbaladizo hasta tal punto que Rocío patinó y se lastimó un poco el tobillo. Por suerte podía seguir andando, pero con algo de dolor. Sinceramente, el templo no es nada del otro mundo, pero hay que tener en cuenta su carácter religioso y lo que significa para los habitantes de Myanmar. Era una pena que todo estuviera con niebla, las vistas desde arriba tenían pinta de ser alucinantes, pero no veíamos nada. El patinazo y la lluvia provocó que no disfrutáramos nada en Taung Kalat.

Tras recorrer el templo de punta a punta, procedimos a bajar. Ahora íbamos con algo más de cuidado y bajamos lentamente agarrados a la barandilla. Una monja que iba delante de nosotros tuvo un pequeño percance con uno de los monos que se le enganchó a su falda y no la quería soltar. Hay que andarse con mucho ojo que estos animalitos son algo cabroncetes. Tardamos otros 30 minutos en bajar las escaleras.

Al cabo de un rato, nuestro minibús apareció para recogernos y llevarnos de nuevo a nuestro hotel. Nos fijamos en algo muy curioso que también sucedió a la ida: a medida que el minibús avanzaba, salían personas a la carretera que simplemente saludaban.

Cerca de las 16h llegamos a nuestro alojamiento. Nos pegamos una ducha para quitarnos toda la mierda y olor a mono que llevábamos encima. En mi caso, tiré directamente los calcetines a la basura. Todo nos olía a caca de mono.

¿Mereció la pena ir al Monte Popa? La verdad es que lo mejor que tiene son las vistas del monte con el templo en su cima desde lo lejos. Esa estampa es muy bonita, pero por lo demás no pensamos que valga la pena para un turista. Quizás si hubiera hecho buen tiempo o Rocío no hubiera pegado el resbalón, nuestro pensamiento sería otro. Quién sabe. De todas maneras, con el tiempo que hacía, tampoco era día para ir con la moto por los templos y meterse por zonas embarradas.

Fuimos a comer a 7 Sisters, un restaurante que está regentado por 7 hermanas cercano a nuestro hotel. Pedimos unos noodles fritos con cerdo y verdura, un curry de pollo con arroz de coco, un zumo de papaya y una cerveza Mandalay. Salió por 16.000MMK. Después de esto nos fuimos a descansar por el tobillo de Rocío, no había mucho más que hacer y no era necesario forzar la maquinaria. 

Antes de irnos a dormir, sobre las 22h fuimos a cenar a Ma Mae Naing, también conocido como el "inolvidable", situado también en New Bagan. Es un local muy humilde especialista en ensaladas y comidas para vegetarianos. Pedimos dos ensaladas: una de tomate y otra de pollo. Para beber un zumo de fresa y una cocacola. El precio total 4.500MMK, uno de los sitios más baratos donde comimos en todo Myanmar.

5º Día - Jueves 20 de diciembre de 2018. Bagan - Mandalay.

Un poco antes de las 8h se presentó un minibús en la puerta del hotel para recogernos. No teníamos claro si este sería el medio con el que llegaríamos a Mandalay hasta que llegó a un autobús donde nos dijeron que nos subiéramos. Los asientos eran un tanto incómodos, nuestras piernas no cabían y las ventanas tenían unas cortinas que podían pertenecer a una casa de los años 50. Nos esperaban 5 horas de viaje con tal incomodidad.

Nuestros asientos estaban numerados, pero el resto de sitios que sobraban los iba ocupando las personas que recogían por el camino sin orden ninguno. En cada parada de bus el acompañante del conductor se asomaba por la puerta y gritaba: "¿Mandalay?". Cuando ya todos los asientos estaban ocupados llegó lo que menos nos hubiéramos esperado al subirse dos mujeres. El acompañante del conductor sacó dos pequeños taburetes de plástico y los colocó en el pasillo donde las sentó.

Hicimos un par de paradas técnicas, en cada una nos recibían numerosas mujeres que llevaban grandes bandejas sobre sus cabezas con diferentes tipos de comida, ya fuera de picoteo, frutas o algo más elaborado. Nos llamó la atención su forma de descansar, de cuclillas o sentadas sobre sus propias chanclas.

Al llegar a Mandalay, nos indicaron que nos bajáramos para subirnos a una camioneta que nos llevaría hasta la misma puerta del hotel. Servicio de puerta a puerta. En este trayecto nos dimos cuenta de lo caótica que era la ciudad. Muchísimo tráfico, muchísimo ruido, ningún semáforo y a pasar por los cruces a lo loco. La ley del más fuerte o jamás cruzarás una calle. Los edificios eran altos y se veían en un mal estado de conservación. La primera impresión de la antigua capital birmana es de una ciudad sucia, fea, bulliciosa y muy caótica.

Por fin llegamos a Moon Light Hotel, nuestro alojamiento para las próximas 3 noches. Se encuentra muy cerquita de la estación de tren que era lo que más nos interesaba ya que para nuestro siguiente destino nos desplazaríamos en ese medio de transporte. Se veía bastante nuevo y las instalaciones estaban bien. Fue el sitio donde mejor conectividad WiFi tuvimos. Nuestra habitación doble salió por 52€ las 3 noches. Arriba del todo, donde está la cafetería, hay una agradable terraza con buenas vistas de la ciudad. En recepción reservamos un taxi para todo el día por 60.000MMK para ver las afueras de la ciudad el día siguiente y preguntamos para ir a algún sitio a comer, nos recomendaron el Shan Ma Ma.

Antes de ir a comer, nos pasamos por la estación de trenes a comprar nuestros tickets para Hsipaw. Después de encontrar las taquillas con dificultad, ya que todas las indicaciones estaban en letras birmanas, pero preguntando se llega a todos lados, el vendedor nos indicó que los billetes de tren solo se pueden comprar el día de antes. Nos pareció un poco raro y arriesgado, no podíamos permitirnos quedarnos sin billetes ya que solo hay un tren al día a las 4h de la mañana, pero no nos quedó otra que irnos y volver pasado el siguiente día.

Llegamos a Shan Ma Ma. Estéticamente el restaurante no dice nada, pero no hay que dejarse engañar por las apariencias. La atención al cliente es buenísima y tiene una amplía carta de platos locales. Pedimos pollo dulce y cerdo al limón, para beber un zumo de aguacate delicioso (en mi opinión el mejor zumo de frutas de todo el viaje) y agua. En este lugar es muy típico que te vayan sacando varios platos además de los que has pedido, en nuestro caso nos sacaron una sopa y un bol de arroz. La cuenta salió por 8.000MMK y comimos muchísimo. Hay que añadir que el agua no te lo cobran.

Pillamos un tuc tuc para ir al Mandalay Royal Palace. Nos cobraron 4.000MMK y dio una vuelta considerable ya que solo es accesible por la entrada este y cada lado de la muralla son más de 2 kilómetros de largo. Además, la carretera donde está la entrada, al ser de doble sentido, te obliga a acceder en dirección sur.

Para entrar al palacio tuvimos que comprar la Mandalay Archaeological Zone que costaba 10.000MMK y era válida para 5 días. Con ella puedes entrar a cualquier recinto histórico o religioso de la ciudad. La ciudadela interior está ocupada por los militares. Mientras caminábamos el largo camino que hay desde las murallas hasta el mismo palacio pudimos verlos entrenar. El palacio fue construido entre 1857 y 1859 por orden del rey Mindon Min al elegir Mandalay como la capital birmana. Albergó a la familia real hasta el 1885, año en el que fueron expulsados por los colonialistas británicos. Los edificios actuales del palacio son una reconstrucción del original ya que fueron bombardeados durante la Segunda Guerra Mundial. 

Subimos a una torre con vistas panorámicas del lugar. Desde ahí pudimos contemplar las distintas alturas de los edificios, que a pesar de ser todos de una planta, su número de agujas indica la importancia de éstos. El más alto es la gran sala del trono con 77 metros de altura. Los edificios adyacentes a éste eran los aposentos del rey y donde se reunía la corte suprema.

Sobre las 17.30h salimos del recinto y empezamos a andar alrededor de su muralla mientras el sol caía. La silueta se reflejaba sobre el agua del foso creando una imagen preciosa. Nos llevó unos 30 minutos llegar hasta la esquina de la muralla y allí detuvimos un taxi para volver al hotel que nos cambiaría por completo nuestra experiencia en Mandalay.

Hassim bajó del taxi y se presentó. Hablaba un inglés muy aceptables y estuvimos hablando un largo rato hasta que subimos al taxi (que lo pactamos por 3.000MMK). Se ofreció para enseñarnos la ciudad y los alrededores para los próximos días, le comentamos que ya teníamos un taxi privado para el día siguiente y al decirle el precio se enfadó mucho. Nos dijo que ese precio era abusivo y que el hotel se iba a quedar con gran parte de ese dinero. En cierta manera, ya sabíamos que contratar las cosas por el mismo hotel sale más caro y se llevan comisiones, pero siempre tienes cierta comodidad para hacerlo. Hassim nos ofreció lo mismo por 40.000MMK, pero entendió que dijéramos que no al tener ya dada nuestra palabra al hotel, así que ofreció su servicio para el día posterior por 30.000MMK para movernos por la ciudad durante todo el día. Aceptamos, acordamos una hora y nos despedimos.

Para rematar el día, nos tomamos unas cervezas en la terraza del hotel. Aprovechamos para planear lo que queríamos ver los próximos días.

6º Día - Viernes 21 de diciembre de 2018. Mingún - Sagaing - Inwa - Amarapura.

A las 8.30h nos esperaba Hann, nuestro taxista privado para todo el día. El trayecto iba a ser por las afueras de Mandalay, pero hicimos una parada previa en Mahamuni Paya, situada al sur de la ciudad. En su interior está una copia real de Buda Gautama ya que se cuenta que fue realizada con él en vida y tomándolo como modelo. Es por esto que es la imagen más venerada de Myanmar convirtiendo al templo en un centro de peregrinación religioso. Los estudios, en cambio, indican que, a pesar de ser una de las esculturas más antiguas que existen, es posible que se realizara 800 años después de la muerte de Buda. Todas las mañanas, sobre las 4.30h, suenan los tambores para anunciar el ritual del lavado del rostro de la estatua. Los devotos varones hacen ofrendas pegándole hojas de oro; las mujeres, en cambio, tienen que conformarse con verlo desde la distancia ya que tienen restringido el acceso. Nos cobraron 1.000MMK por la cámara fotográfica, no iba a ser gratis hacerle una foto al mismísimo Buda...

Continuamos el recorrido hacia Mingun. El taxi no paraba de pagar tasas por las carreteras, pero esta es la tónica en este país: las carreteras se pagan. Cruzamos por el puente que pasa por encima del río Irawadi y paramos un momento para contemplar la colina de Sagaing que está repleta de templos. Al llegar a Mingun lo primero que tuvimos que hacer fue pagar 5.000MMK para obtener el ticket que te da acceso a la zona arqueológica de Mingun y Sagaing. Hann nos dejó a nuestro libre albedrío y nos dijo dónde nos esperaría.

El primer lugar al que fuimos fue la pagoda de Hsinbyume. Sin palabras. Uno de los templos más bonitos que hemos podido ver y mira que lo habíamos visto por fotos mil veces, pero en persona es más impresionante. La pagoda está pintada íntegramente de blanco y sus 7 terrazas ondulantes representan las 7 cordilleras que rodean el mitológico monte Meru. El templo fue construido en memoria de la princesa Hsinbyume que murió dando a luz a su hijo en el lugar donde se alza la pagoda. Estuvimos bastante rato haciendo fotos de todo tipo, incluso grabamos un video para felicitar a mi hermana que ese mismo día cumplía años.

El siguiente punto que visitamos fue la enorme campana de Mingun. El rey Bodawpaya ordenó construir esta campana en 1808 con la intención de situarla en lo más alto del templo Mingun Pahtodawgyi que se estaba construyendo en aquel momento. Tras finalizar la construcción dos años después, el rey ordenó ejecutar al maestro artesano para que de esta forma no pudiera realizar otra similar. Echa en bronce, mide más de 4 metros de altura, 5 metros de diámetro y pesa 90 toneladas. Fue la campana más grande del mundo en funcionamiento durante décadas y no tiene mecanismo interno por lo que la única forma de hacerla sonar es golpeándola.

Y llegamos a Mingun Pahtodawgyi, el que iba a ser el templo budista más grande del mundo y que ostenta el récord de ser la mayor pila de ladrillos del mundo. Impresiona. Impresiona y mucho. Comenzó a construirse en 1970 por orden del rey Bodawpaya. Las obras se ralentizaron ya que corría la leyenda de que una vez finalizada el imperio birmano desaparecería, así que, tras la muerte del rey en 1819, el proyecto se canceló y solo quedó construido una tercera parte. 2 chinthes (animales mitológicos mitad león, mitad dragón) protegen el templo a la orilla del río, pero corrieron la misma suerte y se quedaron incompletos y con el paso de los años han quedado dos bolas gigantes de 29 metros de altura. Por si fuera poco, un terremoto en 1838 abrió enormes gritas sobre la fachada, aunque la verdad, le sientan muy bien ya que le dan un toque especial. Bordeamos completamente el templo, lo admiramos y lo disfrutamos. La historia de este lugar podía ser totalmente distinta si se hubiera finalizado esta obra faraónica.

Volvimos con Hann para continuar el camino, nos dirigíamos a la colina de Sagaing. Antes nos paramos a comer en Sagaing Hill Restaurant. El lugar estaba bien, aunque lleno de turistas. Pedimos bolas de pollo frito, pollo a la naranja, un bol de arroz y agua para beber, salimos a 12.500MMK los dos.

Subimos hasta Soon U Pon Nya Shin Paya, situado en la cima de la colina. Nos tocó pagar 300MMK por llevar cámara fotográfica. El templo en sí no es gran cosa a pesar de ser el más importante. Destaca un gran buda gigante y unas ranas de bronce que simbolizan la colina ya que se dice que tiene forma de sapo. Lo mejor de todo son las vistas desde la terraza donde se divisa toda la colina, un bosque verde lleno de pagodas blancas y doradas. Salvando las distancias, podría llegar a recordar a Bagan, pero estos templos son muchos más recientes y modernos. Hay que destacar que Sagaing fue la capital del imperio durante medio siglo y hoy en día es un centro de peregrinaje religioso.

Siguiente punto: Inwa. Desde 1364 ha sido cuatro veces capital de Birmania, antiguamente llamado Ava. Hann nos dejó en un embarcadero donde debíamos pillar un bote para llegar al lugar. El precio del bote es de 800MMK ida y vuelta y el trayecto dura apenas 5 minutos. Al llegar comenzaba el mayor show de turisteo que hemos visto en Myanmar y que en cierta manera se cargó el encanto del sitio. Un montón de carretas de caballos esperaban a los turistas que llegaban en el bote para recorrer Inwa. El precio era de 8.000MMK por las dos personas. En un principio nos negamos y éramos los únicos que todavía no se habían subido a la carreta. Tras insistirnos y decirnos que, si no subíamos andaríamos muchos kilómetros, finalmente accedimos. El recorrido es cerrado y todo el mundo visita lo mismo, cosa que no nos gustó ya que preferíamos ir más relajados por nuestra cuenta, aunque hay que destacar que nuestro cochero nos esperó todo lo necesario en cada lugar sin meternos ninguna prisa a pesar de que éramos siempre los últimos (para lograr estar solos en cada sitio).

El primer punto de la visita fue en Bagaya Kyaung, un monasterio de teca de 1834 que se apoya sobre 267 postes y que sigue teniendo actividad. Había que andar con cuidado para no clavarse los clavos que sobresalen del suelo y no tocar la teca ya que manchaba. La siguiente parada fue en Yadana Hsemee Pagoda Complex, un conjunto de antiguas pagodas de ladrillos con algunos budas que tenía mucho encanto, puede que fuera lo que más nos gustó de lo visitado en Inwa. Realizamos una parada en la torre del reloj de Nanmyin, una torre inclinada de 27 metros de altura que es lo único que queda del palacio real. No se podía subir ya que decían que su estructura estaba dañada y podía ser peligroso. Por último, visitamos el monasterio real de Maha Aung Mye Bom San. Se trata de toda una estructura maciza muy fotogénica, pero vacía. Con esto finalizaba nuestro recorrido a caballo y nos volvían a dejar en el embarcadero de vuelta. Inwa y sus alrededores son muy hermosos, pero se ha convertido en una atracción turística y eso hace que pierda toda la magia que podría tener.

Comenzaba a caer el sol y Hann nos llevó a uno de los lugares más bonitos para ver el atardecer: El puente U-Bein de Amarapura, penúltima capital del imperio birmano y que viene a significar "Ciudad Inmortal". El puente es el puente peatonal de teca más largo del mundo con 1300 metros de longitud sobre el lago Taungthaman y está sujeto por 1086 pilotes. Es todo un espectáculo el atardecer en este lugar, aunque lleno de turistas y locales que van a despedir los últimos rayos de sol del día, momento en el que todo adquiere un color anaranjado. Vale la pena ir también debajo del puente para ver los colores: la imagen con la silueta de U-Bein es preciosa.

Con esto dábamos por finalizado este día por los alrededores de Mandalay. Lugares con muchísima historia ligados al antiguo Imperio Birmano. Hann fue un chófer excepcional con el que pudimos hablar de muchísimas cosas para así aprender más sobre el país.

7º Día - Sábado 22 de diciembre de 2018. Mandalay.

Nos levantamos pronto para ir a la estación de trenes de nuevo. Esta vez sí pudimos comprar los dos billetes por menos de 8.000MMK en primera clase. Si hubiéramos querido ir en clase económica hubiera sido menos de la mitad, pero los asientos son banquitos de madera. Pedimos los dos asientos juntos al lado de la ventana después de que Rocío los señalara en un croquis. Tardaron lo suyo en darnos los tickets ya que tenían que escribirlo todo a mano y nuestros nombres les costaba horrores.

Al volver hacia el hotel, Hassim ya estaba esperándonos con una sonrisa. Comenzaba nuestro día dedicado a Mandalay.

Nos dirigimos al sur de la ciudad para visitar Shwe In Bin Kyaung, un monasterio budista de teca precioso que fue construido en 1895 por encargo de dos ricos mercaderes de jade chinos. El edificio se mantiene sobre 3 troncos de árbol y sus puertas y cornisas tienen grabados con escenas, algunas de ellas un tanto cómicas. Hassim entró con nosotros y nos estuvo contando algunas cosillas del monasterio, pero creo que se estuvo liando con otro porque contaba cosas de la realeza y este monasterio no tuvo tal uso, eso o que se estaba pegando la inventada del siglo.

Le pedimos a Hassim que nos llevara al barrio donde se trabaja la madera. Entramos en una tienda de artesanía donde estaban realizando algunos trabajos. Es impresionante el nivel de detalle que le llegan a dar. También hacían marionetas, y es que los espectáculos de marionetas son muy famosos en la ciudad. La sección de Budas de madera no tenía fin, los había de todo tipo. Por último, pudimos ver también como pintaban las figuras. Es una maravilla verlos trabajar. Cerca de este lugar está también el barrio donde trabajan el mármol, otro gran trabajo de artesanía donde realizaban las figuras de Buda.

Hassim nos esperaba con un par de plátanos que cogimos con una sonrisa. Le indicamos que queríamos ir a visitar el lugar donde hacían las famosas láminas de oro que ofrecen los religiosos en los templos y pegan sobre las imágenes de Buda. Nos llevó a King Galon, uno de los talleres más famosos de Mandalay de los más de 70 que hay. El sonido de los martilladores retumbaba por todos lados, golpeaban con mazos las hojas durante horas. En otra sala había personas haciendo un trabajo de "chinos" al estar realizando joyas con oro de forma artesana. 

Después de ver estos trabajos de artesanía, indicamos que queríamos ir a visitar Shwenandaw Kyaung. Por el camino, Hassim nos preguntó si no nos importaba desviarnos un momento ya que tenía unos problemas en el oído y quería visitar un médico. Nos pareció algo curioso y accedimos. Entramos al corral de una casa y allí había una mujer atendiendo a un paciente. Cuando le tocó a Hassim le quitó unos tapones del oído con un pincho. Problema solucionado y él contento de volver a escuchar bien. No todo quedó aquí, después de esto Hassim llamó a su mujer y le habló de nosotros, incluso nos pasó el teléfono para que habláramos con ella. Fue en ese momento cuando nos invitó a su casa a comer, de manera totalmente desinteresada. No pudimos decirle que no, nos parecía que podía ser una experiencia maravillosa.

Ahora sí, visitamos Shwenandaw Kyaung, un monasterio de teca que estaba antiguamente situado dentro del Palacio Real y servía como aposento de la familia real. Pensamos que era este templo con el que se lio Hassim cuando nos explicó el otro. El monasterio tiene unos tallados con muchísimo detalle, vale la pena perder tiempo y observar cada puerta y cada grabado porque son auténticas obras de arte. Se dice que el rey Mindon murió en su interior en 1878 y su fantasma se le presentaba al rey sucesor, así que éste decidió desmantelar el templo y volverlo a montar fuera del complejo del palacio. Desde entonces, pasó a ser un monasterio. Gracias a este acto, tuvo la suerte de salvarse de la destrucción tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

Al lado del monasterio está el templo Atumashi Kyaungdawgyi. No merece mucho la pena invertir tiempo en él. Es una reconstrucción de 1996 y dentro solo hay una grandísima y amplia sala vacía. En su día albergaba un Buda con ropa de seda y un gran diamante en la frente, pero tras la invasión británica desapareció.

Hassim nos esperaba para llevarnos a su casa a comer, previamente nos tomamos un omeprazol (protector estomacal) porque no sabíamos lo que nos íbamos a encontrar. Vivía a las afueras de la ciudad, en un pequeño poblado con chabolas con las calles sin asfaltar y sin tendido eléctrico. Entramos a su pequeña casa, apenas tendría 20 metros cuadrados. Disponía de una pequeña cocina, un sofá, una mesita, una cama y una tabla en alto donde ellos suelen pasar las horas. Su mujer, Fátima, nos dio la bienvenida con su hijo en brazos, que apenas tenía unos meses, y su hermana menor que tendría alrededor de 15 años. Era una familia musulmana, la segunda religión del país con un 4% de la población total. El origen de Hassim era indio. Su mujer nos sacó unos boles de arroz, sopa, pescado, frutos secos, huevos al curry y fruta. Hassim se sentó con nosotros a comer, con sus manos lo mezcló todo en el arroz y con sus manos comió. A nosotros nos sacaron cubiertos. Fátima y su hermana se sentaron con nosotros, pero no comieron, según Hassim ya lo habían hecho (ellas no hablaban inglés). Rocío no se cortó nada a la hora de comer, en cambio yo iba con bastante miedo de que algo me pudiera sentar mal. Hay que reconocer que todo estaba bastante bueno.

Estuvimos hablando de temas muy interesantes. Nos contó que su casa se la había regalado su jefe y que también su jefe había pagado los gastos sanitarios del parto de su mujer. Ahora él iba devolviéndoselo a medida que iba pudiendo. Hablaba muy bien de él y se le veía muy agradecido. Nos habló sobre el deficiente sistema sanitario y educativo ya que se destina muy poco presupuesto del estado a él. También nos habló del poder que tiene todavía el ejército, principal causa por la que Aung San Suu Kyi no logra llevar a cabo muchas de las reformas propuestas y el motivo por el que avanza todo tan lento. Nosotros estuvimos hablándole de cómo funcionaba España, nuestro sistema sanitario, educativo, jubilaciones y como se costeaba todo. Fue una conversación muy enriquecedora por ambos lados.

Cuando ya habíamos finalizado de comer, su mujer sacó un bol de madera y un tronquito de árbol. Nos enseñó como se hacía el tanaka, el cosmético que usa todo habitante de Myanmar y que sirve como protector solar. Machacaba el tronco y lo removía con un poco de agua hasta crear una especie de pasta amarilla. Primero le puso a Rocío en la cara y posteriormente me puso a mí.

Hassim nos preguntó que si no nos importaba que su mujer y la hermana de ésta fueran en el coche hasta la entrada a Mandalay ya que las iba a acercar a la casa de sus suegros. Lógicamente accedimos. Pasó algo gracioso y es que estaba vaciando el maletero para que la hermana de su mujer fuera ahí. En cuanto lo vimos, le dijimos que se sentara con nosotros, que no había ningún problema y que así lo queríamos. 

Fue una gran experiencia comer en casa de Hassim, de las mejores que tuvimos en Myanmar. De esas anécdotas que se quedan para siempre en el recuerdo. Siempre le estaremos agradecidos de que nos ofreciera la oportunidad de comer en su casa.

Tras dejar a Fátima y su hermana, nos dirigimos hacia Sandamuni Paya, ya al norte de la ciudad. Lo primero que llama la atención es la cantidad de estupas blancas con una loseta de mármol en su interior que rodean la pagoda. Para ser exactos hay 1774 estupas. En las losetas interiores hay comentarios sobre el Tripitaka, el libro sagrado del budismo. Desde la terraza de la pagoda se puede contemplar un mar blanco de zedis. Asombroso.

Cerca de este templo está Kuthodaw Paya, que al acceder podría darte la impresión de estar en el mismo templo de antes ya que también hay estupas blancas con losetas en su interior. En este caso hay 729 y en sus losetas está escrito el Tripitaka. Se dice que el conjunto de estas y las de Sandamuni Paya forman el libro más grande del mundo. Tengo que destacar que el tamaño de cada loseta es de metro y medio de alto por un metro de ancho aproximadamente, y las letras escritas son minúsculas. Cuando el rey Mindón convocó el Quinto Concilio Budista en 1871, empleó a 2400 monjes para leer las losetas sin descanso y relevándose los unos a los otros, tardaron 6 meses en leerlo al completo. Cuando entramos, había una especie de misa budista que le dio un toque místico. También pudimos presenciar como una pareja de recién casados con sus trajes de boda estaban haciéndose el book fotográfico.

Nuestra penúltima visita fue a Kyauktawgyi Paya, muy cerquita a estas dos últimas y pegado a las escaleras que suben a Mandalay Hill. En su interior hay un Buda de 9 metros de altura y 900 toneladas tallado en un solo bloque de mármol, se dice que 13.000 hombres tardaron 13 días en traerlo desde su punto de origen. En la terraza del templo hay un gran cuenco de limosnas e imágenes grabadas de la visita del rey Mindon en 1865. En este lugar se celebra una importante festividad entre finales de septiembre e inicios de octubre llamada Kyauktawgyi Pagoda Festival que llega a durar hasta 7 días.

Empezaba a caer el sol y queríamos ver el atardecer en Mandalay Hill. Hassim nos indicó el camino para subir, pero se tardaba 30 minutos y la verdad que con el calor que había hecho estábamos bastante cansados. Le pedimos que si nos podía subir arriba con el taxi y nos comentó que para eso le tendríamos que pagar 5.000MMK. Nos pareció un poco feo ya que lo que habíamos pactado era por día completo en Mandalay, pero como se había portado muy bien con nosotros aceptamos. Una vez arriba puedes tomar un ascensor o terminar de subir por unas escaleras mecánicas, nosotros fuimos por las escaleras. Luego tocó pagar 1.000MMK por permiso de cámara fotográfica. Las vistas son impresionantes y se ve la ciudad entera, es totalmente llana. Estaba lleno de turistas esperando la puesta del sol. Algunos grupos de locales aprovechaban para interesarse por la vida cotidiana de los occidentales, para ellos totalmente exótico. Contemplamos uno de los atardeceres más bonitos de todo el viaje, rematado por una luna llena espectacular.

Le pedimos a Hassim que ya nos llevara al hotel. Él nos ofreció de nuevo cenar con su familia, pero le dijimos que no porque estábamos ya muy cansados y al día siguiente teníamos que madrugar mucho para coger el tren a Hsipaw. Lo entendió y nos despedimos. 

8º Día - Domingo 23 de diciembre de 2018. Mandalay - Hsipaw.

Nos levantamos muy pronto, teníamos el tren con salida a las 4h. Cuando bajamos para realizar el pertinente check out nos encontramos con los trabajadores durmiendo en los sofás de recepción. En cuanto uno abrió el ojo despertaron todos y se pusieron rectos, nos dio un poco de pena molestarles así.

Marchamos con las maletas a rastras hasta la estación, menos mal que estaba muy cerquita del hotel. Menuda diferencia había en la ciudad, de verla como caótica y ruidosa a ser tranquilidad absoluta. No había ningún alma por las calles, ningún coche, ningún ruido, todo era paz y tranquilidad.

El tren ya estaba en las vías cuando llegamos. Le dimos el billete a una persona que vimos en la estación y él se encargó de indicarnos nuestro vagón. Al subir había un revisor que nos llevó a nuestros asientos y nos llevamos la sorpresa de que no eran juntos. A pesar de haber seleccionado nosotros mismos los asientos cuando los compramos, parece ser que estábamos separados por el pasillo. Ni ventana ni juntos, todo lo contrario a lo que indicamos al vendedor. El revisor no nos dejó cambiar los asientos, pero cuando ya estábamos todos en el vagón empezó a reubicar a la gente y nos colocó a los dos juntos con la ventanilla izquierda. Perfecto.

El tren es antiguo, pero los asientos de nuestro vagón eran cómodos y espaciosos, se podían estirar las piernas. El vagón normal es con banquitos de madera, no me quiero imaginar hacer todo el viaje en un asiento así. Casi todos los pasajeros eran locales y muy pocas caras occidentales se dejaban ver. Empezó a moverse lentamente, no llega a coger apenas velocidad, pero el vaivén es considerable. Cuando pasábamos por alguna zona de vegetación, las ramas se introducían por las ventanas y tocaba apartar la cabeza ya que te podías llevar un ramazo de regalo.

Nos gustó mucho el recorrido: contemplar Myanmar desde el tren es toda una experiencia. Ves naturaleza, ves la vida en los campos y ves salir el sol. En algunas estaciones hacía alguna pequeña parada en la que podíamos salir a estirar los pies. La parada más larga fue en Pyin Oo Lwin. ¡¡Qué frío hacía!! Al tren subían vendedores ambulantes con todo tipo de comida, nosotros solo compramos algunos snacks porque no nos fiábamos mucho del estado del resto de las cosas.

El mejor momento llegó cuando nos acercábamos al viaducto Goteik. Construido en 1903 por los británicos, fue en su día el segundo puente ferroviario más alto del mundo con 97 metros de altura y 690 metros de largo. Al llegar al viaducto el tren se paró para que bajáramos a hacer algunas fotos. Es todo un espectáculo. Al arrancar, el tren pasa lentamente por el puente, todo el mundo saca las cabezas y las cámaras fotográficas por las ventanillas para inmortalizar el momento.

Tras 11 horas de viaje, a las 15h de la tarde, llegamos a Hsipaw. Desde la ventanilla vimos a un chaval muy joven que llevaba un cartelito con nuestro nombre. Desde la página de Booking nos habíamos puesto en contacto con el alojamiento para indicar que llegaríamos en tren y ellos dijeron que vendrían a recogernos.

Nuestro Hotel era Tai House Resort. Estaba muy bien ubicado y estaba genial. Eran bungalows de madera muy bien equipados y espaciosos. La única pega quizás fue la lenta conexión de la WiFi. En Booking es el alojamiento mejor valorado de Hsipaw. Pagamos 59€ por 2 noches en habitación doble, aunque nos la dieron triple. La tercera cama venía genial para dejar todas nuestras miserias encima. En recepción acordamos un taxi por 40$ para que nos llevara al aeropuerto de Lashio una vez hiciéramos el check out el último día. También había un chico de una agencia local llamada Firefly con el que contratamos un trekking para el día siguiente para conocer los pueblos Shan y Palaung de la región. El precio fue de 65$ por los dos el cual incluía transporte, guía, comida y agua. De normal la ruta se hace en 2 días con pernoctación y es ida y vuelta por el mismo camino, pero nos lo arregló para hacer el camino de vuelta (por eso el transporte para llevarnos al punto de partida) y un trozo más de ruta que sería donde empezáramos y que era bastante interesante. Según él, esta opción era mejor que el de dos días ya que hacías una parte bastante bonita que no está en la ruta original y al ser todo en un día veríamos el contraste de colores sobre los paisajes que nos da el sol.

Estábamos hambrientos, serían más de las 16h y preguntamos por un lugar para ir a comer, nos recomendaron el River View y fue todo un acierto. Se encuentra a la orilla del río Myitnge, su terraza tiene unas vistas muy bonitas. La especialidad del restaurante es la comida china y nos pusimos las botas, fue de los sitios donde mejor comimos. Pedimos unos rollitos de primavera, alitas de pollo, costillas crujientes de cerdo y verdura en tempura. Para beber una cerveza y una cocacola. Salimos por 18.500MMK. Y con esto se nos hizo de noche.

Dimos una pequeña vuelta antes de ir al hotel a por abrigo. Cuando el sol desaparece hace bastante fresco por estas zonas. Vimos algunas casitas coloniales y un grupo de niños de entre 5 y 10 años empezaron a seguirnos mientras intentaban chapurrear alguna palabra en inglés. Siempre es divertido pararte y dedicarles un poco de tiempo, solo quieren jugar y te lo agradecen con una gran sonrisa. Tras coger una chaqueta intentamos dirigirnos hacia el Palacio Shan. Los Shan es la segunda etnia del país. Hsipaw estuvo gobernado por un príncipe celestial hasta el golpe de estado, éste desapareció y dejó a su sobrino al cargo del palacio familiar que no es más que una mansión inglesa de 1924. Estuvimos dando vueltas, pero con la poca iluminación no vimos nada. También he leído que de noche no tiene iluminación ninguna y que suele estar cerrado, por lo tanto, no creo que nos perdiéramos nada. Al menos dimos un buen paseo por la ciudad que nos pareció bastante atractiva.

9º Día - Lunes 24 de diciembre de 2018. Hsipaw.

Nos esperaba una gran aventura. Tras el desayuno vinieron a recogernos en una camioneta y nos presentaron al que iba a ser nuestro guía. Era un chico de 18 años que aparentaba menos. Tras una hora de recorrido, llegamos a una caseta de campo donde nos sirvieron un té y algo de bollería. 

Nos dirigimos hacia Pankam, un poblado de una minoría étnica llamada Palaung que están distribuidos por el Estado Shan de Myanmar, sur de China y norte de Tailandia. Recorrimos campos de cultivo, un bosque de bambú y plantaciones de té antes de llegar. El paisaje era asombroso y especialmente bonito cuando recorrimos el bosque de bambú. Íbamos hablando con nuestro guía y el chico con el que contratamos el trekking que nos acompañó durante el primer tramo del recorrido. Fue una conversación muy enriquecedora donde nos contaron algunas costumbres y tradiciones palaung (ambos chicos eran de esta etnia. Nosotros también les contamos algunas cosas sobre España y pudimos ver que, en algunas cosas, no somos tan distintos. También aprendimos algunas palabras en el dialecto propio de esta etnia.

Después de 2 horas de ruta con algunos tramos más complejos que otros en los que tuvimos que pasar por encima de troncos para atravesar ríos, llegamos a Pankam. Se encuentra enclavado en un risco y sus casitas, sostenidas sobre pilotes, están hechas con bambú. Pudimos contemplar la vida del pequeño poblado. Los hombres trabajan en el campo. Según nos contaron, casi todo lo que cultivan se vende a China. Carecen de electricidad, pero algunas casas tienen paneles solares que les permite cargar sus móviles y ver la televisión un par de horas al día.

Llegamos a la casa donde nos darían de comer, nos esperaba una mujer con una sonrisa en la cara y rápidamente nos empezó a sacar comida típica del lugar. Arroz, un tubérculo parecido a la patata, tofu, verduras, judías, fruta... Su dieta suele ser vegetariana. Lo que más nos llamó la atención del interior de la casa donde estábamos era la cantidad de fotos que había. En todas ellas salía la mujer en distintos sitios del país con un traje regional diferente. Rocío preguntó y le explicaron que eran trajes palaung y que tenía uno por si se lo quería probar. Así hizo, ¡por unos momentos Rocío era una palaung!

Visitamos el tranquilo templo que evoca una leyenda del siglo XII el cual cuenta que un poderoso nat ofreció semillas de té a los palaung. Desde entonces el té es la principal fuente de ingresos del pueblo que se considera el guardián de su cultivo en el Estado Shan.

Después de un descansito, volvimos a la ruta. Todavía nos quedaban 4 horas de recorrido. Pasamos por varios pueblos shan y en todos nos recibían con sonrisas. Los niños salían corriendo a saludar y a levantar los bracitos para que los levantaras. Eran muy tiernos y no podíamos evitar hacerles un poco de caso. Nos hacían ir con una sonrisa igual de grande que la que ellos nos ofrecían. Los pueblos eran todos bastante parecidos, algunos se habían hecho un cableado eléctrico que partía de una diminuta estación de energía hidráulica creada en la bajante de una acequia. En todos había un arco en la entrada del pueblo con unos cuchillos que se cruzaban para ahuyentar a los enemigos.

Iba atardeciendo y los campos empezaban a tener otro color, todo se volvía más bonito a nuestros ojos. El guía nos empezó a meter por senderos que atravesaban los campos y tuvimos algún trozo complicado que hizo que nuestras rodillas echaran humo al tener que bajar pendientes de gran desnivel. Finalmente, tras las 4 horas, llegamos a una caseta donde nos estaba esperando el chico con el que contratamos el trekking con su coche. Estábamos muy muy cerca de Hsipaw, no tardamos ni 5 minutos en llegar.

Rocío le contó lo de los trajes regionales y las fotos, entonces éste nos explicó algo más. Según la creencia palaung, el ser humano nace del sol y un dragón. El traje del hombre representa el sol que siempre muestra la misma imagen, por eso es siempre igual. Llevan un sombrero rosa que representa el color del amanecer. La diversidad del traje de la mujer viene dada por el dragón, dependiendo de cómo le dé el sol su piel tiene distintas tonalidades, por eso mismo hay tanta diversidad en sus trajes. Sus turbantes representan la cresta del dragón y los anillos del cinturón indican su edad, tienen tantos anillos como años.

Al llegar al hotel nos dimos una buena ducha. Nuestras piernas estaban muy cansadas tras los 25 kilómetros de trekking por la montaña, aunque, tras la experiencia vivida, mereció la pena cada kilómetro recorrido. Creo que fue una de las experiencias más bonitas del viaje y una de las grandes sorpresas. Disfrutamos muchísimo.

Era nochebuena y no nos íbamos a ir a dormir sin cenar. Cenamos en el mismo hotel un plato de patatas fritas (tenia mono y Rocío me dió el capricho) y cerdo agridulce acompañado de una botella de cerveza. Nuestra humilde cena navideña salió por 13.000MMK.

10º Día - Martes 25 de diciembre de 2018. Hsipaw - Lago Inle.

En el desayuno las personas del alojamiento nos dieron unos detalles navideños que recibimos con ilusión. Teníamos el vuelo desde Lashio a las 16.25h y vendrían a por nosotros a las 12h. Es hora y media de Hsipaw a Lashio, nos parecía que era muy pronto para salir, pero así lo estimaron en el hotel.

Aprovechamos nuestras últimas horas para ir a visitar Mahamyatmuni Pagoda que se encuentra al sur de la ciudad. Es la pagoda más impresionante de Hsipaw. Su Buda de latón está inspirado en el famoso Buda de Mahamuni de Mandalay. Al lado del templo hay un estanque en el que se sacan fotos muy bonitas.

Volvimos al Tai House Resort para recoger las maletas y hacer el pertinente check out. Nuestro conductor ya nos estaba esperando, así que no había más tiempo que perder. Decíamos adiós a Hsipaw.

La carretera a Lashio pasa por un bosque y es toda de doble sentido con un carril a cada lado. Aquí es donde nos dimos cuenta lo complejo que es conducir en Myanmar. Cuando era colonia británica se conducía por la izquierda con su volante a la derecha, tras la dictadura cambiaron las normas de circulación y se pasó a conducir por la derecha, pero los volantes de los coches siguen en el mismo sitio. Cuando alguien quiere adelantar tiene que invadir totalmente el sentido opuesto porque no ve si viene alguien. Os podéis imaginar el peligro, nos asustamos más de una vez con varias frenadas fuertes. Entre los coches se hacen señales, siempre que vas a adelantar se pita, se pita a todo, solo se escuchan pitos. El coche que va a ser adelantado avisa mediante el intermitente al coche de detrás. Si pone el intermitente derecho significa que no le adelante, si pone el izquierdo lo contrario.

Hora y media exacta tardó en llegar al aeropuerto de Lashio. Allí estábamos con mucho tiempo por delante y sin nada que hacer. Fuimos a buscar un restaurante para comer y nos encontramos justo con el chico de la agencia de trekkings de Hsipaw y el que fue nuestro guía. Estaban en el aeropuerto haciendo servicio de traslado de Lashio a Hsipaw. Nos acompañaron a comer y nos tradujeron el menú que estaba totalmente en birmano, nada en inglés. Pedimos un plato doble de arroz blanco con algo que decían que era pollo frito con verduras, no estamos seguros de si era pollo porque no sabía a tal. 9.000MMK nos costó.

Tras varias horas de aburrimiento por fin subimos al avión y partimos rumbo a Heho. Son unos 40 minutos de vuelo. Si lo hubieramos hecho en autobús hubieran sido unas 15 horas. En la salida del aeropuerto nos esperaban los taxistas. Parecían tener los precios fijos ya que no te dejaban regatear. Pagamos 25.000MMK por ir a Nyaungshwe que era donde estaba nuestro hotel (se tarda 1 hora). Antes de llegar nos paró en una zona de control donde nos tocó pagar una tasa 15.000MMK por persona para acceder al Lago Inle. Nuestro taxista parecía un fan de la música latina, íbamos escuchando a Luis Fonsi, Shakira, Enrique Iglesias... También se ofreció para traernos a la vuelta al aeropuerto por 15.000MMK y nos dio su tarjeta una vez llegamos a nuestro resort.

La Maison Boutique Birmane Hotel iba a ser nuestro alojamiento para las próximas 4 noches. En el Lago Inle hay muchas posibilidades de hospedarse. Existen resorts en el mismo lago con cabañitas muy chulas, albergues de mochileros, hoteles, etc... Al principio miramos cabañas sobre el mismo lago, pero su alto precio y la poca opción a la hora de comer nos hizo buscar en Nyaungshwe, considerado el pueblo de entrada al Lago y con una amplia variedad en restauración.

Puedo afirmar que es el mejor hotel que tuvimos en toda nuestra estancia en Myanmar. Era una monada. Las habitaciones estaban en bungalows de madera y estaba todo muy bien decorado. La cama envuelta en una mosquitera y la habitación con luz de ambiente. La ducha era amplia y limpia. Y además teníamos detalles navideños de bienvenida. Nos encantó nuestra cabañita. Los desayunos estaban muy ricos con tortilla, muffin, crêpes, zumo, fruta...También es cierto que fue la reserva más cara, nos costó 290€ 4 noches.

Estuvimos hablando en recepción para planificar nuestros próximos días. La atención y el trato siempre fue una maravilla no solo aquí, sino en todo el país. Teníamos claro que queríamos ver el Lago Inle en bote, visitar el mercado ambulante de los 5 días y destinar un día a Kakku. El chico nos explicó que el mejor día para ver el mercado de los 5 días sería el viernes 28 ya que dónde estaba el miércoles era muy pequeñito y el del jueves iba a estar bastante lejos en bote. Por lo tanto, el viernes 28 haríamos mercado de los 5 días y paseo en bote por el Lago Inle. El jueves lo dejamos para Kakku. El chico nos sugirió hacer una ruta en bici por el norte del lago que nos pareció bastante interesante y lo dejamos para el miércoles. Los precios que nos dieron los vimos bastante bien por lo que terminamos contratando tanto el transporte a Kakku -50.000MMK- como el bote privado para el día entero -25.000MMK- con ellos.

Nos fuimos a cenar a un restaurante que nos habían recomendado, se llama Chillax Bistro y es de comida occidental, aunque también tiene cosas locales. Pedimos una pizza, unos nachos con guacamole, un agua, cocacola y un mojito. Salimos por 17.510MMK. En este restaurante te suman una serie de impuestos a la cuenta por lo que a los precios que te indican en la carta hay que sumarle luego algo más. Nos gustó bastante este local.

11º Día - Miércoles 26 de diciembre de 2018. Lago Inle.

Nos permitimos despertarnos algo más tarde ya que por las mañanas suele haber niebla en el Lago Inle. Tras desayunar salimos a coger dos bicis de alquiler cerca de nuestro hotel. Nos costó 2.000MMK cada una para todo el día. El camino era fácil para no perderse. La idea era hacer 11km hasta llegar a Khaung Daing, cruzar en bote el lago hasta Maing Thauk y recorrer otros 11km hasta llegar a Nyaungshwe, parándonos en todos los lugares donde nos apeteciese. Salimos a la calle principal del pueblo y una vez pasado el canal torcimos hacía la izquierda hasta salir a Inle Lake West Corridor Road y ahí tomamos dirección sur. Este fue el tramo más duro para nuestras piernas ya que tenía una pendiente que poco a poco iba machacándonos. Hicimos algunas paraditas durante ese tramo para ver el paisaje y Rocío lo terminó con la bici en la mano.

Una vez en la carretera, apenas había cuestas y las pocas que habían eran descendientes. Llegamos a Khaung Daing Hot Spring, unas piscinas de aguas calientes que provienen de la canalización de manantiales naturales. Solo paramos aquí a tomarnos una cocacola y un zumo de aguacate por 2.500MMK. Continuamos nuestro trayecto y un grupo de personas nos detuvieron para preguntarnos si queríamos tomar un bote para cruzar el lago, le indicamos que no, que íbamos a Khaung Daing y desde allí sí teníamos la intención de coger un bote. Desde ese momento, un hombre en moto nos estuvo siguiendo todo el rato.

Llegamos al fin a Khaung Daing, con nuestro hombre en moto detrás. Empezamos a escuchar música y, como si del flautista de Hamelin se tratara, la seguimos hasta llegar a ella. Nos encontrábamos en la plaza del pueblo, una mujer cantaba de forma horrorosa mientras todo el pueblo la observaba, al terminar otra persona cogía el micrófono y cantaba otra canción. Parecía divertido. Dejamos las bicis allí mismo y dimos una vuelta por el pueblo. Khaung Daing es famoso por su tofu que lo suelen preparar con guisantes molidos amarillos, es normal ver secaderos de tofu por las calles que desprenden cierto olor fuerte. Fuimos a la parte de los embarcaderos y de golpe apareció nuestro hombre en moto que había desaparecido hace ya un buen rato. Nos estuvo siguiendo para ser él quien nos llevara en bote. Ahora sí, nos disponíamos a coger uno. Pactamos con él un precio de 8.000MMK y lo que más curioso nos pareció es que los botes no parecen tener dueño, cogió uno cualquiera y lo acomodó para nosotros y nuestras bicis.

Me daba un poco de reparo subirme en un bote, soy una persona fácil de marear y los vehículos acuáticos suelen lograrlo. El bote es una canoa a motor, estrechita, que se mueve fácil en cuanto pones los pies dentro. Lo bueno es que el lago es un remanso de paz y una vez estabilizado el bote o puesto en marcha, no se mueve casi nada. No me produjo sensación de mareo en ningún momento. A la hora de subirse suelen asegurarse de tener el bote bien cogido para que se mueva lo menos posible, se tiene un poco la sensación de inestabilidad, pero lo vi bastante seguro todo.

Una vez en marcha pudimos contemplar por primera vez el interior del Lago Inle. Es alargado con 20 kilómetros de largo por solo 6 de ancho siendo el segundo más grande del país. Su profundidad media en la estación seca es de 2 metros y en estación de lluvia llega a doblarse. El lago tiene una gran actividad gracias a sus numerosas aldeas situadas a las orillas, la mayoría de etnia intha. Algunas de estas aldeas tienen las casas sobre el mismo lago, sujetas sobre pilotes de teca. Todo el lago en sí junto con su vida es simplemente espectacular.

Llegábamos a Maing Thauk, la peculiaridad de este pueblo es que la mitad está sobre el mismo lago y la otra mitad en tierra firme unidas ambas por un puente de teca de algo menos de 500 metros de largo. El bote aminoró la velocidad y pudimos ver en algunas canoas el famoso estilo de remo del Lago Inle, un estilo único que todavía algunos siguen usando. Reman de pie manteniendo el remo con una pierna que la mueven lentamente, como serpenteando con ella, totalmente asombroso.

El barquero nos dejó en un extremo del puente de teca. Ahí mismo había un restaurante, justo al final, donde decidimos meternos a comer tras hablar con unos turistas que salían y nos lo recomendaron. No puedo indicar como se llamaba ya que estaba todo en birmano, incluido los precios. Solo puede decir que es el último restaurante que hay en el puente de teca. Fue uno de los lugares donde mejor y más barato comimos. Dos pescados a la brasa, grandes, hermosos y buenos, junto a dos cocacolas, salió por 4.500MMK.

Cogimos nuestras bicis y emprendimos el camino de vuelta hacia Nyaungshwe. Nos detuvimos un momento en un pequeño templo con monasterio que se llamaba Mya Thein Than, muy tranquilo y solitario. Vimos a un monje que nos saludó mientras tendía su ropa. Continuamos nuestro camino para desviarnos un momento e ir a un restaurante que nos habían recomendado en nuestro hotel. Se llamaba Bamboo Hut y era bastante bonito, todo hecho ede bambú. Simplemente parámos a tomarnos una cerveza y un zumo combinado que se llamaba Inle snow por 3.500MMK.

El sol comenzaba a caer y los colores de los campos del Lago Inle se veían preciosos. Parábamos de vez en cuando solo a contemplar los paisajes. Nos volvimos a desviar, esta vez para ir a la bodega Red Mountain. Habíamos leído que desde este lugar podías ver un bonito atardecer mientras tomabas un vino. Estaba lleno de turistas y nos sentamos en unas escaleras a ver el espectáculo. Como se trataba de una bodega de cosecha propia, pedimos dos copitas de vino blanco, cada una a 3.000MMK, que estaban muy malas, de los peores vinos que hemos tomado en nuestras vidas: se nota que Myanmar no es tierra de vinos. Lo mejor de este lugar son las vistas sobre el lago y el bonito atardecer que se puede observar. En cuanto el sol se escondió cogimos las bicis y marchamos ya sin parar hasta llegar a Nyaungshwe.

Como nos habíamos metido un buen tute, nos fuimos a darnos un masajito a Jasmine Spa and Beauty Center que estaba al ladito de nuestro hotel. Tienen una amplia carta de masaje, nosotros nos dimos uno corporal de una hora y media que nos dejaron como nuevos. Aunque estaba indicado como "flojo", en algunos momentos hacía un pelín de daño. 

Para finalizar el día cenamos en el mismo hotel. Tenían un menú de 4 tapas que consistían en tempura, miniburguer, rollito de primavera y brusqueta de aguacate con tomate por 5$. Lo acompañamos con una cervecita.

12º Día - Jueves 27 de diciembre de 2018. Kakku.

Nuestro taxi privado venía a buscarnos a las 10h. Estábamos listos para ir a visitar uno de los sitios más impresionantes de Myanmar. El taxista optó por rutas distintas para la ida y la vuelta. Aunque de ambas formas la duración del viaje estuvo en torno a las 2 horas, de esta manera podríamos contemplar distintos paisajes.

Para ir fuimos por Taunggyi, capital del Estado Shan y quinta ciudad más grande del país. Se encuentra en lo alto de una cordillera, a unos 1436 metros sobre el nivel del mar. La ciudad era bastante moderna, se veía limpia y con tráfico regularizado por semáforos, incluso había pasos de peatones que respetaban, cosa que nos llamó la atención.

La carretera hasta Kakku está asfaltada, aunque hay trozos que se encuentran en obras. Seguramente, en poco tiempo, la duración del trayecto sea menor cuando terminen de arreglarla. A lo lejos empezamos a vislumbrar Kakku sobre una llanura, nuestro taxista nos señalaba el lugar exacto. A medida que nos acercábamos daba la sensación de estar llegando a un bosque de estupas. Prometía nuestra visita.

Kakku se encuentra rodeado de aldeas Pa-O, una minoría étnica budista que se localiza principalmente en el Estado Shan. Lo más característico visualmente de ellos son los llamativos turbantes rojos que suelen llevar las mujeres sobre su cabeza. Para ellos Kakku es un lugar sagrado y el mayor símbolo religioso de su región. Leímos en varios sitios que para visitar el lugar es necesario ir acompañado de un guía Pa-O, pero no es así, hoy en día lo puedes visitar totalmente por libre.

En la entrada indicaba que el precio para los turistas era de 3$, en cambio, nadie nos pidió nada. Nuestros ojos se agrandaban ante tal belleza, todo parecía sacado de un cuento de fantasía, las pagodas parecían agujas de piedra una junta a otra que emitían un sonido hechizador por las campanitas que sonaban al ritmo de la brisa. Son un total de 2478 estupas, las más antiguas se dice que fueron fundadas por misioneros budistas del emperador indio Ashoka en el siglo III a.c. Cada estupa es distinta, no hay ninguna igual, y, como han sido construidas en distintas fechas, cada una tiene el estilo arquitectónico de la época de su construcción. Algunas están sobrecargadas de deidades con miles de detalles y otras, en cambio, son más simples, pero lo que no falla en ninguna es la figura de Buda en su interior. A pesar de ser tan antiguas, su estado de conservación es magnífico. Esto se debe a las restauraciones que se han podido llevar a cabo con donaciones. Cada pagoda está numerada con un cartel y si además ha sido restaurada, también lleva el nombre del donador.

Pudimos pasear tranquilamente entre las pagodas, apenas había turistas. Le dedicamos bastante tiempo observando cada pequeño detalle. Había un templo más grande en su interior donde los lugareños realizaban sus oraciones. Estuvimos buscando un pequeño lago por todo el recinto, cuando vimos fotos de Kakku en Internet siempre veíamos este lago con todo el bosque de zedis reflejado sobre el agua. Finalmente lo encontramos, se localiza nada más entrar al recinto a mano derecha y nos costó verlo porque se trata de un estanque de agua minúsculo. Los pocos turistas occidentales estaban todos allí fotografiando. Nosotros no fuimos menos, quedan preciosas las fotos.

Cuando decidimos que ya habíamos dedicado el tiempo suficiente, salimos del recinto para volvernos a encontrar con nuestro taxista. Le preguntamos qué opciones teníamos para comer y nos indicó que el único restaurante de toda la zona era el Hlaing Konn, situado ahí mismo con una amplia terraza con vistas a las pagodas de Kakku. Pedimos dos platos de arroz, pollo crujiente frito, curry de ternera, cocacola y zumo de aguacate. Salió por un total de 17.500MMK.

Nuestro regreso a Nyaungshwe fue por la carretera que va por el lado este del lago dirección al pueblo, la misma que tomamos el día anterior para regresar en bici. Al llegar estuvimos un rato descansando en nuestro hotel hasta que nos decidimos a dar un paseo y buscar algún sitio para cenar. Fuimos primero al mercado nocturno. Había muy pocos puestos, pero aun así hice una compra: un sombrero de bambú típico del lugar. Desde antes de ir a Myanmar dije que quería uno y por fin lo tenía. Para cenar fuimos a One Owl Grill, de comida occidental y del que leímos que hacían el mejor hummus del país. Pedimos patatas Shan, hummus, una hamburguesa y dos cócteles de cerveza con fresa y tamarindo que eran típicos del local. Fue el lugar donde más lento nos sirvieron, tardaron mucho. Además, nos sacaron una hamburguesa que no tocaba, pero por no cenar más tarde ya nos la quedamos. Para rematar el hummus no era nada del otro mundo, las cervezas al menos eran curiosas. El precio: unos 17.000MMK.

13º Día - Viernes 28 de diciembre de 2018. Lago Inle.

Cuando vino nuestro barquero a por nosotros a las 8 de la mañana pudimos experimentar el frío y la expesa niebla con la que amanece el lago Inle. Su bote venía preparado con dos asientos, chalecos salvavidas y mantas para abrigarnos, sobre todo, a primera hora de la mañana. Comenzaba nuestro día dedicado al lago.

Recorrimos el largo canal de 4 kilómetros que une Nyaungshwe con el Lago Inle, cada bote que nos cruzábamos iba acompañado de un grupo de pájaros volando por encima, parecía totalmente mágico. La niebla todavía cubría el lago cuando nos topamos con un grupo de pescadores. Nuestro barquero aflojó la marcha para que pudiéramos contemplar el arte de estas personas pescando. Ya he comentado la curiosa forma de remar con el pie de los locales del lago, remando de esta manera tienen libres las manos para poder realizar la pesca. Antiguamente usaban una especie de cono para pescar, pero hoy en día usan redes y otros utensilios más modernos; dejando los conos para los falsos pescadores que lo único que hacen es posar ante los turistas para llevarse alguna propina a cambio.

Nos dirigíamos hacia Phaung Daw Oo Paya, era el lugar donde se celebraba el mercado de los 5 días. Este mercado ambulante rota por varios pueblos estando cada día en un lugar y volviendo de nuevo cada 5 días, de ahí su nombre. Esta peculiar rotación se debe a que toda la vida transcurre en el lago y por lo tanto es una forma de facilitar la accesibilidad a las personas. A medida que nos acercábamos, numerosos vendedores aparecían en canoa para ofrecer suvenires. Una vez pusimos los pies en tierra firme nuestro barquero nos indicó donde nos esperaría.

Fuimos directos al mercado. Hay puestos de todo, pero los que más nos llamaba la atención eran los de artesanía. Son pocos los turistas que se dejan ver por lo tanto llamábamos bastante la atención y los vendedores enseguida se nos acercaban para ofrecernos sus productos. También hay puestos de comida donde sorprende ver las "carnicerías" o "pescaderías" con los trozos de carne o pescados exhibiéndose al sol sin ningún tipo de refrigeración. Hicimos algunas compras tras regatear duramente. Ahora tenemos en casa un precioso buda de madera de teca. A las afueras del mercado habían puestos de ropa donde se vendía bastante más barato que dentro: directamente nos lo ofrecían por la mitad sin empezar a regatear. Aprovechamos para comprar algún que otro regalo y mi pareja me regaló unos preciosos pantalones de estilo shan que se caracterizan por ser bastante anchos.

Pasamos a visitar el templo de Phaung Daw Oo Paya, el enclave religioso más importante del lago. En su interior hay 5 figuras antiguas de Buda a la que los fieles pegan láminas de oro. Son tal el número de ofrendas que cuesta reconocerlas ya que hoy en día son simples bolas amorfas doradas. Como en todos los templos, solo los hombres podían acercarse a estas figuras sagradas, aunque a la distancia se pueden ver y, además, hay cámaras grabando proyectándolo en televisores. Tras una vueltecita por el templo fuimos a buscar a nuestro barquero que nos vio rápidamente.

Continuamos nuestra ruta, ahora nos moveríamos por las pequeñas aldeas de In Paw Khone y Nampan, situadas dentro del lago con casas de madera de teca sobre pilotes. Nos detuvimos para ir a ver un taller donde fabricaban telas. Nos enseñaron su manera artesanal de trabajar y como creaban el hilo a partir de la flor de loto, trabajaban con algodón, seda y loto. Pudimos ver de primera mano cómo hacen los patrones para los longyi, la vestimenta más famosa del país, los patrones para hombres y mujeres eran distintos. Finalmente nos llevaron a la tienda, porque la intención con la que te lo explican todo es que les acabes comprando algo, pero no es obligatorio y nosotros no lo hicimos. Posteriormente nos llevó a un taller de cigarros, pero aquí estuvimos poco ya que ninguno de los dos fumamos y no teníamos nada de interés. Nuestro siguiente taller era de plata, vimos como creaban joyas de este material y nos explicaron todo su proceso. Rocío terminó comprando un pequeño colgante. Con la visita de este taller indicamos a nuestro barquero que no queríamos visitar más talleres. Lo que más nos gustó de todo este trayecto fue el paseo en bote donde pudimos observar un poco la vida del día a día. Por ejemplo, pudimos ver a los niños jugando en el patio de un colegio flotante o a las personas aseándose en el mismo lago, ya fuera lavándose los dientes o limpiándose.

Nos dirigíamos a Ywama para visitar a un grupo de mujeres de la etnia kayan, o como las conocemos nosotros: mujeres jirafas. Durante la época de los 90, debido al conflicto militar del país, muchos miembros de esta tribu emigraron a Tailandia y hoy en día viven básicamente de la limosna de los turistas. Nos pareció un poco circo, estaban en una casita tejiendo, esperando simplemente la llegada de turistas. Nos estuvieron contando sus costumbres y les preguntamos las curiosidades que se nos ocurrían. Los anillos de latón que van colocados sobre el cuello bajan las clavículas y la caja torácica de forma que sus cuellos parecen más largo de lo normal, van aumentando a medida que pasan los años. Uno de los bulos que corren sobre ellas es que si se quitan los anillos los cuellos se caen produciéndoles asfixia, pero la realidad es que, a pesar de que duermen, se asean y hacen toda su vida con ellos puestos, se los pueden quitar cuando quieren. De hecho, nos enseñaron fotos donde no portaban los anillos. También son conocidas como padaung, pero se considera despectivo ya que viene a significar "las que llevan oro". Antes de despedirnos de ellas les dimos un pequeño donativo.

Llegaba la hora de comer, nuestro barquero nos llevó a Blue Sky. No nos dio opción, seguramente tendría algún tipo de acuerdo con el restaurante ya que estaba todo lleno de turistas. Pedimos pescado en tempura y noodles de pollo junto con una cocacola y un zumo de lima que salió por un total de 25.000MMK. No estaba mal el lugar, era un restaurante encallado en el mismo lago. Ahora ya podíamos continuar nuestro día. 

Nos metimos por un canal serpenteante, parecíamos alejarnos de toda población, los árboles se agarraban sobre el canal con sus raíces creando una imagen increíble. De golpe, el canal se abrió dándonos la bienvenida a Inthein, un pueblo que nos sorprendería muy gratamente. Bajamos de la canoa y el barquero nos indicó como llegar a la pagoda principal. No le hicimos caso, queríamos investigar todo y nos dirigimos justo en dirección contraria.

Llegamos a un pequeño grupo de estupas en ruinas y continuamos por un camino de tierra que subía a una montaña: arriba había un pequeño monasterio. Sólo había un monje viviendo allí que nos sonreía constantemente, era una persona bastante mayor que parecía que vivía en plan ermitaño. Le preguntamos si podíamos subir a unas estupas que estaban en la cima del cerro ya que el acceso era desde el monasterio y no parecía estar en muy buen estado. El hombre no hablaba inglés, pero nos hizo indicaciones para que subiéramos. Unas estrechas escaleras en ruinas llevaban a la cima. Era un conjunto de cuatro zedis que daban vistas al Lago Inle y todo el valle. Impresionante y estábamos completamente solos, lejos de toda civilización. Fue un grandísimo momento.

Nos despedimos del monje y comenzamos la bajada. Ahora sí, nos dirigíamos hacia el templo que nos indicó antes nuestro barquero. Cruzamos el puente que pasa por el canal para ir al otro lado del pueblo. Llegábamos a Nyaung Ohak, un conjunto de estupas en ruinas envueltas por la vegetación que tenían muchísimo encanto, daban un aire post apocalíptico. Mientras andabas sobre ellas podías escuchar el crujido de los ladrillos rotos en el suelo. Desde este lugar partía un largo pasillo techado repleto de tiendas que llegaba hasta Shwe Inn Thein Paya, un templo con 1054 zedis, algunas totalmente reformadas y otras en peor estado, que datan de los siglos XVII y XVIII. Recordaba un poco a Kakku. Aunque el acceso es gratuito, nos tocó pagar 300MMK por llevar cámara fotográfica.

Volvíamos de nuevo hacia nuestro barquero, comenzaba nuestra recta final del día. Ahora nos dirigíamos hacia Nga Hpe Kyaung, conocido como el monasterio del gato saltarín debido a que antiguamente se adiestraban a los gatos para que saltara por los aros en las horas muertas de los monjes. El monasterio era de teca sostenido sobre pilotes en el agua. En su interior había una gran sala de meditación que albergaba figuras de madera ornamentada de estilo shan, tibetano, bano y de Inwa. Algunos gatos paseaban tranquilamente por el monasterio mientras algunos niños intentaban jugar con ellos.

Volvíamos al bote, empezaba a atardecer sobre el lago otorgándole tonos dorados. Dimos una vuelta por los jardines flotantes. Se trata de terrenos de tierra sobre los que cultivan que están sujetos a cañas de bambú ancladas en el fondo del lago. El producto de mayor éxito es el tomate. Parece magia, tomates creciendo en un lago. Sin duda, es una de las cosas que más llama la atención a los turistas.

Emprendíamos nuestro camino de regreso, el sol ya se había escondido y el cielo tenía tonos rosados. Apareció ante nosotros uno de esos falsos pescadores posando con su cono, no pudimos evitar hacerle fotos, ¡¡es que saben posar muy bien!! Así que nos tocó darle una pequeña propina. Nosotros felices de tener nuestra foto y él feliz por tener su dinero. Happy money, happy you, happy me, como decían ellos cada vez que les dabas o comprabas algo.

Llegamos a Nyaungshwe ya completamente de noche. Había sido gran día, el Lago Inle es indescriptible, no hay fotos que pueda hacerle justicia porque su belleza está en el conjunto de todo y en la vida que tiene.

Por último, fuimos a cenar de nuevo a Chillax Bistro. Pedimos dos hamburguesas, agua y zumo que salió por unos 17.000MMK. Fue uno de los sitios que más nos gustó y por eso repetimos.

14º Día - Sábado 29 de diciembre de 2018. Lago Inle - Yangón - Bago.

Después de hacer el check out, apareció nuestro taxista. Nos despedimos con mucha tristeza de La Maison Boutique Birmane Hotel, nos encantó el alojamiento. De nuevo nos volvió a poner la misma música en el taxi, así que confirmamos su afición por la música latina. Cuando ya estábamos cerca del aeropuerto de Heho, nos paró en Bawa Than Tha Yar Bridge, un puente férreo construido por los ingleses que nos recordó, salvando las distancias, al viaducto Goteik.

El avión se retrasaba un poco, en Yangón nos esperaba Thaung, un guía privado que habíamos contratado previamente para recorrer Bago y Golden Rock. Cuando lo contratamos nos pareció barato. Ahora ya en frío y viendo los precios con los que nos movimos en Myanmar nos parece bastante caro. Lo contratamos por 250$ con regateo incluido, aunque como lo hicimos desde España y por correo electrónico, la primera rebaja nos pareció correcta. Queríamos experimentar visitar un poco el país acompañados de una persona nativa.

Un poco antes de las 11h aterrizábamos en Yangon, Thaung nos recibió con una rosa para Rocío. Era un chico muy majo, siempre con una sonrisa, con el que nos entendíamos en inglés perfectamente. Nos acompañó a su vehículo; una furgoneta amplísima de 7 plazas, con aire acondicionado, una neverita en la que siempre tenía refrescos y adornos navideños. Desde luego que nos íbamos a mover como reyes.

Nos dirigíamos directos a Bago, pero nos detuvimos un momento en Taukkyan War Cementery, situado en el pueblo de Taukkyan, a unos 25 kilómetros al norte de Yangon. Se trata de un cementerio memorial para conmemorar a los fallecidos aliados de la Commonwealth británica durante la Segunda Guerra Mundial. Un lugar tranquilo y lejano de cualquier bullicio donde algunos locales van de picnic. También hay una placa con 27.000 nombres de personas que murieron sin poder ser enterrados en ningún lugar.

Llegábamos a Bago tras 2 horas de viaje. Esta ciudad fue la antigua capital del Estado Mon y según se cuenta fue fundada en el año 573 por dos príncipes Mon de Thaton que vieron a un hamsa hembra (ave mitológica) de pie en la parte trasera de un hamsa macho en una isla de un gran lago. Este hecho lo consideraron como un presagio y fundaron al borde del lago la capital real llamada Hanthawady que viene a significar reino de los hamsa. Hoy en día es la cuarta ciudad más grande del país y se encuentra rodeada por las ruinas de su antigua muralla. Hasta hace unos años la ciudad era conocida como Pegu.

Compramos la tarjeta Bago Zone por 10.000MMK cada uno que permite ver los monumentos más importantes de la ciudad. Nuestra primera parada fue en Kyaik Pun Paya. Al entrar nos quedamos impresionados con los cuatro Budas sentados espalda con espalda de 30 metros de altura, cada uno mirando a uno de los cuatro puntos cardinales. Representan al Buda Gautama y sus 3 predecesores. Fueron construidos en 1476 por orden del rey Dhammazedi y, según la leyenda, cuatro hermanas mon estaban ligadas a la construcción de los budas. Si alguna de ellas se casaba uno de los budas sería destruido. No sabemos si será cierta o no esta leyenda, pero una de ellas se casó y un terremoto en 1930 destruyó por completo uno de los budas. Hoy en día el templo está totalmente restaurado y lucen en todo su esplendor los 4 budas.

Pasamos a visitar el Buda tumbado de Myathalyaung. Se trata de la tercera figura de un Buda yacente más grande de Myanmar con 82 metros de longitud. Su construcción es del año 2000 gracias a una mujer que donó 100.000$ para tal fin. Un grupo de monjes novicios aparecieron mientras le dábamos la vuelta, nos sentíamos observados, nos miraban con una sonrisilla en la cara. Todos ellos realizaban un donativo al templo, esta es la manera de conservarlos.

Thaung nos llevó ahora a ver otro Buda tumbado más conocido y más antiguo, pero más pequeño, para que pudiéramos compararlo con el de Myathalyaung. Se encontraba bastante cerca de éste último y se le conoce como Shwethalyaung Buddha. Se encuentra en un pabellón techado que lo afea un poco, pero sin duda es más bonito que el anterior. Su longitud es de 55 metros y data del año 994. Detrás de él está contada su leyenda que cuenta lo siguiente:

El rey mon Mgadeikpa era conocido por sembrar un reino corrupto y lleno de violencia donde se hacía ofrendas a dioses paganos. Su hijo un día salió a cazar y llegó hasta la aldea de Suvannabhumi donde conoció a una joven mujer de la que se enamoró, el problema era que ella era budista. Él le pidió matrimonio y ella aceptó a cambio de que le permitiera seguir practicando su religión. El hijo del rey llevó a su mujer y toda la corte donde le preparó una habitación para poder practicar el budismo, pero un día su padre lo descubrió y mandó a ejecutar como sacrificio a los dioses a la mujer y a toda su corte. Ella se puso a rezar frente a la estatua pagana adorada por el rey y como consecuencia se rompió en pedazos. El rey preso del miedo  de haber estado adorando a dioses erróneos, liberó a la esposa de su hijo y ordenó a construir una estatua de Buda para su adoración convirtiéndose de esta manera a la religión budista.

Desde luego todo Myanmar está llena de leyendas y cuentos. Thaung nos propuso varios sitios para ir a comer, finalmente fuimos a Hanthawaddy Restaurant, restaurante especializado en comida china. Pedimos unos rollitos de primavera, verdura en tempura, revuelto de gambas y una cerveza para compartir que salió por un total de 16.000MMK. Lo mejor del restaurante es que sus vistas daban Shwemawdaw Paya, lugar que terminaríamos visitando. Durante la comida aprovechamos para hablar con Thaung de muchos temas interesantes; entre ellos el tan polémico asunto de los Rohingyas. Su visión, y la de los birmanos en general, dista mucho de la que nos llega a nosotros. Para ellos, representan un grupo muy numeroso de inmigrantes ilegales; y tratándose Myanmar de un país bastante pobre, no pueden destinarles recursos e intentan controlarlos. Se trata de un punto de vista que el gobierno se ha esforzado durante mucho tiempo en grabar a fuego en la mente de los birmanos; algo dificil de entender para nosotros al ser un país tan multicultural conformado por tantas etnias diferentes.

Nos subimos a la furgoneta. Pasábamos por la avenida principal que desembocaba en Shwemawdaw Paya, Thaung abrió el techo solar indicándonos que podíamos ir de pie asomados para ver la que es la pagoda más alta de Myanmar. Así que ahí íbamos los dos, de pie, contemplando una estupa dorada con forma de campana de 114 metros de altura. Pero este templo no era nuestro siguiente destino, nos dirigíamos a visitar el palacio de Kanbawzathadi. Este palacio es una reconstrucción de los años 90 del original que fue construido en 1556 bajo el reinado de Bayinnaung y que fue destruido por un incendio tan solo 40 años después. Los edificios que se reconstruyeron fueron la Gran Sala de Audiencias, donde el rey recibía a los ministros y funcionarios y que también contenía el Trono Thihathana o el Trono del León, único superviviente al incendio cuyo original está en el Museo Nacional de Yangon; y el Salón del Trono de Bhammayarthana, también llamado Salón del Trono de Abeja, que contuvo los aposentos del Rey. También podías visitar los antiguos cimientos del palacio que básicamente eran trozos de pilotes grandísimos de madera de teca medio quemados. La visita fue corta ya que sus reconstrucciones están prácticamente vacías.

Ahora sí, nos dirigíamos a Shwemawdaw Paya. Camino al templo, Thaung nos preguntó si no nos importaba que un primo suyo se uniera a nuestro viaje ya que vivía en Bago. Nos indicó que esta persona también se dedicaba a hacer de guía y hablaba perfecto inglés por lo que lo consideramos bastante interesante y aceptamos. Shwemawdaw es junto al Golden Rock y Shwedagon los templos Mon más importantes. La vida que transcurre en su interior nos recordó un poco a Shwedagon, pero mucho más tranquila y con menos afluencia de personas. Según cuenta la leyenda, el zedi original era pequeñito y fue construido por dos hermanos para conservar dos pelos que le dio el mismo Buda Gautama. Varios terremotos y otras catástrofes han derrumbado el templo y cada vez que era reconstruido crecía un poco más. En 1917 un terremoto derrumbó el hti y parte de éste se conserva hoy en día en la esquina noreste del templo. La última vez que se destruyó fue en 1930.

Estuvimos un buen rato en Shwemawdaw, nos encantaba la vida que se respira en este tipo de templos. Pudimos ver cómo iba atardeciendo y, cuando el sol se escondió, decidimos marcharnos. Thaung nos esperaba con su primo, no recuerdo su nombre, pero fue muy amable. Ya se quedó con nosotros hasta la vuelta a Yangon, nos contó muchísimas cosas interesantes. Nos dirigíamos hacia el hotel Kanbawza Hinthar, nuestra estancia iba a ser para una sola noche y salió por 36€ la habitación doble con desayuno incluido. Era bastante nuevo y era el mejor valorado en Booking. La habitación era grande, pero tenía humedades en el techo que es la única pega que le pondríamos. Además, contaba con piscina la cual no usamos por falta de tiempo ya que al día siguiente nos levantaríamos muy temprano.

15º Día - Domingo 30 de diciembre de 2018. Golden Rock.

Nos levantamos con legañas en los ojos. Eran las 4.30h de la madrugada. Hicimos el check out y nos dieron un lunch box. El motivo de este madrugón era que queríamos ir a ver desayunar a cientos de monjes en Kah Khat Kyaung, el tercer monasterio más grande de Myanmar. Los monjes se levantan temprano, sobre las 5h y van en hileras a recoger su bol de arroz. Pudimos ver a cientos de mojes y novicios, actualmente hay unos 400, salir con cara de sueño para tomar su desayuno. Todo un espectáculo. Tras una oración, todos pasaban a comer completamente en silencio, ni una palabra, solo se escuchaba el sonido de las cucharas dando en los platos.

Antes de abandonar Bago fuimos a una casa de té. Estos locales son muy famosos en el país, en ellas se reunen todo tipo de personas ya sean budistas o musulmanes, ricos o pobres. Allí pasan horas y horas disfrutando simplemente de un té. Sirven dos tipos de té: el té chino y un té parecido al indio con leche condensada. Yo me pedí un té con leche condensada, estaba muy dulce y bastante bueno. Sacamos nuestros lunch box del hotel y desayunamos allí mismo.

Ahora ya por fin poníamos rumbo al Golden Rock. A medida que llegábamos a Kinpun, el pueblo que está situado a los pies del monte Kyaiktiyo, había cada vez más y más tráfico, estuvimos retenidos durante un buen rato hasta que pudimos llegar a nuestro hotel. Parece ser que fin de año es festivo en el país y todo Myanmar había decidido ir de peregrinación al símbolo religioso más importante. De hecho, es tan importante que yo mismo había decidido hacer una ofrenda y pegarle también una lámina de oro.

En el hotel no nos dejaron hacer el check in ya que todavía no eran las 12h. Así que dejamos allí las maletas y nos pusimos en marcha para poder subir arriba del monte. Thaung nos explicó que teníamos que coger una camioneta y que ésta solo salía cuando se llenaba. Antes de llegar a la cima tendríamos la opción de seguir en camioneta o terminar subiendo en teleférico. Había varias lanzaderas de camionetas y en todas había una grandísima cola. Cuando vimos que llegó la primera la gente se lanzaba como loca a subirse, eso parecía la guerra, así que nos preparamos para la siguiente.

Cuando llegó todo sucedió muy rápido, de golpe perdí a Rocío de vista, toda la gente se me echó encima a empujones para subirse antes que yo. De repente escuché un grito: era Rocío llamándome que ya estaba arriba y Thaung estaba con ella reservándome el asiento. Pasé de la cola y trepé por la camioneta, cogido a sus barras me fui moviendo por el lateral hasta que llegué donde estaba mi pareja. Thaung se bajó cediéndome el sitio. Seguían subiendo personas, ahí no cabían más, pero seguían subiendo. Lo importante es que nosotros estábamos dentro, apretujados, sudando, pero dentro. Muchas personas iban de pie.

La aventura solo había empezado, la camioneta arrancó y jamás he visto a nada subiendo tan rápido por una carretera de montaña con tal pendiente y tantas curvas. Parecía que la camioneta iba de rally. Ni Carlos Sainz tiene tanta destreza. Nuestras cabezas iban de un lado a otro al ritmo de los volantazos sobre las curvas. Parecía una atracción de feria, solo que esta duraba más de media hora y no teníamos ningún tipo de seguridad, aunque íbamos tan apretados que era imposible salir despedido. Y lo mejor de todo, el hombre que se encarga de cobrar el billete de la camioneta: iba bordeando la camioneta enganchado con sus manos por el lateral pidiendo los 2.000MMK por persona que costaba.

Hicimos una pequeña parada para dar paso a las camionetas que bajaban. Los vendedores aprovechaban para asomarse y ofrecer productos. Yo empezaba a pasarlo bastante mal, tenía mucho calor y los volantazos estaban empezando a dejarme amarillo. Solo quería que arrancara y llegáramos cuanto antes arriba.

Después de unos 10 minutos insufribles, volvimos a arrancar, al menos en movimiento el aire me daba en la cara. Cuando llegamos a la siguiente parada, la del teleférico, le dije a Rocío que yo me bajaba, no aguantaba más. Me bajé corriendo y acto seguido tiré todo lo que llevaba dentro de mi estómago. No fui el único que se mareó, varias personas las estaba escuchando vomitar dentro de la camioneta anteriormente.

Descansamos un poco hasta que se me pasó. Creo que las personas de Myanmar no son capaces de distinguir a los occidentales cuando están mareados porque alguno se acercó a nosotros a pedirnos un selfie con él. Los precios del teleférico eran de 10.000MMK ida y vuelta y 7.000MMK solo ida. Este precio era solo para los turistas porque cuando salía con letras birmanas los precios eran bastante inferiores. Rocío compró solo el de ida pensando que bajaríamos a la vuelta en camioneta. Ilusa de ella.

Mientras subíamos en teleférico pudimos ver a lo lejos el Golden Rock. La leyenda cuenta que la gran roca que se encuentra suspendida en la cima del monte Kyaiktiyo se mantiene en equilibrio gracias a un pelo de Buda. El rey Tissa recibió este pelo en el siglo XI de un ermitaño que le ordenó al rey que buscara una roca que tuviera una forma parecida a la de su cabeza y luego atara el pelo a una estupa en la parte superior de la roca. El rey, que heredó poderes sobrenaturales al ser hijo de un zawgyi (alquimista) y una princesa naga (serpiente dragón), encontró una roca en el fondo del mar y la subió a la cima de la montaña. El bote que usó para transportar la roca se convirtió en piedra y se encuentra cerca del Golden Rock, se le conoce como Kyauk Thanban. Que estas dos rocas estén bañadas en oro solo se debe a las ofrendas de los peregrinos.

El teleférico era totalmente nuevo, sus instalaciones parecían de lujo para lo que estábamos acostumbrados a ver en Myanmar. Lo curioso es que subía por una montaña donde se veía un poblado de chabolas y al salir de él otra vez vuelta a la realidad. Demasiado contraste.

Se veía muchísima gente, pero todavía no nos podíamos imaginar la que se nos avecinaba. Pensábamos que lo más difícil ya había pasado. Comenzamos a andar y vimos un cartel que ponía 5 minutos andado para llegar a la pagoda. Era un sendero que tenía tiendas a ambos lados y que a medida que avanzábamos nos encontrábamos con más y más gente hasta que finalmente nos detuvimos. Era como estar metidos dentro de un concierto multitudinario. Avanzábamos muy lentamente, el mismo sendero se dividía en dos para dar paso a las personas que volvían del templo. Esa división la marcaban los policías que cogidos de las manos y con palos dividían ambos senderos.

Había pasado una hora cuando un occidental que volvía nos dijo en inglés: you should go back. No le hicimos ni caso, seguíamos andando, aunque cada vez era más complicado y estábamos más apretados. De golpe empezamos a ver gente con maletas en las cabezas, resulta que había un hotel en el camino y a las personas que salían de él no les quedaba otra que ir con las maletas sobre sus cabezas. Cada vez eran más los occidentales que nos indicaban en su regreso que deberíamos de volvernos y no seguir, decían que ellos habían estado 4 horas y no habían logrado llegar al final. Empezábamos a preocuparnos. La gente iba con niños pequeños y éstos empezaban a llorar al sentir el agobio, una persona que venía al lado no paraba de vomitar en una bolsa. Todo era surrealista. Empezaba a notar que la gente me clavaba sus mochilas, se empezaba hacer difícil respirar y ya hacía un buen rato que no avanzábamos absolutamente nada. Cuando ya llevábamos cerca de 3 hora en esa ratonera, Rocío me miró y me preguntó: ¿nos volvemos? No me lo pensé dos veces y le contesté afirmativamente. Esto era una locura, se estaba volviendo muy peligroso y había riesgo de avalancha humana. No teníamos por qué pasar por esto, nosotros no éramos budistas para hacer este acto de fe.

Como pudimos nos movimos hacía el sendero de salida. Un monje estaba haciendo de barrera para que la gente que iba al templo no invadiera la pequeña hilera que habían dejado para los que salían. Por fin íbamos en camino contrario, me sentía aliviado, pero esto no había terminado. A medida que íbamos saliendo había más y más gente hasta tal punto que los policías desaparecieron y con ellos la línea divisora entre ambos caminos. Comenzaron los empujones de verdad, empezaba a sentir pánico ahí metido, podía pasar algo en cualquier momento. Intentaba hacer hueco solo para poder respirar hondo. Llevábamos una hora para intentar salir de ese infierno cuando vimos a un policía que había abierto una salida por uno de los laterales. Salimos por ese camino. Por fin respirábamos. Jamás en la vida nos habíamos visto en una así. Sentimos verdadero miedo.

El camino iba por el poblado de chabolas que habíamos visto desde el teleférico. Quién nos iba a decir que nosotros acabaríamos andando por ahí. Al fin llegamos de nuevo al punto de entrada de la cima. Las camionetas seguían llegando llenas. No entendíamos esta gran desorganización y por qué permitían seguir subiendo personas allí arriba. No lo pensamos y volvimos a coger el teleférico. En su acceso había un cartel del Golden Rock para hacerse fotos: esa fue nuestra única foto en la piedra dorada.

De nuevo tocaba coger camioneta. Otra vez la locura de subirse en ella. Aunque iba llena, esta vez no era tan exagerado como en la subida. Curiosamente esta vez nos cobraron 1.500MMK. Un chico que iba sentado a mi lado nos iba preguntando de donde éramos y cuando supo cuál era nuestro alojamiento mandó a la camioneta pararse a la altura de nuestro hotel. Muy majo el chico. A la vuelta hice mejor el camino.

Nuestro hotel era The Eternity Resort y estaba muy bien a pesar de tener un WiFi bastante lento. La noche nos salió por 40€. Nuestra habitación tenía 4 camas y lo mejor de todo es que disponía de una piscina paradisiaca, de esas que ahora se llaman infinitas, con vistas a la frondosa vegetación de las montañas. Nos pusimos los bañadores y pasamos allí el resto de la tarde. Era tranquilidad absoluta, el descanso merecido tras un día de locos.

Al salir de la piscina para ir a la habitación nos encontramos con Thaung y su primo. Le contamos la aventura con el Golden Rock y le indicamos que si alguna vez, otro turista le proponía ir a este lugar en estas fechas, se negara. Cenamos pronto ya que no habíamos comido por la angustia pasada. Fuimos al restaurante del hotel y pedimos una sopa, un plato de noodles y dos cervezas que salió por 13.000MMK.

16º Día - Lunes 31 de diciembre de 2018. Yangón.

Nos despedíamos de nuestro intento fallido al Golden Rock para volver a Yangón. Me sentía un poco frustrado por no haberlo logrado: la intención de todo este viaje con Thaung era visitar la gran piedra dorada y nos volvíamos de vacío. Pero todo suma y fue una experiencia que con el tiempo acabas recordando de forma graciosa.

De camino a Yangon nos detuvimos en una reserva de elefantes que se llamaba Winga Baw. El acceso para los turistas era de 20.000MMK. Myanmar tiene la mayor población de elefantes domesticados del mundo y hasta hace poco se utilizaban para transportar los árboles en el trabajo de la tala. Ahora, todos estos elefantes están en campamentos donde los cuidan, aunque nos dio la sensación de que todo era un poco circense ya que hasta tenías la opción de subirte en ellos y dar un paseo. Nos dieron unos cubos con plátanos y cañas para darles de comer y posteriormente fuimos a un campo donde estaban los más pequeñitos a los que pudimos darle el biberón: eran adorables.

Sobre las 13h llegábamos a Yangon, le indicamos a Thaung que queríamos que nos llevara a un par de sitios antes de que nos dejara en el hotel, así que le indicamos que en primer lugar se drigiera a Chaukhtatgyi Paya. Hace unos 50 años, en este lugar, había un Buda de pie gigante que asomaba la cabeza por encima de los templos hasta que un día se cansó y se derrumbó, entonces fue reemplazado por el Buda yacente que se encuentra hoy en día de 66 metros de longitud. El Buda posee una corona con incrustaciones de diamantes y otras piedras preciosas y es muy parecido al de Shwethalyaung de Bago. En la planta de los pies tiene representado los 108 lakshanas que son las características nobles de Buda. El primo de Thaung entró con nosotros y nos estuvo explicando las distintas posiciones con las que se representa a Buda y lo que significa cada posición. Todas estas posturas estaban en la parte posterior de la gigantesca escultura representadas por figuritas de Buda. Por desgracia se encontraba en restauración, pero aun así pudimos ver como un fiel realizaba una donación depositando su papel de oro sobre un barco que volaba hasta llegar al Buda y allí una persona lo recibía para colocarlo.

A continuación, visitamos Ngahtatgyi Paya, muy cerca de la anterior. En su interior está la imagen de Buda más bonita que hemos visto en todo Myanmar. Con 14 metros de altura, se encuentra sentado sobre un fondo de madera tallada precioso y su traje está repleto de joyas donadas por los fieles. Este Buda fue donado por el Rey Minyedeippa en 1558.

Llegaba la hora de comer: fuimos a uno de los locales más de moda de la ciudad y que está repleto de turistas. Se trata del Rangoon Tea House, especializado en comida birmana, pero modernizada fusionándola con otros tipos de comida. Pedimos una hamburguesa de cerdo con pan bao, 6 brochetas de cerdo, 6 brochetas de pollo, dos smoothies para beber y de postre chocolate samosa que eran unos triangulitos rellenos de chocolate. En total salió por 29.000MMK. Todo muy bueno, pero desde luego más caro que lo que habíamos visto hasta ahora. También es verdad que en Yangon buscamos restaurantes con más caché, pero sin excederse.

Le pedimos a Thaung una última visita, ir a Botataung Paya que se encuentra a las orillas del río Yangon. Su nombre se debe a los 1000 líderes militares que escoltaron reliquias de Buda desde India hasta Myanmar ya que Bo significa líder y tataung significa 1000. Para acceder tuvimos que pagar 6.000MMK cada uno. Su zedi dorado está hueco por dentro e hicimos una cola para verlo: sus paredes interiores están bañadas en oro y contienen reliquias de Buda. Por fuera, la estupa estaba totalmente recubierta con andamios de bambú, también estaba en reformas. En el patio del templo había varias cosas interesantes, como por ejemplo un gran Buda gigante que el Rey Mindon ordenó fundir en bronce dorado, o un estanque de tortugas que llevaban a un pequeño pabellón con una cola gigantesca para realizar la ofrenda a Bo Bo Gyi. Como turista, ya que no iba a realizar la ofrenda, un guardia me invitó a entrar directamente. Bo Bo Gyi es un famoso nat que se le considera el espíritu guardián de la pagoda. Los fieles le cuelgan flores en su brazo y le ponen algo, que no supe muy bien que era, en su dedo índice que encuentra en postura de señalar. Posteriormente, ponen su cabeza sobre el dedo y realizan una oración y luego pasan al otro brazo y piden un deseo. Al menos así lo interpreté yo.

Ahora sí, nos dirigíamos al fin a nuestro último alojamiento. Thaung nos preguntó que si queríamos que nos llevara al aeropuerto el último día y pusimos como precio 10.000MMK. Nuestras últimas noches las pasaríamos en Lotus Bed & Breakfast, un alojamiento muy bien situado en el distrito de Downtown. Era muy básico, pero nos salió por 43€ las 2 noches en habitación doble con desayuno. La conexión WiFi fue la mejor que tuvimos durante todo el viaje. Los chicos eran muy majos y resolvían cualquier duda que tuviéramos.

Después de arreglarnos y con la noche ya encima, salimos a la calle para celebrar el fin de año. Siguiendo las recomendaciones que nos dieron en nuestro B&B, nos dirigimos hacia el Sakura Tower. Las calles de Yangón están llenas de baches y agujeros y siendo de noche teníamos que ir con mil ojos para no tropezarnos. Pasamos por una de las rotondas más bonitas del mundo, y es que, solo a los birmanos se les ocurre poner una pagoda en una rotonda, aunque para ser exactos fue la rotonda la que se hizo sobre el templo ya que este cuenta con 2000 años de antigüedad. Se trata de la Sule Pagoda que la dejamos para visitar al día siguiente.

Sobre las 21.30h llegamos a Sakura Tower y subimos hasta arriba para cenar en Sky Bistro, el cual ofrecía para cenar un buffet libre con una bebida por 35.000MMK por persona o con barra libre por 50.000MMK. Nosotros pillamos la de 35.000 y tuvimos barra libre igualmente porque nunca pedían nada. La comida regulona y por ser tardones tuvimos que cenar rápido para que no nos quitaran el buffet ya que cerraban la cocina. En Myanmar se suele cenar mucho antes. Lo mejor: las vistas, ya que el edificio cuenta con 20 pisos de altura y se veía prácticamente todo Yangón.

Para finalizar la noche y dar la bienvenida al año nuevo, subimos a la discoteca Yangon Yangon que se encuentra en la azotea. Música disco y muchísimos guiris. El precio era de 7.000MMK y te entraba una consumición. Nos divertimos bastante observando el nivel de alcoholismo de los locales y de los guiris. Al entrar el año nuevo algunos fuegos artificiales fueron lanzados. ¡¡Hola 2019!!

17º Día - Martes 1 de diciembre de 2019. Yangón.

Nos disponíamos a descubrir el Downtown, el barrio colonial de Yangon. Este distrito fue el centro de la antigua capital birmana y actualmente presenta edificios coloniales en estado de decadencia en los que incluso llega a nacer la vegetación, aunque eso es precisamente lo que le da más encanto. En cierta manera, nos recordó a La Habana. Es fácil moverse por aquí sin perderse ya que está estructurado en cuadrículas y sus calles están numeradas a excepción de las principales. Hicimos uso de la Lonely Planet e hicimos la ruta recomendada a nuestra manera para visitar el distrito.

Comenzamos en Maha Bandula Road dirección a Sule Pagoda. Esta avenida es una de las que mayor tráfico concentra en el distrito y cruzarla, a veces, es cuestión de armarse de valor y paciencia porque, a pesar de tener semáforos, los coches no respetan los pasos de peatones. Pasamos por el imponente edificio rojo, de estilo victoriano, de la Oficina de los Ministros conocido también como Edificio de la Secretaria. Este lugar fue la antigua sede administrativa de la Birmania británica. En su interior fueron asesinados Aung San, padre de Aung San Suu Kyi, y seis ministros más en 1947. Actualmente está en reformas y es posible visitarlo, aunque nosotros no lo hicimos por desconocimiento. La intención es convertirlo en un museo de historia.

Nos dirigimos hacia el sur por la 37. Esta calle es famosa por sus puestos de libros al aire libre. Nos llamaba muchísimo la atención que, a pesar del estado de deterioro de las casas, a ninguna le faltaba sus antenas parabólicas. Otra cosa increíble de ver era el enramado de cables eléctricos que había por todos lados.

Salimos a Sofaer’s Building, en la esquina de Pansodan St con Merchant St: un hermoso edificio colonial de estilo italiano rehabilitado que cuenta con un restaurante y una tienda de arte en la que entramos solo por ver el interior. Bajando Pansodan St, siguen dos edificios monumentales que son el Inland Waterways Department, con sus impresionantes columnas dóricas; y el Myanmar Agricultural Development Bank, que originalmente albergó el Banco Nacional de la India. Ya en la esquina llegando a Strand Road, la avenida más grande de Downtown que cruza la ciudad de este a oeste, está el Myanma Port Authority. Desde aquí se controlaba toda la actividad del que fue el puerto más activo del mundo.

El sol apretaba de lo lindo, así que hicimos una parada dentro del Hotel Strand donde nos tomamos un par de cocacolas en la cafetería por 3.5$ cada una. Caro, pero es que se trataba del hotel más histórico e importante de la ciudad. Se inauguró en 1901 y acogió a huéspedes como Rudyard Kipling, George Orwell o W. Somerset Maugham. A los birmanos se les prohibió la entrada hasta 1945 y tras el golpe de estado de 1962 el hotel pasó al estado. Se deterioró de tal manera que terminó en ruinas. En 2016 comenzaron las obras de rehabilitación y hoy en día luce como uno de los hoteles de lujo más importantes de la ciudad. Vale la pena entrar y echar un vistazo, al menos nos refrescamos un rato con el aire acondicionado.

Continuamos por Strand Road hasta llegar a la Oficina Central de Correos que data de 1908. Entramos dentro y subimos por sus viejas escaleras. Poco más que hacer en este lugar que estaba totalmente sin vida, supongo que por ser día festivo. Salimos de nuevo a la calle y retrocedimos lo andado hasta Myanma Port Authority. En la esquina opuesta se encuentra una de las construcciones más antiguas de la ciudad: el Yangon Divisional Court. Data de 1900 y tuvo graves daños durante la Segunda Guerra Mundial que todavía hoy se pueden contemplar. Contiguo a este edificio, sin salir de Strand Road, están el Customs House que es el edificio de aduanas; y Kempinski Yangon que se encontraba en remodelación y pretende ser otro hotel de lujo.

Tomamos Sule Pagoda Road y pasamos por Yangon Stock Exchange, construido en 1937 para albergar la Reserva del Banco de la India. Más adelante está el Jardín de Mahabandoola que estaban cerrado. Dentro está el Monumento de la Indepencia, un obelisco blanco de 50 metros de altura que en 1948 reemplazó una estatua de la Reina Victoria.

En los alrededores del jardín estaba el Ayuntamiento, adornado con decoración tradicional de Myanmar; el Ayeyarwady Bank, que antaño albergó los almacenes más importantes conocidos como “los Harrods de Oriente”; la Iglesia Baptista Emmanuel de 1830, que tenía unos adornos lumínicos navideños de lo más estrafalario; y el Tribunal Supremo de 1911 con su hermosa torre del reloj.

Con esto finalizaba nuestro recorrido colonial. Nos gustó muchísimo y puede que, en unos años, con las reformas que se están llevando en este distrito, todo luzca más brillante; pero creo que el deterioro y dejadez de los edificios le daban ese toque especial.

Todavía quedaba algo más por ver en los alrededores del Jardin de Mahabandoola: el segundo templo más importante de la ciudad, ese que está localizado dentro de una rotonda, la Sule Pagoda. Subimos por un paso elevado para acceder al templo, de esta manera no toca cruzar a lo loco al interior de la rotonda. Pagamos cada uno los 4.000 MMK que vale su entrada. El sol estaría en su punto más fuerte y el suelo ardía, mis pies descalzos iban buscando constantemente la sombra. El zedi, de 46 metros de altura, es octogonal y tiene nombre propio: Kyaik Athok. Viene a significar “la estupa que encierra una reliquia de cabello sagrada”. Un hombre se nos acercó para intentar hacer de guía. Cuando vimos que tras una primera explicación seguía acompañándonos, le comentamos que preferíamos ver el templo por nuestra cuenta. Esto es algo bastante habitual y suelen esperar una propina a cambio por este servicio; es una buena manera de ver y entender un templo. Después de sentarnos un rato para ver la vida cotidiana en el templo, decidimos marcharnos para ir a buscar un sitio para comer.

Fuimos a un restaurante japonés que está muy valorado. Su nombre era Gekko, al lado de Sofaer’s Building. Pedimos unas gyozas y una bandeja de sushi variado junto a dos zumos que salió por 60.000 MMK, un poco caro. Las gyozas bastante buenas, pero el sushi nada a destacar. Mientras comíamos estuvimos debatiendo sobre qué parque visitar, las opciones eran Kandawgyi Park y People’s Park. Finalmente nos decantamos por el segundo.

Tomamos un taxi por 3.000 MMK hasta People’s Park, que se encuentra en el lado oeste de Shwedagon Paya. La entrada costaba 300 MMK. Lo primero que nos llamó la atención es que el parque está muy bien cuidado y es frecuentado por locales, no vimos a ningún occidental. Posee varios jardines y estanques de agua muy bonitos, todos ellos con vistas a Shwedagon. También está la opción de subirte a las plataformas de observación que hay sobre las copas de los árboles.

Vimos el parque bastante rápido y todo fue por mi culpa. De golpe me empecé a encontrar algo mal y mi estomago se empezó a resentir, ¿sería el pez mantequilla del sushi? El caso es que yo iba buscando un WC como un desesperado y las indicaciones en el parque estaban en birmano. Al final medio intuí lo que podía ser un WC, pero al entrar me llevé la sorpresa de que todos eran de tipo de placa turca, de esos que tienes el agujerito en el suelo. Y para colmo allí es sin papel, tienes un cubo de agua para limpiarte lo que haga falta. Seré un culo fino, pero me marché de allí sin atreverme a usarlo. Decidí ver el parque echando leches y a coger un taxi de vuelta al hotel. Lo más gracioso es que con mi cara de circunstancia, los birmanos se acercaban a nosotros a hacerse el selfie de turno.

El taxi de vuelta lo apañamos por 2.500 MMK, Rocío estaba dispuesta a dejarlo pasar y regatear más, pero mi cara de querer matarla en ese momento lo dijo todo. Cogimos el taxi de vuelta y con esto finalizó nuestro día.

18º Día - Miércoles 2 de diciembre de 2019. Yangón.

Nuestras últimas horas en Myanmar llegaban. Nos levantábamos relativamente pronto para aprovechar bien nuestra mañana. Tras el desayuno en el hotel fuimos en busca de un cajero para pagar el alojamiento y realizar el check out. A pesar de haber un montón de cajeros cercanos, fue una tarea un poco compleja. No en todos aceptaban visa y en los que aceptaban no tenían dinero, pero lo logramos.

Pillamos un taxi por 2.000 MMK directos a Maha Wizaya Pagoda. Al final, el truco con los taxistas es decir que el día anterior pillaste un taxi por ese precio, en seguida te dicen que OK. Este templo se encuentra en la puerta sur de Shwedagon y fue construido en 1980 para conmemorar la unificación del budismo Theravada en Myanmar. El interior de la estupa es visitable y está decorado con un bosque artificial con un techo que representa el cielo y las constelaciones. Fuera del zedi hay distintos murales con dibujos de templos y lugares sagrados del país, reconocimos unos cuantos.

Y nuestra última visita la dejábamos para el templo donde comenzó nuestro viaje. Con Shwedagon empezábamos y con Shwedagon nos despedíamos. A Rocío la hicieron de nuevo ponerse un longyi y en esta ocasión era porque su vaquero presentaba alguna pequeña rotura. Estuvimos disfrutando del templo, de su ambiente, de su calma, de su gente. Todo el mundo nos sonreía, a todos sonreíamos. No hay palabras para describir lo que uno siente cuando está allí, es indescriptible. No hay mejor manera de despedir Myanmar que pasar allí tus últimas horas.

Volvimos a coger un taxi por otros 2.000 MMK para volver a nuestra zona y comimos en 50th Street Restaurant & Bar, que como su nombre indica, se encuentra en la calle 50th. Su estilo es como los pubs irlandeses y la comida era occidental. Pedimos unos nachos, una pizza y postre que junto a la cocacola y cerveza salió por 37.000 MMK. Buen sitio para comer.

Sobre las 14.30h Thaung vino a recogernos como acordamos. Nos esperaba con su furgoneta llena de cocacolas y botellitas de agua. Tardamos cerca de una hora en llegar al aeropuerto. Tras pasar los controles fuimos a cambiar el dinero que nos había sobrado, pero nos comentaron que el cambio de dinero estaba antes de los controles así que lo gastamos en lo que vimos.

17.20h, nuestro avión despega, hasta siempre Myanmar, thwamenaw Myanmar.

Presupuesto de viaje

He ido comentando los distintos gastos que fuimos teniendo en el viaje, pero para no hacer las cuentas os dejo aquí los gastos totales aproximados en euros que tuvimos para los 18 días para 2 personas:

Comidas: 260€
Alojamientos: 462€
Vuelo: 1320€
Vuelos internos: 481€ (esto es opcional ya que se puede ir en bus que es mucho más barato).
Transportes internos: 128€
Entradas, accesos y tours: 300€
Excursión con Thaung: 220€ (que te puedes ahorrar).

Total para dos personas: 2951€ sin Thaung ni vuelo en globo.

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