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Japón express en 8 días

Autor: ToniEscuder - Fecha de creación: 25/09/2016

No me lo pensé dos veces cuando salió la oportunidad de viajar a Japón, el país del sol naciente y más friki del mundo. Sería con salida el 22 de agosto de 2016 y regreso el 31 del mismo mes, por lo tanto, quedaban 8 días efectivos sin contar los de vuelo. Para organizarme contacté con Yoitabi Travel, una agencia especializada en viajes a Japón. En el pack que ofrecían tenías incluido los vuelos, el seguro, alojamiento, traslados del aeropuerto al hotel, transporte durante 7 días con JR Pass, guías nativos de habla española para dos días (uno en Kioto y otro en Tokio) y guía acompañante que se encargaba de los trayectos entre ciudades, realización/programación de actividades opcionales y acomodación en los hoteles, además de ayudar para lo que hiciera falta.

La ruta que realizaría sería: Kioto - Hiroshima - Miyajima - Tokio - Osaka.

Antes de empezar a contar nada quiero hacer mención sobre el JR Pass. Si se organiza el viaje totalmente por cuenta propia es recomendable tramitar este pase con antelación para luego desplazarte entre ciudades bajo la línea de la compañía JR (incluye el famoso tren bala). No se puede adquirir dentro de Japón y solo pueden solicitarlo personas de nacionalidad no japonesa. La agencia con la que contacté lo tramita, hay otras agencias que lo hacen (solo se ha de hacer una simple búsqueda por internet) y su coste para 7 días son 244€. También se puede sacar para 14 y 21 días.

Antes de partir hacia tierras niponas me miré un poco qué visitar. Para ello tiré mano de japonisimo, una web que recomiendo, y de la Lonely Planet, en este caso la de "Lo mejor de Japón" que trata las 4 prefecturas más visitadas y en mi viaje iba a estar en 3 de ellas.

Martes 23 de agosto de 2016: Kioto.

Llegué al aeropuerto de Kansai (Osaka) tras unas 17 horas de vuelo, incluyendo 4 de escala en Frankfurt, con la compañía Lufthansa. Tras pasar los oportunos controles (en los papeles de migración hay que indicar la dirección del primer lugar donde te vas a alojar por lo que es recomendable tener ese dato accesible) me tocó esperar al resto de compañeros que viajaban en otro vuelo. Sin saber muy bien qué hacer, entré a un baño donde tuve mi primer contacto con uno de esos famosos inodoros japoneses, todo lleno de botones los cuales no sabía cómo usar, me fui sin tirar de la cadena por más que le di a todos. Luego me hice un maestro usándolos y son una maravilla, tienen un chorrito que puedes regular en temperatura, posición y presión, algunos incluso tienen botón musical que lo único que hace es ruido de agua para que no te escuchen con tus flatulencias, y para las chicas hay modo bidé. Una vez estábamos todos, partimos hacia Kioto en un minibús privado. Éramos un grupo pequeñito de 9 personas.

Sobre las 12h llegábamos a nuestro Hotel Gran MS Kyoto de 3 estrellas. El check-in no se podía realizar hasta las 15h por lo que dejamos las maletas y fuimos a comer. El lugar elegido fue una cadena muy conocida en Japón que se llama Katsukura, especialista en tonkatsu (carne empanada de cerdo). Lo peculiar de este lugar es que mientras esperas que te sirvan la comida te has de ir elaborando tu propia salsa machacando semillas de sésamo en un bol y agregando algunas de las salsas que hay sobre la mesa. El plato que nos sirvieron contenía tonkatsu, ebi furai (gamba empanada) y col acompañado de un bol de arroz. En cuanto a bebida estaba incluido el agua y té. Salió el menú por unos 1900 yenes. Para haceros una idea en euros, el cambio estaba en ese momento a 109 yenes por euro.

Una de las primeras cosas que me llamó la atención fueron las señales de prohibido fumar que hay en el suelo de la calle. Me encantó, lo tengo que reconocer, ya que odio el tabaco. En todo el país está prohibido y solo se puede en zonas habilitadas para ello. También me percaté de que apenas hay papeleras, solo al lado de maquinas expendedoras, y a pesar de esto no hay ni un solo papel en el suelo, está todo limpísimo.

A continuación tenía contratada la actividad para ir a ver la Ceremonia del Té. Nos trasladamos al pueblo de Uji que se localiza a unos 20-30 minutos de Kioto en tren. Esta localidad es conocida por su producción de té verde. Entramos en Nakamura Tokichi Honten, nos recibió una mujer vestida con kimono que nos invitó a quitarnos el calzado para entrar al lugar de celebración; una casa de estilo japonés con sus puertas corredizas de papel. Solo hablaba japonés; el chico de la agencia que venía con nosotros sabía algo del idioma y nos iba traduciendo lo que entendía. Comenzamos con la molienda del té de forma manual y posteriormente realizamos la ceremonia con tres tipos de té: el primero gelatinoso con judía dulce; el segundo muy espeso y de sabor muy fuerte; y el tercero más claro y suave de sabor. Con cada uno de ellos tuvimos que hacer los rituales pertinentes para tomarlos y estar en posición seiza (sentado de rodillas con las posaderas sobre los pies). Me pareció algo muy curioso e interesante pues forma parte de la cultura nipona. Si se desea hacer esta actividad por cuenta propia se recomienda reservar con antelación, el coste está en los 2160 yenes y la duración de la ceremonia es de unos 40 minutos.

Nos quedaban ya las últimas horas de la tarde para poder visitar algo de Kioto, fuimos directos al bambusal de Arashiyama que se localiza a 8Km en dirección oeste del centro. Si se va en metro se ha de parar en Arashiyama o en Saga-Arashiyama si vas en la línea JR. Este bosque de bambú es precioso, un laberinto de senderos atraviesa los altos troncos que tapan el cielo. Al estar atardeciendo fue una pena que las fotos no salieran bien pues se estaba totalmente a oscuras sin ningún tipo de iluminación. Otros puntos que se pueden ver en este lugar, que no pudimos por falta de tiempo y porque ya estaba cerrado (en Japón suele cerrar casi todo sobre las 17h - 17.30h), son el templo Tenryu-ji y el Parque Iwatayama (conocido porque habitan monos). Tras hacerse totalmente de noche decidimos volver hacia el centro para realizar el check-in del hotel e ir a cenar.

Fuimos todo el grupo a un restaurante (que no recuerdo el nombre) de la calle Kiya-machi. Pedimos varios platos para compartir los cuales consistían en: edamame (vainas de soja), gyozas, sashimi de salmón, yakisoba, huevos de codorniz, ensaladilla de patatas y Takoyaki (croquetas de pulpo que te tenías que hacer tú mismo y estaban de muerte). El precio salió a 1700 yenes por persona contando las dos cervezas que me tomé.

Con todo esto finalizaba el primer día en Japón. Había que descansar y adaptarse al cambio horario (cuesta coger el sueño).

Miércoles 24 de agosto de 2016: Kioto.

A las 9h habíamos quedado con nuestra guía local de Kioto, lo primero que hizo fue facilitarnos un bono de 24h para el metro (600 yenes) y el bus (500 yenes) pues nos moveríamos en transporte público.

Nos plantamos en la estación central de Kioto para coger el autobús número 205 (también vale el 101) y bajar en kinkakuji-michi e ir a ver el famoso Templo Kinkaku-ji, conocido como el Pabellón Dorado. Se trata de unos de los monumentos más famosos de Japón y recibe dicho nombre debido a que sus dos pisos superiores están recubiertos con pan de oro. El templo original fue construido en 1397 como lugar de descanso del shogun Ashikaga Yoshimitsu y ha sufrido varios incendios por lo que su aspecto actual data de 1955. Al lado del pabellón hay un estanque de agua conocido como Kyoko-chi (Espejo de agua) en el que se refleja de forma maravillosa los tonos dorados. En la parte posterior existe un bonito jardín que mantiene su aspecto original. El precio de la entrada es de 500 yenes.

Cerca de las 12h fuimos a Fushimi Inari-Taisha que se llega mediante la línea Nara de JR con parada en Inari o con la línea Keihan hasta Fushimi-Inari. Se trata del mayor templo sintoísta dedicado al dios Inari, dios de la fertilidad y el arroz. A su entrada hay dos kitsunes (zorro en japonés) que son los mensajeros de dicha deidad y existen centenares por el templo. Es famoso debido a que sus senderos están bajo miles de toriis formando de esta manera pasadizos de tonos rojizos. Cada uno de estos toriis es una donación de algún comerciante quien ha puesto su nombre sobre éste para que Inari le proporcione riqueza en sus negocios. Hay una escena de la película de "Memorias de una Geisha" que fue rodada en este lugar. La entrada es gratuita y se puede acceder a cualquier hora del día. En este santuario fue el primero donde hice el ritual de la purificación conocido como Temizu, a la entrada de todos los templos sintoístas hay una pila de agua con varios chorritos de agua y unos cuencos que, siguiendo el ritual, sirve para despojarnos de todo mal; suele haber un cartel con indicaciones de como hacerlo.

Sobre las 13:30h estábamos en el céntrico mercado de Nishiki (parada de metro de Karasuma) para comer a base de picoteo. Hay una gran variedad de productos, restaurantes y puestos para llevar y tomar. En mi caso me cogí varios rebozados: uno era una gamba, otro era de queso y el último de calamar (este era más grande y tenía la forma de un polo con palo incluido). Todo por menos de 1000 yenes en distintos puestos.

Antes de las 15h llegábamos al barrio de Higashiyama, nombre que recibe por la montaña en la que se sitúa. Se llega con el autobús número 206, parada de kiyomizu-michi. Puedo asegurar que es el barrio más bonito de Kioto y el que más me gustó de todo el viaje. Vale la pena callejear cada rincón y disfrutar del gran ambiente que desprende este encantador lugar lleno de casitas antiguas de madera y tiendas de todo tipo, además de contener diversos templos y santuarios. Cuidado con las cuestas escalonadas, pues según la tradición, si te tropiezas tendrás varios años de mala suerte. Fue en este lugar donde más chicas vi con los yukatas puestos, se trata de una vestimenta típica japonesa que se usa en las estaciones cálidas.

Tras un paseo por el barrio llegamos a Kiyomizu-dera (Templo del agua pura). Su acceso cuesta unos 400 yenes. Se trata en realidad de un conjunto de templos que fueron construidos en 778, aunque los actuales son de 1633 ya que sufrieron una serie de incendios. Nos detuvimos en Tainai-meguri donde te adentras simbólicamente en el útero de una bodhisattva totalmente a oscuras, solo te puedes guiar por una cuerda hasta llegar a una roca la cual debes girar mientras pides un deseo. Se dice que una vez sales has "renacido" por el acto de fe (y os aseguro que es un acto de fe andar totalmente a ciegas sin saber dónde pisas, yo iba preocupado por si daba con la cabeza en algún lugar). Claro, que como todo en las religiones, tiene un coste: 100 yenes. Al lado de Tainai-meguri se encuentra la Pagoda Sanjunodo que es, de las que tiene 3 pisos, la más alta de Japón. Continuamos el camino hasta llegar al impresionante Hondo (Salón Principal) cuya terraza se encuentra sustentada por grandes columnas de madera sobre una ladera, dentro del salón hay una escultura de la diosa Kannon que está representada con 1000 brazos (en cada mano nacen nuevos brazos) y está resguardada por varios guardianes que vendrían a ser como los arcángeles en la religión cristiana. Pasada la sala Okunoin se tienen las vistas más bonitas de Kioto pues se contempla la ciudad junto a la Pagoda Sanjunodo y la terraza del Hondo. Descendimos por el sendero hasta llegar a la Cascada Otowa que queda a los pies del Salón Principal y es el lugar que da nombre al Kiyomizu-dera. El agua de la cascada se divide en tres chorros que dicen que tienen propiedades terapéuticas (yo no lo probé, se me quitaron las ganas al ver la larga cola).

Con todo esto terminaba nuestra visita guiada a Kioto sobre las 17.30h, fue muy completo ya que incluía los puntos más importantes de la ciudad. Además, al tratarse de zonas que no están cerca las unas de las otras, hubiera tardado más en verlas por mi cuenta al estar mirando la forma de llegar y no perderme en el intento.

Sobre las 20h fuimos a cenar a Ganko Kyoto Eki-biru, se localiza en el interior de un edificio que está en frente de la Torre de Kioto. Esta cena era de las que te ofrecen en la agencia. Se trata de una cadena conocida que está recomendada por Lonely Planet. En nuestro caso nos sirvieron un menú de degustación Kaiseki que antiguamente era el tipo de comida que se servía junto a la ceremonia del té y consiste en muchos platos pequeños que intentan complacer tanto a la vista como al paladar. Fueron 3 rondas de platos. En la primera nos sacaron sashimi de atún rojo, de salmón y de shima-aji, yuba, gelatina de cereza, tortilla japonesa, higo, tai sushi (el tai es un tipo de pescado que solo se suele tomar el día de nochevieja) y un par de cosas más de nombres imposibles de memorizar. De segundo teníamos shabu shabu que es una preparación donde te sirven un recipiente en el que hierves el agua y ahí vas sumergiendo la comida, en este caso tofu, yuba, tai y verduras. De tercero una sopa misho y un bol de arroz. Y de postre una gelatina de melón muy buena. Aunque parezca mucha comida algunos se quedaron con hambre, no fue mi caso que me pareció más que suficiente y todo muy bueno.

Para finalizar la noche fuimos a dar un paseo al barrio de Gion, más conocido como el barrio de las geishas. Se encuentra partido en dos por la calle Shijo y existen numerosas casas de té en las cuales solo se puede entrar con invitación. El barrio en sí es bonito, con casas de madera, pero fuimos demasiado tarde y estaba ya todo cerrado o cerrándose. Solo vimos una geisha en la calle Hanamikoji, la más emblemática de la zona. Dicen que sobre las 17h es más fácil ver maikos y geishas. Dimos una vuelta por el santuario sintoísta de Yasaka y en sus jardines encontramos una concentración de personas jugando a pokemon-go (están enganchadísimos a este juego). Finalmente dimos otra vuelta por la otra parte del barrio de Gion y de ahí al Hotel a descansar.

Jueves 25 de agosto de 2016: Kioto - Hiroshima.

Teníamos media mañana para ver lo que pudiéramos de Kioto pues a las 12.30h habíamos quedado para ir a la estación de trenes y marchar a Hiroshima.

Nos levantamos temprano para ir al Castillo Nijo. Fuimos andando ya que estaba a poco menos de media hora desde el hotel (si se quiere ir en transporte público la parada de metro es Nijo-jo-mae). Sobre las 9h llegábamos, la entrada valía 600 yenes. Tras atravesar la impresionante puerta Karamon se encuentra el Palacio Ninomaru, construido en 1603 como residencia del primer shogun del clan Tokugawa. El interior es realmente bonito, de estilo japonés con sus puertas correderas, tatamis y paredes pintadas con motivo de la función que cada habitación desempeñaba. Si algo llama la atención es el ruido que hacen los corredores al andar sobre él, se llama suelo ruiseñor y es un mecanismo de defensa pues alerta de la presencia de otros. Posteriormente vimos los jardines con sus fosas y murallas, hay un mirador con bonitas vistas. También está el Palacio Honmaru, pero éste no está abierto al público.

Todavía nos quedaba tiempo y a las 11h llegábamos al Parque del Palacio Imperial. Allí se encuentra el Gosho y Sento Gosho que solo se pueden visitar con reserva previa solicitando un permiso a la Administración de la Casa Imperial. Sinceramente, verlos por fuera no vale nada la pena. Al menos había varios santuarios sintoístas y un bonito estanque en el parque, pero aun así no recomiendo esta visita a no ser que se haya logrado tener cita para los palacios.

Tocaba despedir Kioto e ir a la estación de trenes. Activamos el JR Pass, dado que duraba 7 días tendríamos hasta el día de vuelta a casa y así estaría incluido el tren al aeropuerto. Para ir a Hiroshima se ha de coger el Shinkansen (tren bala) y hacer escala en Shin-Osaka, hay que tener cuidado y no confundirse con la línea Nozomi que no está incluido en el JR Pass. En total se tarda unas 2 horas. Nos pasó un percance al bajarnos en Osaka y es que uno de los compañeros se dejó una bandolera con el pasaporte y el JR Pass dentro... un susto que duró poco pues la persona de la agencia fue a información y rápidamente nos comentaron que lo mandaban en el próximo tren. Si esto llega a pasar en España no sé yo si hubiera desaparecido en menos de lo que canta un gallo..., en este sentido Japón es un país muy seguro, nadie roba nada.

No he comentado nada de la comida y es que este día comí de McDonald's en la misma estación de trenes.

Una vez en Hiroshima, realizamos el pertinente check-in en el hotel Urbain Hiroshima Central de 3 estrellas pasadas las 19h. Las habitaciones eran amplias y era el único donde estaba incluido el desayuno. Un punto muy positivo es que se podía ir a todos los puntos turísticos a pie.

Salimos a cenar sobre las 21h cerca de la parada de metro Ebisucho, en toda esa zona hay bastante ambiente y está lleno de restaurantes. Primero intentamos en uno que tenía muy buena pinta, pero rápidamente nos salieron diciendo "english no" y no nos dejaron entrar, esto es bastante habitual en Japón por lo que no hay que tomárselo mal. Terminamos en Akakara (dirección: 3-10 Horikawacho, Naka-ku). Éramos los únicos turistas, buena señal pues queríamos entrar en algún restaurante que fuera más bien frecuentado por locales. La cena consistió en una ensalada de col, unas croquetas de carne, alitas de pollo picantes y buenísimas, edamame, tiras de carne de pollo, pellejo de alitas de pollo y un puchero para 5 de ramen (teníamos que elegir el grado de picante y dando uno bajo picaba que daba gloria). Junto a dos cervezas por comensal nos quedamos cerca de los 3000 yenes por persona. Quedamos muy satisfechos y nos lo pasamos genial, tuvimos muy buen trato a pesar del follón que armamos. Todas las mesas se nos quedaban mirando y nos saludaban, que simpáticos estos nipones.

Viernes 26 de agosto de 2016: Hiroshima - Miyajima - Hiroshima.

Tocaba madrugar e ir a Miyajima, lugar donde se encuentra el famoso torii en el agua (uno de los grandes reclamos turísticos de Japón) y que da entrada al santuario Itsukushima-jinja. Era una de las visitas que más ganas tenía de realizar.

Para desplazarse hasta Miyajima hay que coger la línea JR Sanyo y bajar en Miyajimaguchi, una vez allí se coge un ferri (que forma parte de la compañía JR por lo que entra en el JR Pass) que te lleva a la isla de Miyajima en apenas 10 minutos.

Paseamos por la calle Omotesando que tiene numerosos restaurantes y tiendas de suvenires, también se encuentra allí el shakushi (cucharón de madera) más grande del mundo. Siguiendo este camino se llega hasta la entrada del santuario Itsukushima-jinja. Algo que llama la atención es la libertad con la que andan los ciervos por toda la isla, hay que andarse con ojo pues intentan llevarse a la boca lo primero que pillan.

Para acceder al torii no hace falta entrar al templo, por la mañana la marea está baja y se puede llegar hasta él caminando. Aprovechamos para hacer todas las fotos posibles y contemplar su grandiosidad con esos tonos bermellones (aunque tengo que reconocer que me lo esperaba más grande). A continuación entramos al santuario tras pagar 500 yenes. El Itsukushima-jinja es como un muelle y esto se debe al estatus sagrado de la isla ya que así podían acceder en barco sin pisar tierra.

Lo siguiente que hicimos fue subir al Monte Misen, de 530 metros de altura. Para ello hay dos formas: en teleférico o andando durante cerca de una hora por un sendero. Hacía un calor y sol considerables por lo que no dudamos en pagar los 1800 yenes que cuesta la ida y vuelta en teleférico; para llegar hasta él hay que seguir un agradable paseo de unos 10-15 minutos. Una vez arriba hay vistas en 360º y números templos, aunque éstos no los vimos pues hay que seguir un camino cuesta arriba de unos 30-40 minutos y como he dicho anteriormente el sol apretaba mucho.

A las 13h estábamos de nuevo abajo, la marea había subido considerablemente de tal manera que el torii ya se encontraba con su base sumergida en el agua. Esta estampa es todavía más bonita.

Volvimos a la calle Omotesando para ir a comer a Yakigaki-no-hayashi, el restaurante que nos recomendó el chico de la agencia y que figura en la Lonely Planet. La espacialidad de Miyajima son las ostras así que eso fue lo que pedimos. Una de ostras a la brasa, otra de ostras crudas, otra de ostras fritas, boquerones fritos y anguila, todo para compartir y nos salió a 1575 yenes cada uno. Todo riquísimo.

Antes de volver a Hiroshima aprovechamos para comprar algún que otro regalo y cambiar dinero en un banco. Jamás he visto tanto ajetreo para hacer un cambio de divisa, tardó mucho en materializarse y no sé por cuantas manos pasarían mis billetes hasta que me dieron el apto y mis yenes... Por lo que tras esta experiencia recomiendo cambiar todo lo posible en el mismo aeropuerto donde el cambio es muy rápido. Además, hay que tener en cuenta que en pocos sitios aceptan tarjetas de crédito/débito.

Sobre las 17h estábamos de vuelta. Tras descansar una horita salimos a ver el Castillo de Hiroshima, me sorprendió gratamente tanto por sus impresionantes fosos como el castillo en sí. Lógicamente no es el original pues fue destruido por la bomba atómica, pero es una fiel reconstrucción de 1958. No entramos dentro, en él se alberga el Museo de Historia de Hiroshima de antes de la Segunda Guerra Mundial.

Continuamos la marcha hacia la Cúpula Gembaku, único edificio que quedó en pie en el epicentro de la explosión de la bomba atómica. Es sorprende, pues a solo 600 metros por encima, un 6 de agosto de 1945 a las 8.15h, fue cuando detonó la mayor tragedia jamás ocurrida. Da escalofríos...

A las 19h había quedado con el chico de la agencia junto a 3 personas más para ir a cenar uno de los platos más típicos de la ciudad, el okonomiyaki. Consiste en una masa de harina, una base de fideos yakisoba, otra capa de masa de harina encima y luego se pone los ingredientes que se desee, todo a la plancha; se podría decir que es una especie de pizza japonesa. El lugar al que fuimos se llamaba Micchan Iseya (dirección: 1-6-1 Kamiyacho, Naka-ku). Pedimos varias tapas de entrada y 4 okonomiyakis distintos. El precio no lo puedo decir pues formaba parte de una de las actividades del viaje, pero viendo la carta se podía ver que los okomiyakis rondaban los 1200 yenes.

Tras cenar dimos un paseo por la zona y tomé una copa de sake, la famosa bebida alcohólica japonesa que proviene del arroz y cuyo sabor es muy parecido a un orujo de hierbas, pero más suave. Terminamos tomando alguna copa más en un pub de estilo irlandés. Había bastante ambiente por las calles y tengo que destacar que los japoneses beben bastante, se les veía a todos muy contentos.

Sábado 27 de agosto de 2016: Hiroshima - Tokio.

A primera hora de la mañana fuimos directos a la Cúpula Gembaku. Cruzamos el río por el puente Motoyasu que da acceso al Parque Conmemorativo de la Paz, un lugar lleno de monumentos para recordar la gran catástrofe de la bomba atómica. Algunos de los que destacan son el Monumento a la Paz de los Niños, inspirado en Sadako Sasaki, una niña que murió de leucemia 9 años después de la explosión; la Campana de la Paz, que cualquier persona puede tocar por la paz mundial; Montículo de la bomba atómica, donde se encuentran sepultadas las cenizas de miles de víctimas; Torre de Reloj de la Paz que solo suena a las 8.15h, la hora en la que se produjo la tragedia; el Estanque de la Paz con el cenotafio de forma curva dónde se encuentran inscritos el nombre de todas las víctimas; la Llama de la Paz que solo se apagará una vez que se erradiquen todas las bombas nucleares; Monumento a las Víctimas Coreanas de la Bomba Atómica. Al final del parque se encuentra el Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima, la entrada vale 200 yenes y está dedicado a la historia de la bomba atómica. Es durísimo de ver, en su interior hay objetos tales como restos de prendas, pelos, relojes parados a las 8.15h, piezas fundidas, restos escolares... totalmente desgarrador.

Tras hacer un par de compras en varias tiendas de manga y anime (si se busca libros, comics, música o películas recomiendo ir a un Book Off donde se venden artículos de segunda mano a muy buen precio y los hay en todas las ciudades) hicimos el check out del hotel y sobre las 13h dejábamos Hiroshima para marchar a Tokio. El trayecto es largo, unas cuatro horas aproximadamente con el Shinkansen con trasbordo en Osaka. Tocaba de nuevo comer de McDonald's por comodidad. Dicen que llegando a Tokio se puede ver el Monte Fuji desde el mismo tren, pero el tiempo estaba muy nublado y comenzaban a caer gotas, era imposible verlo...

A las 19h llegábamos a la capital nipona, fuimos directos al Super Hotel Lohas de 3 estrellas, situado en el barrio de Akasaka. El hotel no era muy allá, las habitaciones eran diminutas y las dobles disponían de literas siendo la de arriba muy incómoda. Lo primero que hicimos fue situar cada barrio en un mapa de metro, fijándose bien es muy fácil moverse en este transporte a pesar de la gran cantidad de líneas que hay. Cada parada está señalizada con una letra y un número que indica el nombre de la línea y parada, recomiendo fijarse en eso en lugar del nombre de la estación.

Sobre las 21h nos dirigimos al barrio de Kabukicho (paradas E1, M8, S1, E27 y Seibu-Shinjuku de JR), conocido como el Barrio Rojo. Todo tipo de entretenimiento para adultos está aquí, incluido el famoso Robot Restaurant (hay que reservar con tiempo y todo aquel que ha ido no sabe ni como describirlo). También resalta un Godzilla (sí, el famoso monstruo) que asoma en lo alto de un edificio. Tras dar un paseo, fueron varias las personas que nos pararon ofreciéndonos "girls", tampoco son muy pesados, pero hay que tener cuidado pues suelen formar parte de la yakuza (mafia japonesa). Buscamos un lugar para cenar, primero lo intentamos en Warayakiya, que nos lo habían recomendado, pero no nos dejaron entrar, no nos quedó claro si por falta de sitio, si porque iban a cerrar en breves o simplemente no querían atendernos..... Finalmente lo hicimos en Izakaya Shosuke (dirección 1-11-6 Kabukicho, Shinjuku 160-0021). El trato en esta taberna fue de lo mejor, éramos los únicos turistas y estaban muy pendientes de nosotros, pedimos para compartir ensalada de patatas, yakitori y alitas de pollo, sashimi de atún rojo, escalope de pescado con mantequilla y un bol grande de noodles. Todo junto a unas cervezas salió a 1375 yenes por persona.

Posteriormente nos metimos en una tienda "Don Quijote", se trata de una franquicia de súper bazar japonés con todo tipo de productos, un muy buen lugar para comprar cosas para regalar a buenos precios. Antes de las 12h cerraban el metro así que tampoco nos entretuvimos mucho.

Domingo 28 de agosto de 2016: Tokio.

Este día teníamos nuestra visita guiada, a las 9h habíamos quedado en el hall del hotel para comenzar. Lo primero que hicimos fue sacar el bono de 24h para el metro (600 yenes) y partir hacia el barrio de Asakusa (paradas G19, A18), se trata del lugar con más historia pues allí se encuentra el templo budista más importante de la ciudad, el Senso-Ji. Fuimos al punto de información turística, se podía subir a la planta superior donde había unas formidables vistas y contemplar el Tokyo Skytree que es la estructura más alta de Japón con 634 metros. Una vez de vuelta en la calle, pasamos por la Kaminarimon, conocida como la puerta de los truenos; tiene una lámpara de 4 metros de papel y estructura de bambú. Atravesamos Nakamise-dori, una calle comercial que lleva hasta la puerta Hozomon del Senso-ji. El templo está dedicado a la deidad Kannon, tuvimos la suerte de poder ver una boda dentro. Callejeamos un poco el barrio, hay muchas tiendas con productos para hostelería, en muchas de ellas se vendían platos y comidas plastificadas que se usan para ponerlas en el mostrador de los restaurantes. Si se quieren comprar los típicos palillos para comer de regalo, esta es una muy buena zona.

Continuamos la ruta al barrio de Akihabara (paradas H15, S08 y Akihabara de JR), conocido como el barrio electrónico. Este lugar parece sacado de las máquinas recreativas con música de 8 bits y dibujos manga por las calles, edificios gigantes con publicidades estridentes, chicas disfrazadas con publicidad de Maid Cafes (orientados al público masculino). Hay muchísimas tiendas de chatarrería y electrónica así como de manga y anime. Entramos a un edificio de unas 6 plantas llenas de figuritas de dibujos, me hizo mucha ilusión ver personajes de mi infancia tales como Goku, Lupin, los Caballeros del Zodiaco, Sailor Moon, Arale... eso sí, los precios son altos.

Fuimos a comer a una especie de centro comercial cercano a la estación de JR, entramos a un restaurante que se llama Suzuya (dirección: 4-14-1 Sotokanda Chiyoda Tokyo) cuya especialidad era el tonkatsu. Para no marear entramos en grupos pequeños de 2-4 personas (si se entra todos de golpe se marean y ya no quieren atender). En mi caso nos pusimos en una mesa de dos y pedimos para compartir un plato de tonkatsu y otro que tenía dos camarones en tempura y dos croquetas de crema de cangrejo buenísimas, todo acompañado con una sopa misho, un bol de arroz y col que junto a la pinta de cerveza salió a 2180 yenes por persona.

Proseguimos el día visitando la isla artificial de Odaiba, situada sobre la bahía de Tokio. Para llegar hay que coger la línea privada de tren Yurikamome, que es bastante cara, en Shimbashi. Este metro está totalmente automatizado (conductor automático) y pasa sobre el Rainbow Bridge que une la isla con la bahía. Allí se encuentra una de las pocas playas de la ciudad, con unas vistas muy bonitas del skyline. Aunque sea verano la gente no se baña, pero sí que se veía bastante actividad como carreras de remo. Hay elementos muy curiosos como la réplica de la Estatua de la Libertad y el robot Gundam de 18 metros de altura, este personaje no es famoso en España, en cambio, allí es todo un icono. Pero aún hubo algo que me pareció más curioso... y es que todo el mundo iba con el móvil en la mano, andaban hacia la misma dirección, algunos incluso corrían... y todos tenía la misma pantalla en el móvil... estaban jugando a Pokemon-Go, por lo visto en Odaiba suelen salir pokemons especiales y van todos como locos...

Con esto terminaba nuestra visita guiada sobre las 17h de la tarde. Nuestro próximo objetivo era ir a la Torre de Tokio. Para ello, una vez en Shimbasha, tomamos la línea JR y bajamos en Hamamatsucho (en metro valen las paradas A9, E20, E21, H5, G7, I6). Por el camino atravesamos el templo budista de Zojoji el cual deja una bonita estampa con la torre detrás, que aunque parezca mentira, es más alta que la Torre Eiffel con cerca de 333 metros de altura. El precio para subir al primer mirador, que se eleva a 150 metros, es de 900 yenes; una vez allí, si se quiere ir al segundo mirador que está a 250 metros, se ha de pagar otros 700 yenes. En nuestro caso nos conformamos con las vistas del primero que las considero más que suficientes. La noche ya había caído sobre la ciudad y se podía contemplar la gran contaminación lumínica que desprende la capital nipona, el cielo no se terminaba de ver negro sino que tenía un color grisáceo claro. Cuando bajamos estaba lloviendo considerablemente, menos mal que dentro del acceso a la torre hay varias tiendas y en ellas compramos unos paraguas, aunque de nada nos valieron pues al salir con ellos dejó de llover.

A las 20.30h nos bajábamos en la estación de Harajuku de la línea JR para ir a cenar a un lugar que nos habían recomendado cuya especialidad eran las gyozas. Este plato es muy típico en Japón, China (donde se le llama jiaozi) y Corea (que recibe el nombre de mandu) y consiste en una especie de empanadilla rellena de verduras o carne picada que se sirve tanto hervida como frita. El restaurante se llamaba Harajuku Gyoza Lou (dirección: 6 Chome-2-4 Jingumae) y al llegar había una cola para entrar considerable, pero va bastante rápida. Nos pedimos todas las clases de gyozas que estaban en la carta y repetimos las que más nos gustaron. El precio es muy económico pues contando las cervezas salimos a 950 yenes por persona. Bueno, bonito y barato. Cerca de este lugar había un local que me llamó la atención, se trataba de un CatCafe, había escuchado sobre ellos, pero pensaba que serían broma... son cafés temáticos cuya atracción es tomarte algo acompañado de un gatito.

A las 22.15h fuimos a visitar el barrio de Shibuya (paradas de metro Z1, F16 y G1 y parada de Shibuya de JR). Al llegar vimos la estatua del perro más famoso de Tokio, Hachiko. Resulta que este perro iba todos los días a esperar a su dueño a la estación de Shibuya hasta que un día éste falleció y Hachiko continuó con la costumbre hasta que murió 10 años después; existe una película de Richard Gere sobre esta historia. Delante de la estación se localiza el cruce más transitado del mundo, conocido como "la espantada", y es que cada vez que el semáforo se pone en verde para los peatones, pueden llegar a cruzar hasta más de mil personas en distintas direcciones y sin ningún sólo choque. Tengo que destacar que jamás verás a un japonés cruzando en rojo, son muy sumisos a la autoridad. Tras un paseo por el barrio, que tenía bastante ambiente, dimos por finalizado el día y marchamos al hotel.

Lunes 29 de agosto de 2016: Tokio.

Me levanté temprano para ir al Mercado de Tsukiji (parada de metro H10), el mercado de pescado más grande del mundo cuya estrella es el maguro (atún rojo). Me acompañó una pareja que también tenían curiosidad por conocerlo. Camino al metro vi una de las cosas más extrañas, sino la más, que he visto en Japón. Resulta que había un grupo de 15 hombres aproximadamente ordenados en 4 filas en un patio dirigidos por un señor en traje, el resto iba en ropa interior o bañador, uno de ellos con el famoso bañador de Borat... No tengo ni idea de que se trataba, pero no daba crédito.

Subimos al metro en hora punta, cuando va lleno a más no poder y los empujadores hacen su papel. Pudimos observar que los famosos vagones de "solo para mujeres" no son un mito, existen aunque solo se aplica en horario laboral de 7h a 10h. Por suerte íbamos en dirección contraria a la de todo el mundo, y donde nosotros subíamos, ellos bajaban. Es sorprendente ver el orden que tienen, hacen colas individuales para acceder a los vagones y siempre se guarda una zona para que las personas puedan andar por las vías sin ser entorpecidas. Es el país mejor organizado que he visto.

Cuando vas llegando al mercado empiezas a ver mucho movimiento con los carros de transporte marchando a lo loco, hay que tener mucho cuidado porque van sin mirar. Al chico que iba conmigo le dieron con un transportador en todo el tendón de Aquiles y le hizo bastante daño. En un principio tenía la intención de ir a ver la subasta, pero en cuanto me enteré que había que estar sobre las 4 de la mañana y que solo admiten 120 visitantes, se me quitaron las ganas. Dimos una vuelta por los distintos puestos de ventas y finalmente terminamos pidiéndonos una bandeja de nigiris de distintos tipos de atún, 5 piezas por 1000 yenes, ¡estaban de muerte! Por lo visto el mercado se ha quedado pequeño y tienen intención de trasladarlo a otro lugar para finales de año.

Antes de las 11h estábamos en las inmediaciones del Palacio Imperial Kokyo (paradas I9, C11, T9, M18, Z8) donde habíamos quedado con un par de compañeros más. Se trata del lugar de residencia del emperador y su familia. Antes del 2016 solo era visitable 2 veces al año, ahora es posible hacerlo de lunes a sábado. Este dato lo desconocía, de todas maneras no vi nada que así lo indicase, pero por si a alguien le interesa en esta web explican como: http://sankan.kunaicho.go.jp/information/lists/kokyo. El Palacio se encuentra rodeado de unas imponentes murallas y fosos, visitamos el jardín exterior donde se saca la típica foto en la que se ve el puente Nijubashi y el Kokyo.

Sobre 12h llegábamos al Parque Yoyogi (paradas C3, F15 y Harajuku de la línea JR). Se trata de uno de los mayores parques de la ciudad y en su interior aguarda el santuario sintoísta más grande de Tokio, el Meiji-jingu que está dedicado al primer emperador de la época moderna. Dicen que este parque es el elegido por los tokiotas para hacer picnics y pasear con la familia, pero como caían gotitas solo estábamos los turistas. Dimos un agradable paseo por sus senderos rodeados de frondosos bosques y visitamos el santuario, antes de llegar a él llama la atención las estanterías con bonitos barriles de sake y vino francés que hay por el camino.

A continuación fuimos andando hasta Takeshita-dori, una calle peatonal muy famosa llena de tiendas de moda adolescente en el que podías encontrar merchandising de los ídolos japoneses, lencería de todo tipo, camisetas frikis (aquí me compré una camiseta Dragon Ball), tiendas de todo a 100, cafeterías, etc... Posteriormente fuimos a comer a un restaurante Tailandés que prefiero olvidar pues mi boca salió de allí como si fuera un dragón escupiendo fuego de lo que picaba la comida.

Volvimos al barrio de Akihabara a visitar más tiendas y hacer algunas compras y sobre las 17h fuimos a descansar un rato al hotel antes de ir a cenar. A las 19.15h habíamos quedado en la parada M7 para disfrutar de una Sushi Gastroexperience que ofrecía la agencia. El lugar elegido fue el Asahi Sushi que se encuentra en la planta 50 del Shinjuku Sumitomo Building (dirección: 2 Chome-6-1 Nishishinjuku). Las vistas desde el local son impresionantes. Nos sacaron un plato con piezas de nigiri con distintos tipos de pescado como atún rojo, bonito, ventresca de atún, camarón, erizo de mar, caballa... Para que los sabores más fuertes no enmascaren al más suave hay que empezar con aquellos que tienen colores más claros y terminar con los más oscuros, entre uno y otro se puede tomar algo de jengibre. Algo que no sabía, y que aprendí allí, es que el nigiri se moja en soja por el lado del pescado para enfatizar el sabor y si lo haces por el arroz este absorberá tanta salsa que solo te sabrá a soja. Todo estaba buenísimo, aunque tengo que reconocer que me quedé con algo de hambre...

Y tocaba hacer algo muy típico japonés para despedir Tokio, nos fuimos a un karaoke del barrio de Kabukicho. La palabra karaoke en sí significa orquesta vacía. Estos sitios no son como estamos acostumbrados en España, son edificios enteros con salas insonorizadas privadas que alquilas por horas y en el que, por supuesto, puedes pedir copas. Jamás había estado en uno, de hecho creo que nadie me ha visto cantar... y tengo que reconocer que me lo pasé genial, fue muy divertido, aunque algo me quedó claro: ninguno de nosotros podrá ganarse la vida en el mundo de la música.

Martes 30 de agosto de 2016: Osaka.

Nuestro último día completo. Salimos temprano rumbo a Osaka con el Shinkansen y sobre las 12.30h estábamos ya en nuestro hotel, se llamaba Shell Nell Namba que es un hotel cápsula, toda una experiencia. En estos sitios todo el mundo duerme de forma individual, los hombres por un lado y las mujeres por otro; en este caso habían dos filas de cápsulas, me tocó en la de debajo; el tamaño era suficiente para estar sentado y no darte en la cabeza y la anchura como una cama de 90 centímetros; me resultó muy cómoda y no sentí claustrofobia en ningún momento.

Antes de las 13h ya estábamos visitando la ciudad. Yo tenía un objetivo y es que de pequeño era un fan de unos dibujos que se llamaban Musculman, me había informado y el autor de la obra era de aquí y tienen una tienda oficial que se encuentra en el barrio de Shinsekai. Fuimos andando desde el hotel, pues estaba a unos 15 minutos, y por el camino ya me fijé que había alguna tienda que otra con cosas de mi súper héroe favorito.

El barrio de Shinsekai era un antiguo parque de atracciones que se ha convertido en un distrito algo retro, allí se encuentra la torre de acero Tsuten-kaku de 103 metros de altura. Toda la zona está llena de tiendas y restaurantes de kushikatsu que son brochetas rebozadas. El lugar me gustó, me hubiera quedado a comer si no fuera porque estábamos limitados de tiempo. Me recorrí varias calles intentado localizar la tienda, al final acabé preguntando a varias personas por Kinnikuman (su nombre en japonés) y cada uno me mandaba a un lugar distinto, increíble... al final con tantas vueltas terminé sin encontrarlo y nos marchamos del barrio rumbo al Umeda Sky Building. Misión fallida.

Para llegar al Umeda Sky Building cogimos el metro en Ebisucho, hicimos transbordo en Dobutsuen-mae y bajamos en Umeda. Una vez allí no teníamos ni idea de cuál era el edificio así que tocó preguntar... Nos costó algo encontrarlo, pero finalmente lo vimos, no había duda de que era ese. De estilo futurista con dos torres gemelas acristaladas unidas por un jardín flotante con unas escaleras mecánicas que van de un lado a otro. Comimos en el callejón Takimi Koji, un lugar inspirado la era Taisho, es decir, como el Japón de hace 100 años; me pedí un tonkatsu y una cerveza que salió a unos 1200 yenes. A continuación, subimos al edificio hasta la última planta permitida sin coste; las vistas son perfectas, a pesar de que Osaka no es una ciudad bonita, prácticamente lo que se ve son bloques y bloques de hormigón. Llama la atención, sobre todo, un edificio que está atravesado por la autovía, se trata del Gate Tower Building.

Nuestra siguiente visita sería al Castillo de Osaka, para ello cogimos la línea JR y bajamos en Osakajo-Koen (también se puede ir en metro bajando en Tanimachi 4 - chome). Paseamos por los jardines desde los que se tienen unas bonitas vistas de la ciudad al atardecer. El castillo es muy moderno ya que se trata de una reconstrucción de cemento de 1931, el original data de 1583 y fue todo un símbolo de la unificación de Japón. Hay algo que choca mucho a la vista y es el ascensor acristalado que tiene, rompe con toda harmonía. No entramos dentro, donde hay un museo y un mirador en la octava planta. Aunque el castillo es impresionante y está considerado uno de los más bonitos e importantes de Japón, personalmente me gustó más el de Hiroshima, igual fue culpa del ascensor...

A las 19h estábamos de nuevo en nuestras cápsulas para darnos una duchas antes de salir a cenar, yo aproveché para ir a la tienda que había visto por la mañana con cosas de Musculman, por suerte seguía abierta y me pude comprar un par de camisetas. Ya era feliz.

A las 20h teníamos la cena de despedida, se hizo en Fufutei (dirección: Naniwa Ward, Nanbanaka, 2-10-1), especializado en yakiniku (carne a la parrilla). La cena consistía en comer toda la carne que quisieras durante 2 horas; tenías unas parrillas para ir haciéndotela al gusto y daban la opción de barra libre de cerveza por 1280 yenes. Sinceramente no tengo ni idea de qué tipo de carne me estaba comiendo, pero estaba toda muy buena, además, nos sacaron distintos entrantes para ir acompañando como ensalada, algas nori y edamame. Aunque pagamos a través de la agencia porque era una de las cenas que te ofrecían como opcional, se podían ver fácilmente los precios que estaban entre los 3218 y 3758 yenes dependiendo de la calidad de la carne.

Para finalizar nuestra última noche dimos un paseo por el barrio de Dotonbori. Se trata de la zona más animada de Osaka y recibe el nombre por el canal homónimo que lo cruza. Está repleto de restaurantes y lugares de ocio de cualquier tipo. Todo en este lugar es llamativo, los rótulos son chillones con cangrejos, pulpos, dragones, peces... todo a escala gigante. Uno de los carteles más emblemáticos es el Glico Man que muestra un atleta sobre una pista de atletismo, fue instalado en 1935 y hasta hace unos años lucía con luces de neon que han sido sustuidos por leds.

Y con esto pusimos fin a Japón. Me iba a descansar en mi apañada cápsula, la cual me di cuenta que no tenía puerta sino una persianita, se escuchaban todos los ronquidos.

Miércoles 31 de agosto de 2016: Regreso a España.

Había que madrugar, mi avión salía a las 10.15h de la mañana. Para ir al aeropuerto tomamos un taxi para que nos llevara a la estación de Tennoji (se puede ir en metro hasta aquí, pero por ir más rápidos), allí se cogía un tren, de la línea JR, directo al aeropuerto de Kansai. Tocaba despedirse de los maravillosos compañeros que había tenido en el viaje.

El regreso fue también con la compañía Lufthansa, los vuelos fueron todos perfectos, sin turbulencias, pero... me topé con una sorpresa en el aeropuerto de Frankfurt. Imaginaos que aterrizáis, salís del avión y solo veis pasillos llenos de camillas de urgencia. Mi cabeza empezó a pensar de todo puesto que era muy raro aquello, no olía muy bien. De golpe me topé con un control gigante, había demasiada gente en los controles de seguridad para acceder a las puertas de embarque. Una vez superados solo veía vuelos cancelados y gente haciendo colas kilométricas en reclamación, algunos de ellos estaban siendo atendidos con ataques de ansiedad. Me puse en contacto con mis familiares para ver si sabían que estaba pasando, en un principio se me pasó que quizás había huelga, pero resultó que no. Lo que había pasado es que una persona se había saltado el control de seguridad tras haberse detectado restos de explosivos en su equipaje, desalojaron el aeropuerto entero y activaron el aviso de bomba. Esto explicó lo de las camillas, la cantidad de gente en los controles (acaban de reabrir el aeropuerto) y los vuelos cancelados. Por una vez me alegré de tener una escala de 6h, cuando le tocó embarcar a mi vuelo todo se había normalizado y pude regresar a casa a la hora programada.

Sayonara Nihon!

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