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Una ciudad medieval en Canadá

Autor: ToniEscuder - Fecha de creación: 07/06/2012

Me quedé enamorado de Quebec, una ciudad preciosa que mantiene su pasado medieval intacto dotándola de un encanto especial. Allí estuve poco más de un día y medio en verano del 2010 y la verdad, que para ser Canadá, cualquiera diría que hacía más de 30º, creo que tuve la suerte de coger la semana más calurosa de sus pocas semanas de verano.

Al llegar a la ciudad nos dieron una pequeña vuelta en autobús mientras nos explicaban un poco de su historia y algunas zonas de la ciudad, la verdad que no me gustó nada la visita guiada, sobre todo porque no bajamos del autobús y eso es un poco agobiante... El único lugar donde pusimos pie fue en el Parc des Champs-de-Batalle (Parque de los campos de batalla), en este sitio tuvo lugar la batalla de las llanuras de Abraham, una guerra tan larga que apenas duró 30 minutos y sirvió para que los ingleses se apoderaran la ciudad francesa. Ahora es uno de los pocos parques urbanos de la ciudad y en ocasiones es utilizado para hacer conciertos, con la llegada de las nevadas es el lugar favorito por los ciudadanos de Quebec para esquiar y jugar con la nieve. Además posee una exposición de cañones.

Durante la ruta nos enseñaron la zona de las facultades y el Parlamento que es uno de los edificios más impresionantes, finalmente aterrizamos en Place d'Armes situado en pleno corazón del Viejo Quebec y de ahí ya nos llevaron a nuestros hoteles, el nuestro era Hotel Universel, bastante lejos del centro histórico pero que lo compensaba con sus piscinas tropicales en las que me pegué un buen chapuzón antes de ir a dormir.

Al estar bastante lejos del centro y puesto que empezó a caer una tormenta veraniega bastante considerable, decidimos cenar en un restaurante que nos había aconsejado nuestra guía, nos había dicho que allí encontraríamos las hamburguesas más buenas de toda Canadá y... no se si será de toda Canadá, pero hasta la fecha es la hamburguesa más buena que he podido saborear, además de tener un tamaño gigantesco. El restaurante se llamaba Restaurant Chez Victor y estaba localizado en un edificio con forma de triángulo a escasos metros del Hotel.

Al día siguiente hicimos una pequeña excusión por la mañana que incluía el Cañón de Santa Ana, el Santuario de Santa Ana de Beaupré y las cataratas de Cataratas de Montmorency (las más altas de Quebec de 83 metros de altura). Había ganas de ver un poco de naturaleza en Canadá y el senderismo realizado por el cañón de Santa Ana era de agradecer.

Al mediodía, de vuelta a Quebec, comimos en el edificio emblema de la ciudad, el Hotel Châteu Frontenac, construido en el año 1892 y que reemplazaba el hogar de los gobernadores. Este gigantesco castillo fue construido por la compañía de trenes Canadian Pacific Railway para promover el turismo entre las familias más ricas de Canadá, ofreciéndoles alojamiento en cada punto en el que el tren paraba, no se yo si era buena idea sabiendo que con las nevadas de allí poco tren van a poder usar...

Al salir de Châteu Frontenac, (por cierto, excelente buffet, comí de maravilla), nos dejaron la tarde libre para visitar el centro histórico, lo primero que llamaba la atención era precisamente que los habitantes de la ciudad iban disfrazados de medievales pues justamente coincidíamos en fiestas locales, por lo tanto el contraste de casco antiguo medieval junto a las personas vestidas de la época era genial. También llamaba mucho la atención que allí la gente que mendigaban no eran mendigos tal cual, si no que todos te ofrecían algún tipo de espectáculo callejero, y es que Quebec es la cuna del Cirque du Soleil, que arte que tienen, te quedabas mirando lo que hacían con mucho gusto.

La mejor manera de ver el Viejo Quebec es callejear sus calles, todas son encantadoras, el centro histórico está dividido en dos partes, La Ciudad Alta (que está amurallada) y la Ciudad Baja, que se encuentran unidas por un funicular, pero sinceramente merece la pena bajar sus numerosos escalones para pasar de un lado a otro, además, así se hace un poco de deporte.

Si queréis hacer alguna compra, su calle principal es Rue du Petit-Champlain, una calle muy pintorescas llena de tiendecitas, fijaros bien en las casas, algunas tiene unas pinturas sobre la pared impresionante... También es recomendable pasear por Terrasse Dufferin, un paseo que comienza desde Châteu Frontenac, es bastante agradable, nosotros nos sentamos un rato a descansar allí, verás puestecitos de helados (si es verano claro), músicos urbanos tocando y además es un buen lugar para ver el río San Lorenzo y tomar alguna foto de Châteu Frontenac.

Llegaba ya la noche y era ya la última oportunidad de disfrutar de Quebec, y... ¿que mejor manera que ver el Cirque du Soleil? Nos comentaron que allí, los alumnos recién salidos del circo, realizaban un espectáculo al aire libre todas las noches de forma gratuita. Fuimos allí no esperando gran cosa debido a que esperábamos ver principiantes pero... todo lo contrario, fue un espectáculo impresionante, nunca había visto el Circo del Sol pero la gente allí presente que había estado en espectáculos de pago me comentaron que no tenían nada que envidiar, que eran increíblemente muy buenos.

De esta bonita manera despedí Quebec, con un precioso espectáculo que se me quedó grabado, en medio de una ciudad medieval con la gente vestida de la época... simplemente me quedé enamorado de Quebec...

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