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Hace tiempo que quería ir al Parque Natural del Cabo de Gata y al fin, este verano, fui a conocerlo con mi pareja. Disponíamos de pocos días, pero los suficientes para poder visitar algunos de los puntos más emblemáticos; en total estaríamos 4 días y 3 noches.

El Parque Natural del Cabo de Gata se encuentra en los términos municipales andaluces de Almería, Carboneras y, en mayor parte, Níjar. Es de origen volcánico y está incluida por la UNESCO en la Red Mundial de Reservas de la Biosfera.

El primer paso era reservar un alojamiento ya que agosto es temporada alta y es complicado encontrar algo bueno y a buen precio. Creo que acertamos de pleno, nos hospedamos en la Posada de Carmen, situada en la Villa de Nijar. Desde este lugar estábamos a 30 minutos en coche de cualquier punto del Cabo de Gata, por lo que es perfecta su localización. La posada nos salió a 60€ la noche por habitación doble y lo recomiendo encarecidamente, el trato fue genial y la habitación era perfecta con todas sus comodidades.

1º Día: Playa de Mónsul y Playa de los Genoveses

Partimos un jueves sin tener nada planificado, iríamos decidiendo sobre la marcha. Con el temor de que viernes o el sábado podrían estar las playas más masificadas, decidimos ir directamente a conocer la Playa de Mónsul y la Playa de los Genoveses que pertenecen a la localidad de San José, muy cerquita la una de la otra. Para acceder a estas playas puedes hacerlo con tu propio coche o coger un autobús desde San José. Aconsejo lo segundo por varios motivos: el primero es que el camino para llegar es de tierra; el segundo que el aparcamiento es limitado y una vez está completo no te dejan acceder con el coche; y el tercero es que estarás ayudando a conservar un parque natural al no saturarlo de coches. Si te decides por tu propio coche el precio del aparcamiento es de 5€ en cada playa. Nosotros dejamos el coche en el aparcamiento municipal y gratuito de la Calle Entrada de San José. Cerca está la caseta donde se compran los tickets, al lado de una rotonda; compramos dos billetes de bus de ida y vuelta por 2.70€ cada uno. Si te quieres desplazar luego de una playa a otra puedes comprar un ticket extra de 2€ en el mismo autobús cuando te quieras mover. En agosto, la frecuencia del bus es de 30 minutos.

Fuimos primero a la Playa de Mónsul. Una maravilla de playa, la más bonita para mi de todas las que he pisado en España. Las rocas que la bordean son enormes lenguas de lava solidificada que llegaron hasta el mar y que con la erosión han creado una imagen única al parecer enormes olas que quieren volver al mar. Su icono es la Peineta de Mónsul, la ola solidificada más destacada y que ha aparecido en multitud de películas como Indiana Jones y la última cruzada o La Historia Interminable. Su arena es fina y de color oscuro y sus aguas son cristalinas. A espaldas de la playa está la Duna de Mónsul desde la que se puede obtener unas vistas perfectas de la playa y todos sus alrededores. Nosotros no subimos porque la arena estaba ardiendo.

Recorrimos la playa y nos pegamos unos buenos chapuzones. Me encantó la panorámica desde la parte oeste de la playa a la que se accede bordeando la roca, llegando a una calita. Ya a mitad tarde, decidimos recoger y movernos hacia la Playa de los Genoveses.

La Playa de los Genoveses se encuentra en una extensa bahía de más de un kilómetro de longitud y está rodeada de dunas con vegetación típica de la zona como pitas y chumberas. A diferencia de la de Mónsul, su arena es de color dorado. Cuando llegamos, el agua había invadido gran parte de la playa. Esto era debido a que el día anterior hizo viento de Levante y la fuerza del aire arrastró el agua creando una pequeña balsa en su duna. Al estar orientada al este, no es un sitio recomendado al que ir cuando hace viento de levante, por suerte el viento había terminado y hacía un día ideal. Nos pegamos otro par de buenos chapuzones y nos pasó una cosa graciosa, y es que una pequeña ola empezó a invadirnos hasta mojar nuestras toallas. Nos tocó recoger todo y movernos a otro lado antes de que se nos mojaran el resto de las cosas. Y eso que estábamos bastante separados de la orilla, pero al tratarse de una playa muy plana se pueden dar este tipo de cosas.

Todas las playas de esta zona son vírgenes, por lo que no hay ni chiringuitos ni socorristas. De hecho, al no haber socorrista nunca puede ondear la bandera verde. Si el día está bien estará puesta la amarilla como fue nuestro caso. Es recomendable ir siempre con bebidas para poder hidratarse y nunca olvidar la protección solar.

Con esto poníamos fin a un gran día de playa. Ahora nos tocaba ir a conocer nuestro alojamiento en la Villa de Níjar. Allí nos recomendaron ir a cenar a un restaurante cercano que se llama Pata Negra. No está nada mal, hay tapas que te sirven con la cerveza y además raciones para pedir que oscilaban entre los 7 y 15€ aproximadamente. Si pides tapas puedes comer prácticamente, aunque no está mal pedir una ración para saciar el apetito. 

2º Día: Playa de los Muertos

El día siguiente desayunamos en el pueblo en un local que se llamaba Lorca 41 Retro Bar, de estilo vintage. Posteriormente pusimos rumbo hacia la Playa de los Muertos, situada en el municipio de Carboneras. Su nombre lo debe a la frecuencia con la que recibía cadáveres de náufragos que eran arrastrados por las corrientes marítimas que convergen en este punto.

Como ya he comentado anteriormente, estábamos a 30 minutos de cualquier punto interesante de Cabo de Gata, así que eso fue lo que tardamos en llegar más o menos hasta el aparcamiento (coste 5 € para todo el día) que estaba ya con la barrera cerrada. Pero no pasa nada, porque más adelante hay un enorme carril de tierra donde se puede aparcar de manera gratuita, eso sí, bastante pedregoso y luego, dependiendo donde logres aparcar, tocará andar más. En nuestro caso, estábamos a unos 10-15 minutos del punto de información que es desde donde parte el sendero que te lleva a la playa, que son otros 15 minutos por camino de tierra con bastante desnivel por lo que no es aconsejable para personas con problemas de movilidad o carritos. Lo mejor es ir lo más cómodo que se pueda y con los menos trastos posibles. Eso sí, que no falte el agua ya que se trata de otra playa virgen sin nada alrededor, ni chiringuitos, ni socorristas, nada de nada.

La playa es una auténtica maravilla. Un extenso litoral de 800 metros de longitud con una arena formada por piedrecitas de colores de las que no hacen daño en los pies y se sacude con mucha facilidad. El agua tenía un color azul intenso y era totalmente cristalina: se veía absolutamente todo, es una de las aguas más transparentes en las que me he podido bañar. A un lado de la playa, había una enorme roca que sobresalía que recordaba a la famosa isla de James Bond de Tailandia, pero al otro lado, en cambio, se vislumbraba una enorme cementera que hacía que perdiera todo el encanto. Mejor no mirar hacia ese lado.

La playa está orientada al este, por lo que cuando soplan fuertes vientos de levante no es aconsejable su baño ya que, al ser una playa con bastante desnivel, enseguida cubre el agua y puede ser difícil salir. A nosotros nos hizo un día fabuloso y tuvimos la mala suerte de dejarnos el equipo de esnórquel en el coche, cualquiera volvía a recorrer los 30 minutos con el sol que hacía... la orilla de la playa estaba llena de bancos de peces, una auténtico espectáculo.

Tras pasar prácticamente todo el día en la playa, volvimos a nuestro alojamiento para cambiarnos e ir a Las Negras a cenar, una localidad costera perteneciente a Níjar que nos habían aconsejado en la posada por su ambiente nocturno. Cenamos en el restaurante El Manteca, a orillas de la playa, donde nos pedimos unas almejas, un calamar a la plancha y una ración de mojama que junto con las cervecitas nos salió por 55€. Posteriormente, dimos un agradable paseo por el pueblo y nos tomamos una copa en el chiringuito de Café del Cabo.

3º Día: Las Salinas de Cabo de Gata, Arrecife de las Sirenas y Cala Arena

Nuestro tercer día nos levantamos y pusimos rumbo directamente a la barriada de Cabo de Gata a desayunar en el primer bar que nos encontramos. Posteriormente, nos dirigimos a las Salinas de Cabo de Gata. Una carretera totalmente recta recorre los 5 kilómetros de salinas por un lado y la playa por el otro. Hay distintos puntos de observación en las salinas para poder ver en sus humedales a los flamencos rosados, aunque solo están aquí en su paso migratorio entre finales de julio y principios de agosto. Nosotros tuvimos la suerte de poder coincidir con ellos. 

En mitad del recorrido se encuentra la Iglesia de las Salinas, todo un icono del lugar que ha logrado aparecer en series como la Casa de Papel o videoclips del famoso grupo Jamiroquai (como fan que soy os puedo decir que exactamente en Cosmic Girl y Cloud 9. No pude evitar poner en el coche algunas de sus canciones a todo volumen por todo este tramo). Nos detuvimos y sacamos el trípode para hacer fotos de mil maneras. Desde luego que la imagen queda preciosa, muy fotogénica, con la carretera, la iglesia, las salinas y las montañas de fondo.

Siguiendo la carretera, comienza una zona de curvas que transcurre por la montaña hasta llegar al Faro del Cabo de Gata, que data de 1863. Desde este punto hay un mirador con vistas a uno de los lugares más emblemáticos y fotografiados del Cabo de Gata: El Arrecife de las Sirenas. Su nombre se debe a que, antiguamente, los marineros contaban que en el arrecife habían visto sirenas. Pero lejos de la realidad, se trataban de focas monje que hoy en día es imposible encontrar debido al calentamiento del agua. Bajamos por un sendero hasta el arrecife. Desde la misma orilla parte una serie de guías oxidadas para embarcaciones que, junto con las chimeneas volcánicas solidificadas al fondo, crean una imagen única y mágica. Vimos que habían personas practicando en este mismo punto esnórquel, así que decidimos ir a comer y volver más tarde a sumergirnos un rato en sus aguas.

Nos comimos una parrillada de pescado y unas croquetas de choco en el Restaurante el Faro, la parrillada se nos quedó floja no en cantidad, sino en contenido. Salimos por cerca de 50€ los dos.

Recogimos el equipo de esnórquel del coche y volvimos a bajar al Arrecife de las Sirenas. El fondo marino del arrecife no es que estuviera repleto de peces, pero era una pasada por sus formaciones volcánicas. Girando a la izquierda mirando al mar, llegamos a una pequeñísima cala de arena en la que solo había un par de personas, tampoco es que hubiera espacio para muchos más.

Tras haber disfrutado todo lo que pudimos, volvimos a subirnos al coche para irnos a Cala Arena, muy cerquita del arrecife, a unos 5-10 minutos aproximadamente. La cala es de arena fina, de 55 metros de longitud. Cuando llegamos estaba bastante llena y no sabíamos dónde colocar nuestras toalla y la sombrilla, de golpe vimos un conjunto de piedras que formaban un círculo. Era perfecto para nosotros, cabíamos los dos y parecía que nos habían montado una casita a medida. Lo más espectacular de esta playa es que está rodeada de disyunciones columnares, toda una obra de la naturaleza. Se trata de columnas con forma poligonal surgidas por el enfriamiento lento de las coladas de lava tras la erupción. Lo primero que te viene a la cabeza al verlo es la famosa Calzada del Gigante de Irlanda del Norte.

Con todo esto pusimos fin a un grandísimo día completísimo. Para cenar, volvimos a ir al restaurante Pata Negra, en un principio teníamos pensado acercarnos a San José ya que eran las fiestas locales, pero estábamos realmente cansados.

4º Día: Villa de Níjar y Mojácar

Nuestro último día llegaba y como no nos apetecía llegar hasta Valencia húmedos por un chapuzón en alguna playa, decidimos invertir este día en ver dos pueblos: Níjar, que a pesar de haber estado allí alojados no habíamos invertido tiempo en él; y Mojácar, que nos pillaba de camino, aunque ya está fuera del Parque Natural del Cabo de Gata. Ambos pueblos están inscritos en la lista de los Pueblos Más Bonitos de España.

Después de hacer las maletas y despedirnos de nuestra maravillosa posada, nos fuimos a la oficina de turismo del pueblo para ver que itinerario nos recomendaban. Fue curioso ver como una niña nos atendió y nos explicó muy bien y de forma muy graciosa cómo podíamos visitar la maravillosa Villa de Níjar. Su casco antiguo es de origen árabe y fue fundada en el siglo XIII. Lo primero que visitamos fue la Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, antigua mezquita de estilo mudéjar; posteriormente, pasamos a recorrer sus preciosas calles estrechas y laberínticas adornadas por coloridas macetas hasta llegar al Atalaya desde la que se divisa todo el pueblo y sus alrededores. Desde arriba, es un manto blanco, todas las casas están encaladas. La vuelta la hicimos por otro recorrido distinto. Nos enamoró la villa, muy pequeñita, pero con muchísimo encanto. También se puede visitar el barrio artesanal donde trabajan la cerámica y las jarapas en casas particulares, pero al ser domingo nos comentaron que seguramente nadie estaría trabajando por lo que descartamos visitarlo. Eso sí, como las tiendas estaban abiertas decidimos llevarnos una cerámica de recuerdo y unos preciosos cactus, típica planta de Nijar.

Comenzamos el camino de regreso a casa y sobre la hora de comer nos deteníamos en Mojácar. Otro pueblo blanco situado en lo alto de una montaña. Desde luego tiene una estampa preciosa. Lo primero que hicimos fue comer, parecimos turistas novatos al pararnos en el primer lugar que vimos. Café de Torino se llamaba, situado en la Plaza Nueva y con una terraza con fabulosas vistas. No lo recomiendo a nadie, comida mediocre y atención pésima. Posteriormente, pasamos a recorrer sus preciosas calles llenas de hermosas macetas a la hora de más calor, la única ventaja es que íbamos solos paseando. Visitamos La Iglesia Parroquial de Santa María que data del siglo XVI, lo más curioso es que carece de retablo y en su lugar hay una bonita pintura al fresco; la bonita y porticada Plaza del Parterre de la que se cree que fue una antigua necrópolis árabe; la Plaza del Ayuntamiento; y todas las calles que pudimos bajo un intenso calor. Mojácar es muy bonito, pero pierde el encanto cuando ves que cada plaza está aprovechada con terraza de bares.

Con todo esto poníamos fin a estos maravillosos 4 días. Cabo de Gata es una joya, nos enamoramos de este precioso paraje y amenazamos con volver y descubrir el resto que nos quedó pendiente como la Isleta del Moro, el Playazo, Agua Amarga, la Playa de los Escullos, Cala del Plomo o la Cala de San Pedro por citar algunos.

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