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Marrakech, la ciudad roja

Autor: ToniEscuder - Fecha de creación: 03/01/2018

Olores, colores, callejuelas, motos, mercaderes... es lo primero que me viene a la cabeza tras recordar mi paso por Marrakech. Era la primera vez que pisaba el continente africano y lo hacía acompañado de mi pareja. Partimos un martes 24 de octubre para regresar el sábado 28 del mismo mes. Cuatro días que nos dieron para adentrarnos en una cultura que no descansa, que cambia del día a la noche.

Reservamos los billetes de avión un par de meses antes aprovechando que hay vuelo directo desde Valencia con Ryanair a un precio muy económico. Para hospedarnos reservamos el Riad Chafia por Booking por unos 69€ la noche en habitación doble (desayuno incluido).

"Riad" en árabe significa jardín y es una casa cuyas habitaciones dan a un patio interior y que sigue la estética de la arquitectura árabe: Austero y celoso de la intimidad en su fachada; rico en decoración y lleno de luz en su interior gracias al patio. Generalmente suelen tener pocas habitaciones y ofrecen servicio como si de un hostal se tratase. En mi opinión, es la mejor opción pues tienen mucho encanto y es algo más típico del lugar. Además, es la única opción si uno se quiere alojar en la Medina, puesto que la mayoría de los hoteles se encuentran en la parte nueva de la ciudad.

Antes de partir, cambié dinero en un banco español. La moneda oficial de Marruecos es el dirham y hacer el cambio a euro de cabeza es sencillo pues viene a ser aproximadamente 1€ - 11MAD. Fue un error hacer el cambio en mi país pues las comisiones son mucho más elevadas que dentro de Marruecos. Aconsejo cambiar un poco en el mismo aeropuerto de Marrakech y el resto en las distintas casas de cambio o sacar directamente de un cajero automático, ya que hay bastantes en toda la ciudad.

Martes 24 de octubre

Partimos desde Valencia a las 17.35h y llegamos al aeropuerto de Marrakech poco antes de las 18.30 hora local - una hora más en España. Después de rellenar un pequeño formulario en el que se preguntaba por los datos personales, motivo del viaje y dirección de alojamiento en Marruecos; pasamos el control de pasaporte en el que a los españoles no se les requiere visado.

Tras salir del aeropuerto, donde solo se puede acceder con billete de avión, estuvimos buscando nuestro transfer que habíamos reservado previamente a través del riad. No había ni rastro de él, estuvimos durante media hora mirando cartelito a cartelito a ver si en alguno indicaba nuestro nombre o el del riad, pero nada. Finalmente, nos dirigimos a la zona de los taxis. A pesar de que he leído en muchos sitios que con los taxistas no se ha de pactar y que tenemos que indicarles que pongan el taxímetro, tocó pactar precio pues ningún taxista lleva taxímetro dentro. El precio acordado tras un tira y afloja fue de 150 MAD en taxi compartido, que es el precio con el que teníamos reservado el transfer.

En unos 15 minutos el taxista nos dejó lo más próximo al riad accesible con coche. Allí, rápidamente, un niño bastante avispado nos preguntó dónde íbamos y nos llevó hasta la misma puerta para, posteriormente, pedirnos una propina. No penséis que se conforman con cualquier propina, en mi caso le di 20 MAD y estuvo quejándose de que le diera más, finalmente nos dejó en paz y se marchó. Es fácil llegar hasta el Riad si te fijas en las indicaciones que hay en las calles, pues está señalizado por el callejón que te has de meter, pero una vez llegas a él, es algo complejo encontrar la puerta ya que está al final de un pasadizo bastante curioso y de baja altura - si no me llegan a decir que se entra por ahí, jamás lo hubiera imaginado.

Patrick, dueño del riad y de origen francés, fue quien nos acogió. Le comentamos el problema del transfer y nos pidió disculpas, nos comentó que era la primera vez que les pasaba y que ese mismo día a otra pareja les había pasado exactamente igual. Estuvimos hablando un largo rato con él, nos contó un poco de la ciudad, lugares para cenar y también algo de su vida. Posteriormente le dimos un vistazo a todo el riad. Era precioso, tenía mucho encanto gracias en parte a la decoración, que entremezclaba motivos árabes con decoración contemporánea llena de mensajes reivindicativos que hacían de él un lugar mágico para ir en pareja. La habitación igualmente decorada en estilo moruno. Ninguna pega que poner. Por algo está considerado uno de los mejores alojamientos en Marrakech según TripAdvisor.

Una vez soltamos las maletas, Patrick nos reservó un lugar para cenar llamado Le Jardin. Antes de salir, coincidimos con un chico español que estaba hablando con Patrick, justo era él a quien le había pasado también lo del transfer. Rachid, uno de los empleados del riad, tuvo la amabilidad de acompañarnos hasta la misma puerta del restaurante para que no nos perdiéramos, ¡y sin esperar propina! Cosa bastante rara en esta ciudad.

Le Jardin es un restaurante muy bonito y romántico que se encontraba a unos pocos minutos de nuestro riad. Nos sentaron en una mesa dentro de su patio interior. Para beber pedimos una Coca-Cola, un zumo y una botella de agua; y para comer una quiche y un tajine de pollo; de postre unos pasteles de Magreb. Salimos a un total de 351 MAD los dos. Al pagar nos encontramos de nuevo con el chico español que se alojaba en el mismo riad que estaba con su pareja y habían ido a cenar al mismo lugar. Desde ese mismo momento se convirtieron en nuestros compañeros de viaje. 

Era medianoche cuando fuimos a dar un paseo a la Plaza de Jamma el Fna. Se trata del punto más importante de la ciudad, donde transcurre la vida pública de Marrakech. Su actividad cultural ha sido inscrita en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Su nombre viene a significar "asamblea de los muertos" debido a que era el antiguo lugar de ejecución de los delincuentes. En frente se encuentra la mezquita Koutoubía, la más importante de la ciudad.  Por la noche destacan la multitud de puestos para cenar que inundan la plaza de olores y humo de las parrillas. Nosotros, por recomendación de varias personas, decidimos no comer en la plaza pues las condiciones de higiene no son las más adecuadas. Por otra parte, también podemos ver músicos gnawas tocando sencillos instrumentos de cuerda que reciben el nombre de gimbiri, tatuadoras de henna, actuaciones callejeras, bailarines vestidos de mujer, vendedores ambulantes y algo que me llamó mucho la atención... cuentacuentos. Y es que, me sorprendió ver varios corrillos de personas, todas marroquíes, donde una o varias personas estaban interpretando un cuento. Como me sorprendió fui a hacer una foto para inmortalizarlo y al momento me salió un niño y una persona de edad media a pedirme dinero por la fotografía. Intenté explicarle que no les había hecho la foto a ellos, sino a la Koutoubia que estaba justo detrás de ellos - totalmente falso - y tras insistirme un rato, terminaron por cansarse y me dejaron en paz. Lección aprendida.

Con esta primera toma de contacto, volvimos al riad dando un paseo por una de las principales callejuelas de la Medina, unos 15 minutos aproximadamente andando. Sin pérdida si has mirado previamente un mapa. De noche, algunas calles están algo solitarias y es fácil encontrarse a indigentes durmiendo, pero son totalmente seguras.

Miércoles 25 de octubre

Sobre las 9h nos tenían el desayuno preparado. Alí fue el hombre que nos recibió ese día, una gran persona que nos ayudó muchísimo en todo a lo largo de nuestra estancia. Fátima y él fueron quienes nos realizaron el desayuno que consistía en una macedonia, pan de pita, yogur, una especie de crepe, mermelada, tortilla, té y café. 

Sobre las 10:30h pusimos rumbo hacia los Jardines Majorelle junto a nuestros nuevos compañeros de viaje. Se encuentran fuera de la medina, ya en una zona más moderna. Tardaríamos unos 3 cuartos de hora en llegar a paso lento mientras observábamos todo lo que teníamos a nuestro alrededor. Justo a la salida de las murallas de la medina se encuentra la plaza de los 7 Santos de Marrakech - 7 torres de piedra que homenajean a los 7 Santos de la ciudad que se encuentran enterrados en 7 mezquitas distintas dentro de la medina. Al llegar a los jardines, la cola para entrar era interminable, y además el sol a esa hora no hacía la espera más llevadera. Finalmente, un poco antes de las 12h logramos entrar. El precio de la entrada es de 70 MAD. Estos hermosos jardines fueron diseñados por el pintor francés Jacques Majorelle. En su variada vegetación destaca sobre todo el pequeño bosque de bambú y su variedad de cactos. Dos estanques adornan la estancia junto al que fue el estudio, convertido hoy en museo de Arte Islámico, de Jacques Majorelle. Este estudio tiene la peculiaridad de tener un azul cobalto típico de las casas bereberes, el llamado azul majorelle, bautizado así por el propio pintor. En el interior del jardín también hay una pequeña tienda con piezas de artesanía y un pequeño café bastante agradable y con precios asequibles donde reposamos un rato.

Sobre las 13:45 fuimos de nuevo hacia la medina ya en busca de un lugar para comer y una hora después estábamos en el Atay Cafe - Food. Está situado en el número 62 de la Rue Amsefah Sidi Abdelaziz y tiene una terraza preciosa con unas vistas de lujo. La comida también estaba muy bien y a un precio estupendo. Pedimos una ensalada marroquí, una ensalada de aguacate, una tangia marrakchia y un cuscús de pollo. Todo a compartir para cuatro personas. Junto a la bebida salió a un total de 380 MAD (ni a 10€ por persona).

Después de comer pusimos rumbo hacia uno de los lugares que más me encantó de Marrakech: La Madrasa de Ben Youssef. Fue fundada por el sultán Abou al Hasan en el siglo XIV y en ella más de 800 estudiantes memorizaban el Corán. Hoy en día está abierto a los no musulmanes y su entrada cuesta 20 MAD. En el centro de la Madrasa se abre un luminoso patio con una alberca en medio. Las paredes interiores del patio tienen un alicatado muy colorido creando un mosaico a base de estrellas de ocho puntas y el resto de paredes están adornados de estucados con inscripciones coránicas y dibujos geométricos. Al fondo se encuentra la sala de oraciones. En la parte superior están las celdas de estudiantes que tuvieron uso hasta la década de los 60.

Cerca de las 17h terminamos nuestra visita y fuimos camino hacia la Plaza de Jamma el Fna, ya que a partir de las 16h la mayoría de los monumentos visitables se encuentran cerrados. Por el camino nos detuvimos en un funduq. Se trata de antiguos caravasares medievales que daban cobijo a las personas y animales y que hoy en día se han convertido en talleres artesanales. Tras unas duras negociaciones, terminamos comprando unos cuadros muy bonitos que me van a quedar genial en el dormitorio.

Finalmente llegamos al bullicio de la plaza y nos dirigíamos a ver los jardines de la Koutoubía. Allí un hombre con una tarjeta de "guía oficial" nos detuvo y nos contó que los jardines estaban ya cerrados. Nos estuvo explicando un poco la Koutoubía, también que cerca de ahí hacían free tours por las mañanas que eran muy completos y varias cosas interesantes. Todo sin pedirnos nada de dinero, pero hubo una mentirijilla... los jardines no estaban cerrados, simplemente nos quería llevar a una herboristería para que viéramos como hacían el famoso aceite de argán. Nos dejamos llevar y una vez allí, el propietario del lugar nos estuvo explicando como hacían cada cosa y qué materiales usaban. Aprovechando que hacían masajes por solo 20 MAD, nos dimos uno cada uno, en mi caso en las piernas y os puedo asegurar que aprietan bastante hasta el punto de hacer un poco de daño.

Volvimos de nuevo a la plaza y subimos al Café de France, posiblemente el café con mejores vistas a la plaza. Desde su terraza, y tomándonos un té de menta, vimos el atardecer. 

Llegaba la hora de cenar y fuimos a Oscar Progress. Está situado en el número 20 de la rue Bani Marine. El sitio no es bonito, pero de precio fue el lugar más barato donde comimos. De hecho, fue el único lugar donde vimos cenar a algún autóctono. Pedimos una ensalada, una especie de albóndigas, un tajine de cordero, carne de kefta y de postre naranja con canela. Todo para compartir entre 4 y por un total de 255 MAD.

Jueves 26 de octubre

En el desayuno hablamos con Alí que nos propuso realizar una comida típica marroquí dentro del riad con "precio simbólico" - unos 150 MAD cada uno. Quedamos en que a las 13:30h estaría todo listo por lo que teníamos que aprovechar la mañana.

Fuimos a realizar un free tour que partía a las 9:30h desde el Hotel Islane - en frente de la Koutoubia. La ruta comenzó entrando al barrio de las 7 curvas, el hombre que nos guiaba nos explicó que los barrios son conocidos por el número de curvas que contienen. Nos paramos en la Mezquita Sidi al Ghazuani, allí se encuentra enterrado uno de los 7 santos y su día de peregrinación es el domingo - cada santo tiene asignado un día distinto de la semana para su peregrinación. Paseamos por los distintos zocos que llenan las estrechas calles de colores - artesanía, babuchas, curtidores, tintoreros, marroquinería, especias - hasta llegar a la Madrasa de Ben Youssef. Como nosotros ya la habíamos visitado nos quedamos por los alrededores.

La siguiente visita fue al Palacio Bahía. El coste de la entrada era de 10 MAD. Fue construido a finales del siglo XIX y quedó en manos de Abu Bou Ahmed, un esclavo que llegó a ser visir. Contiene 150 habitaciones que ocupan un total de 8 hectáreas y lo más resaltable es el harem para las 4 esposas y 24 concubinas del visir. Las habitaciones se encuentran todas vacías, por lo que si no se visita con guía es difícil saber que era cada cosa. Thami el Glaoui, quien fuera señor de la ciudad, uso el palacio para sus fiestas particulares y recibir a los huéspedes ilustres.

Tras la salida nos llevaron a una herboristería donde nos estuvieron explicando los distintos usos medicinales de algunas plantas y especias. Nosotros aprovechamos para comprar azafrán en hebras. Al terminar teníamos ya el tiempo encima, eran las 13:00h y en media hora teníamos que estar en el riad para comer. Muy a nuestro pesar, tuvimos que dejar el tour sin terminar, le dimos 50MAD al guía y nos marchamos. En teoría faltaba por ver el barrio judío, las tumbas Saadies y la Koutoubia.

En resumen, el tour era bastante interesante y está muy bien explicado. Lo que más me gustó fue el paseo laberíntico por los zocos y las distintas callejuelas de la medina. Sin embargo, a mi particularmente me gusta más ver las cosas a mi ritmo y me dio la sensación de ver muy rápido el Palacio Bahía al tener que seguir el ritmo del grupo.

Llegamos al riad de forma puntual. Allí nos esperaban Alí Fátima, quien preparó el mejor tajine que hemos probado en Marrakech. Era de ternera con ciruelas y almendras, el cual nos explicaron que es el que se preparan en días de fiesta. Además, nos trajo un par de cervezas. Sin duda, la mejor comida del viaje.

Después de un pequeño descanso, sobre las 16h fuimos por nuestra cuenta a las Tumbas Saadies. Se encuentran en la parte posterior de la Mezquita de la Kasba, una de las más importantes y altas de Marrakech. Es sorprendente que estas tumbas, que datan de finales del siglo XVI y principios del XVII, no fueran reveladas al mundo hasta 1920. Allí están enterrados 66 miembros de la dinastía saadí. En la sala de las 12 columnas yace el sultán Ahmed el Mansour y toda su familia. En el centro del jardín se encuentra la cámara principal, con 3 amplios y bonitos pórticos de madera tallada de estilo andaluz. La entrada valía 10MAD y vale la pena visitarlo por la bella decoración de los panteones.

Íbamos a ir al Palacio el Badí, pero ya eran cerca de las 17h y se encontraba cerrado. Así que fuimos a ver la Mezquita de la Koutoubia y sus jardines. Su minarete, con 69 metros de altura, es la estructura más alta de la ciudad. Está prohibido su acceso a los no musulmanes. En nuestro caso coincidimos con la finalización de la hora del rezo y desde fuera, mirando por las puertas, se podía contemplar su interior. Los jardines no son nada del otro mundo. Hay unos restos arquitectónicos que se encuentran anexados a un lado de la mezquita, pertenecen a la antigua mezquita almorávide que fue totalmente devastada.

Descansamos un rato en el Café Glacier, situado en frente de la Plaza de Jamma el Fna. Las vistas son bonitas, pero personalmente me quedo con las del Café de France. Tras disfrutar de la puesta del sol, fuimos al Café Árabe situado en el 184 de la Rue Mouassine, uno de los pocos lugares donde sirven bebidas alcohólicas. El sitio es muy bonito y agradable, aproveché para probar la cerveza marroquí. A la salida tuve un descuido, me dejé mi cámara de fotos réflex, menos mal que salió el camarero corriendo con ella para devolvérmela...

Ya era la hora de cenar. Elegimos uno de los sitios mejor valorados por TripAdvisor. El restaurante se llama Naranj que se encuentra en el 84 de la Rue Riad Zitoun Jdid. Su estilo de comida es marroquí, libanesa y mediterránea y son platos más elaborados que los que sueles encontrar en cualquier otro restaurante de la medina. Pedimos Humus con carne picada; berenjenas con carne picada, tomates y pan de pita frito; raviolis caseros de ternera con salsa de yogur y cilantro; y una ensalada mixta. Junto a la bebida y los postres - que fue cheescake y crema de pistacho - salió a un total de 510MAD a repartir entre 4 personas. Comimos super bien y el precio correspondía con lo servido.

Viernes 27 de octubre

Para este día habíamos reservado un viaje a Essaouira, pero mi pareja se levantó mal de la tripa y estuvo casi todo el día KO. Por nuestra parte tuvimos que cancelar, la otra pareja con la que estuvimos todos los días sí que pudieron ir.

El día fue tranquilo. Intentamos salir un ratito, pero a los 30 minutos nos tuvimos que volver. Prácticamente lo pasamos en la habitación hasta pasadas las 18h. Alí estuvo preocupado por nosotros en todo momento, hizo pechuga de pollo para comer y alguna que otra infusión, pero el estómago de mi pareja no toleraba nada. Se portaron de 10.

Al caer el sol nos decidimos a salir. Fuimos a visitar el Hotel La Mamounia. Leímos previamente que si se quiere visitar es recomendable ir con ropa arreglada ya que en caso contrario pueden no dejarte pasar. No tuvimos problemas para entrar, pero sí que nos preguntaron cuál era el motivo de nuestra visita; les dijimos que nos íbamos a tomar un té en la cafetería. Este hotel, construido en el siglo XIX, iba a ser el palacio del príncipe heredero de Marruecos, pero terminó convertido en un hotel durante el Protectorado Francés llegando a tener huéspedes tan famosos como Winston Churchill - la suite más lujosa lleva hoy en día su nombre. Tras la independencia de Marruecos pasó a ser propiedad de la realeza hasta la actualidad. Tiene unos extensos jardines por los que dimos un agradable paseo. Antes de salir, nos fijamos en el techo del vestíbulo que da a la cafetería ya que tiene un mural de Jacques Majorelle. El hotel es muy lujoso y no apto para hospedarse para los bolsillos más modestos (y no tan modestos).

Para finalizar, fuimos a buscar a la otra pareja que habían pasado el día en Essaouira. El día anterior ellos abandonaron nuestro riad para hospedarse en otro - lo tenían así reservado. Buscando su riad, que estaba bastante escondido, nos salió una persona que nos quería ayudar a encontrarlo de forma "gratuita", nos llevó hasta la misma puerta y luego se puso algo agresivo pidiéndonos una propina. No queríamos darle nada porque esa misma persona nos dijo previamente que por el camino que íbamos no se podía pasar y era el camino correcto. Entramos al riad de nuestros compañeros y hasta que no se marchó no salimos a tomarnos un té para despedirnos de nuestro viaje. Era nuestra última noche en Marrakech.

Sábado 28 de octubre

Teníamos el vuelo de vuelta a las 19h y habíamos decidido estar en el aeropuerto unas 3 horas antes tal y como recomiendan las compañías aéreas, ya que hay muchísimos controles. Teníamos toda la mañana disponible para intentar ver lo que nos quedaba.

Tras desayunar, salimos a la plaza Riad Laarous a pactar con los taxistas. Queríamos ir a los Jardines de la Menara, situados muy cerca del aeropuerto. Nos dejó el precio en 50 MAD.

Los Jardines de la Menara fueron construidos en el siglo XII. Se trata de una alberca que recoge agua del Atlas mediante un sistema de canales subterráneos y riega los campos de olivos que hay alrededor. La Menara es el pabellón de forma piramidal que se encuentra a los pies de la alberca y a la espalda del Atlas, construido ya en el siglo XVI. Debido a que había un evento, no pudimos entrar a su interior. El lugar solo tiene una bonita foto y nada más, los jardines se basan en simples campos de olivos por lo que apenas le dedicamos media hora. Regresamos al centro de la ciudad por 35 MAD el taxi - la vuelta era más barata ya que el recorrido fue menor.

Nuestra siguiente y última visita fue al Palacio El Badí. El precio de la entrada fue de 10 MAD el cual tocó pagar exacto pues no daban cambio. Estas enormes ruinas fueron un palacio construido a finales del siglo XVI por el sultán Ahmed al-Mansour para conmemorar la derrota de los portugueses en la Batalla de los Tres Reyes. Su nombre significa "El Incomparable" y tuvo más de 300 habitaciones. A finales del siglo XVII, el sultán Moulay Ismai decidió mudar la capital de Marrakech a Meknes y saqueó por completo el palacio convirtiéndolo en ruinas. En su interior hay una exposición de fotos sobre historia de Marrakech bastante interesante.

Ya eran nuestras últimas horas, fuimos a despedirnos de la Plaza de Jamma el Fna. Es sorprendente como cambia la plaza del día a la noche. Todos los puestos de comida desaparecen con el sol dejando en su centro una gran baldosa rojiza, color que siempre dejaré relacionado con Marrakech. 

Sobre las 13h fuimos a comer al Café Árabe ya que nos dio muy buena impresión. El chico todavía se acordaba de mi por mi descuido de la cámara. Nos pedimos una burrata y un tajine de pollo; para beber agua y cerveza. Nos salió por 310 MAD.

Nuestra última hora la dedicamos a perdernos un poco por los zocos y a hacer alguna que otra compra con el arte del regateo. Merece la pena vivirlo, adentrarse por las callejuelas llenas de tienda, mirar los objetos, regatear, hablar con ellos y reírse juntos. Yo temía sentirme un poco agobiado por los mercaderes; sin embargo, tras la experiencia he de reconocer que al final tiene su encanto.

Volvimos al riad ya para recoger. Nos estaba esperando, esta vez sí, nuestro transfer. El regreso al aeropuerto lo teníamos acordado por 80 MAD. Al llegar había bastante cola para acceder pues te piden el billete de avión para poder entrar dentro. Posteriormente hay bastantes controles donde piden billete y pasaporte. Perdí la cuenta de cuantas veces lo enseñé.

Y con esto finalizó este maravilloso viaje que recomiendo totalmente. Sin duda volveré a visitar Marruecos para poder hacer una visita al desierto y al Atlas, algo que se nos quedó pendiente debido a la falta de tiempo (para disfrutar bien de esta excursión se requieren al menos 3 días).

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